Cambios en los partidos

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Termina una semana movida para los partidos políticos. En dos casos, entre las principales fuerzas, se presentaron renuncias, en tanto que en el instituto que resultó con los mejores resultados ya se oyen tambores de guerra interna. Podríamos estar en la antesala de nuevos reacomodos en la búsqueda de una mejor posición de cara a futuro o simplemente a un cambio de piezas para que todo siga igual.

Cambio o gatopardismo

El sistema de partidos en México es un medio muy dinámico. Los cambios en las cúpulas se suceden regularmente, además de los que se dan con el personal operativo. Esto se entiende en función de los plazos que tienen los dirigentes para encabezar a sus respectivos partidos –tres años y una reelección en la mayoría de los casos–, lo que provoca que los cambios sean la constante.

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         Por lo anterior, no es sorpresa que se anuncien nuevos movimientos luego de los resultados electorales, pues son estos los que determinan el éxito o fracaso de un partido político, lo que explica porque es el tema prioritario en sus agendas.

         Así, luego de los comicios del pasado 5 de junio, hemos visto ya cambios en el PRI y en el PRD. En el primero luego de no cumplir con el pronóstico de, al menos, obtener 9 victorias en las campañas a gobernador; en el segundo caso, por las dinámicas internas que privilegian más el enfrentamiento que el consenso.

         En otro escenario, en el azul, luego de los buenos resultados obtenidos se comienza a revelar algunos detalles de pugnas internas que preparan el terreno para una batalla por el 2018.

         Estos cambios abren la oportunidad para que se desaten las especulaciones acerca de quienes podrían entrar de relevo y que rumbo podrían tomar los partidos luego de las salidas de sus dirigentes o de los nuevos escenarios que enfrentarán tras la votación pasada.

         Pensar que el PRI pudiera cambiar radicalmente para transformarse en un verdadero partido que compita en igualdad de condiciones con sus adversarios, es pecar de ingenuidad, porque lo más probable es que veamos a una cara conocida al frente del tricolor con un discurso que busque superar la derrota de junio pasado, advirtiendo que retendrán las tres gubernaturas que están en juego en 2017.

         En el caso del sol azteca, previo a la unción del nuevo dirigente veremos enfrentamientos, declaraciones, advertencias y amenazas de las distintas tribus que lo conforman, para recurrir a un personaje conocido que se pronunciara por revivir al que fuera el partido más grande de la izquierda mexicana, para que regresen a la misma dinámica y sea un actor que se continúe diluyendo en el escenario político nacional.

         En el terreno blanquiazul, el resultado sorprendente –hasta para ellos mismos–, generará una batalla más abierta para ganar más posiciones de cara al 2018. Los bando están listos para luchar por quedarse con la candidatura presidencial dentro de dos años y esto podría provocar que los triunfos del pasado junio se conviertan en un nuevo lastre que confirme que en Acción Nacional no saben qué hacer con las victorias.

         En el resto de los partidos, las cosas se mantendrán igual porque lo suyo no es ser competitivos en materia electoral, sino en conseguir porcentajes de votación que les permitan seguir viviendo de las prerrogativas oficiales, con una escasa rendición de cuentas.

         Así, lo más probable es que haya cambios para que sigan igual muchas de las cosas que vemos en los partidos, los cuales volverán a sus dinámicas esperando la siguiente votación y aprovechando la próxima negociación en el legislativo, pues en algo tienen que entretenerse mientras empiezan las campañas el próximo año.

         Los relevos son, en esta perspectiva, una forma más de darle continuidad a dinámicas viciadas en el ámbito político electoral, en donde la innovación o la incorporación de nuevos actores es algo extraordinario.

         La idea de que los partidos sólo están para ganar elecciones, reduce en gran medida la posibilidad de que la vinculación con sectores sociales, el debate de propuestas, la educación cívica o los estudios de la realidad nacional desde la óptica ideológica de cada fuerza partidista se puedan incorporar a nuestra dinámica política.

         Si los partidos y sus militantes sólo están al pendiente de lo electoral y eso determina su permanencia o relevo, podemos esperar que el guión conocido se repita otra vez con los mismos resultados para quienes resulten ganadores o derrotados, porque la única novedad que hemos tenido en el pasado reciente es que las elecciones se han convertido en una rueda de la fortuna: algunas veces unos suben y otras bajan.

        

Del tintero

Y hablando de cambios, en el INE hubo varios en comunicación social. Luego del escándalo, las aguas volvieron a su cauce y es difícil saber que ha sucedido con las denuncias y los señalados. Se confirma que en el Instituto el contagio por la cercanía con los partidos se ha hecho una constante.

         Y en donde también se esperan cambios es en el gabinete presidencial, pero con las consideraciones que aplicamos a los partidos, el regreso de caras conocidas para que siga siendo un órgano ineficaz para resolver los problemas que tienen encomendados.

 

Twitter: @AReyesVigueras


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