Automóviles y planeación nacional

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Nuestra industria automotriz contribuye 3.6% del Producto Interno Bruto nacional y ocupa a casi 800mil trabajadores. En 2015, México fue el séptimo productor mundial de automóviles de pasajeros. La producción mundial de 79 millones de vehículos en 2015 ocupó a 12 millones de trabaja-dores en el mundo.

Con plantas en Aguascalientes, Estado de México, Morelos, Puebla, Chihuahua, Coahuila, Jalisco, Sonora y Nuevo León, entre otros. Se calcula que 3.2 será la producción total de vehículos en México en 2016 para llegar a 4.7 en 2020.

Luego de exportar más de dos terceras partes de nuestra producción a todo el mundo, principalmente a Estados Unidos, el resto se vende en México. Este simple hecho demuestra el rápido ascenso de escala social y del poder de compra de la población. Ocupadas en promover la inversión  extranjera en este sector, las autoridades no le han dado la  debida importancia a las repercusiones del exponencial aumento del parque vehicular en la Ciudad de México.

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Nadie, obviamente, tendría ni la autoridad ni la intención de limitar la venta de automóviles como sería en un arcaico régimen socialista, en el que sólo aquellos que comprobaran su función social estaban autorizados a comprar un auto. Limitar la producción de vehículos provocaría el despido de cientos de miles de empleados de la industria mexicana.

A la Ciudad de México le ha ganado la demografía. Falta de todo tipo de servicios urbanos, desde el agua potable y el drenaje hasta la seguridad más elemental en las calles y  los servicios de transporte público, como toda gran ciudad debe ofrecer. Por su parte, el crecimiento inusitado de los vehículos de todo tipo que circulan en la ciudad ha producido el gigantesco congestionamiento que se padece mientras que, por el contrario, la publicidad de la industria automotriz no deja de ofrecer todas las facilidades posibles con tal de vender más vehículos. Las grandes armadoras extranjeras instaladas en nuestro país no consideran las realidades de un tráfico de cinco millones de  vehículos que acaban cuajando el tránsito a veces por horas enteras. Para atender la situación, el gobierno capitalino agrupó todas las aristas del problema bajo el novedoso membrete de “movilidad”, creando  la  Secretaría respectiva.

La falta de planeación urbana, una de las facetas de la corrupción institucionalizada desde hace años, llevó a la ciudad a ser víctima del desorden generalizado. Empeora el  problema la carencia de un transporte público integrado, ampliado y renovado, lo que deja a una mayoría de  habitantes de la capital invirtiendo en transporte horas enteras de su día.

El congestionamiento de las calles y de las vías principales origina las dispendiosas pérdidas de  tiempo-trabajo, gasolina, sujetándonos a respirar contaminantes que agreden la salud de todos los citadinos sin excepción. Los problemas crecen sin control. Hay que prevenir, pues, a todas aquellas ciudades que están en crecimiento, que eviten la situación en la que ya se encuentra la capital de la República por falta de reglamentaciones indispensables. Es imprescindible que los  gobernadores y los presidentes municipales no caigan en la corrupción endémica que ha torpedeado desde siempre el progreso nacional.

El problema nos revierte a la urgencia de descentralizar las actividades nacionales, evitando concentraciones inmanejables como la de la Ciudad de México. El tema se extiende para tocar el de los polos de desarrollo en el país, de los que hemos hablado repetidamente como urgente necesidad y que son, en último término, la solución válida para realizar la capacidad de desarrollo regional del país, descentralizando las actividades en múltiples polos socioeconómicos.

Es curioso que la gran producción de automóviles que distingue mundialmente a México, debiendo constituir un factor de prosperidad, se convirtió, por falta de previsión y planeación oportuna, en el monstruoso problema que aqueja a los millones de habitantes del Valle de México.

Las únicas beneficiadas han resultado ser las armadoras, las agencias de automóviles y de publicidad y las financieras. Las víctimas acabamos atorados en el Periférico.


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