Con la intención no basta

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No está en duda la actitud positiva de los ciudadanos europeos ante la llegada de quienes huyen de la guerra en Siria. Miles lo manifestaron en calles y estadios, cientos lo mostraron en centros de acogida y estaciones de ferrocarril. A poco más de un mes de la llegada masiva de quienes esperan encontrar una vida mejor en un ambiente pacífico, las dificultades residen en la actitud de los gobiernos nacionales y su falta de previsión.

El primer obstáculo es que ningún gobierno europeo consideró el tamaño de la mayor migración del siglo XXI, creyendo poder manejar sin problema a quienes llegaban a sus fronteras. Se conformaron con administrar el momento, pasando el problema a su vecino de la manera más expedita, reaccionando equivocadamente.

Más de cuatro millones de sirios han salido de su patria, de los que habrían llegado a Europa menos de la décima parte al inicio de la crisis. La mayoría aún se encuentra en los vecinos Líbano y Turquía, de donde partieron hacia Europa en cada vez mayor número. La noticia de que son bien recibidos ha sido aliciente para quienes dudaban de emigrar tan lejos.

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Los gobiernos de Alemania y Austria, cuyos ciudadanos se mostraron más favorables a dar refugio a quienes han llegado, ahora han endurecido sus fronteras para regular cuantos entran. Gobiernos como el húngaro que siempre estuvo reacio hacia los migrantes, no sólo ha devuelto a muchos sino ha dado mapas para que sigan su camino a través de Croacia y Eslovenia. Estos países que nunca imaginaron estar en las rutas de la migración fueron sorprendidos y han suspendido el servicio ferroviario.

Sigue sin haber una respuesta europea comprehensiva y completa al asunto. Las autoridades nacionales sólo reaccionan ante acontecimientos que maneja la prensa sin intentar solucionar entre todos las necesidades de vivienda, sustento y trabajo de quienes han abandonado su patria. Tampoco han hecho cosa alguna para terminar la guerra civil en Siria.

Aún si llegaran los 4 millones de sirios, la Unión Europea (UE) por supuesto tiene capacidad de albergarlos. Los Estados Unidos, un país con menos habitantes que la UE, tiene 25 millones de indocumentados (la mitad de ellos mexicanos) más millones de inmigrantes documentados. La diferencia es que los recibió silenciosamente, sin la publicidad de los medios. La propia Italia recibió ella sola el año pasado más de medio millones de migrantes, pocos reaccionaron y nadie protestó.

Sin embargo, la verdadera solución al problema de los inmigrantes vendrá de fuera de la UE: Estados Unidos y Rusia han acordado reunirse para encontrar la forma de pacificar a Siria. Un acuerdo no sólo evitará más pérdida de vidas sino evitará la emigración y motivará el retorno de miles, disminuyendo la presión sobre la UE.

Pero la solución al problema sirio no resolverá las contradicciones al interior de la UE. Si ésta realmente cree en la solidaridad, los gobiernos nacionales deben ponerla en práctica en sus políticas públicas y no sólo dejar que sus ciudadanos la muestren individualmente. También en México nuestro gobierno debe actuar conforme a los principios que apoyan los ciudadanos, como la lucha anticorrupción, sin demagogia.


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