Indicador Político: Anson, el PSOE y el PRI

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En su columna del 9 de octubre pasado, el académico Luis María Anson recordó, a propósito de lo que está ocurriendo en el PSOE en el gobierno en funciones, aquellos días de comienzo de la transición en que Felipe González y Alfonso Guerra quisieron que el PSOE andaluz funcionara como el PRI mexicano: un aparato de distribución de beneficios con rendimiento electoral. Al final, el PSOE andaluz perdió el poder.

Hasta donde tuvimos información en México, el interés no era sólo del PSOE andaluz, sino del PSOE entonces nacional y ya en el poder. Un grupo de socialistas españoles llegó a México a indagar al PRI. Sin embargo, los mecanismos de lealtad electoral del PRI con sus militantes no fueron producto sólo del asistencialismo del gasto social desde la presidencia. El PRI fue un hecho histórico del desarrollo político de México desde la Constitución de 1917 y no se basó sólo en el intercambio de favores: beneficios sociales a cambio de votos.

El PRI nació desde el seno de tres hechos políticos clave que definieron a México como sistema político en la primera mitad del siglo XX: el poder de los jefes revolucionarios militares, la Constitución de 1917 y la presidencia de la república con la titularidad del Estado. Es decir, el PRI emergió –ya fuera asumido como hijo concebido o como el monstruo de Alien– de las entrañas del poder revolucionario que controlaba la totalidad de las relaciones sociales –como lo señaló en 1976 el escritor y ensayista marxista José Revueltas–; así, Estado, élites revolucionarias y partido constituyeron la Trinidad del poder político mexicano de 1910 a 2000.

El PRI fue producto del desarrollo dialéctico de las relaciones sociales, de las contradicciones ideológicas en las élites revolucionarias y de la dinámica de la lucha de clases. De 1910 a 1928, la dirección política la tuvieron los militares y los liderazgos se asumían a punta de balazos; la institucionalización constitucionalista no pudo poner orden en la disputa por el poder. El general Alvaro Obregón, uno de los míticos jefes revolucionarios de la lucha armada, como expresidente modificó la Constitucion vía el presidente Elías Calles en 1927 para regresar la reelección que la misma revolución había derogado para impedir otro Porfirio Díaz, quien asumió el poder en 1876 y fue obligado a renunciar en 1911.

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El asesinato de Obregón en 1928 como presidente electo puso a México en la orilla del abismo de otra guerra civil. El genio político del general y presidente Plutarco Elías Calles encontró una salida: liquidar cacicazgos militares revolucionarios, construir al presidente de la república como el vértice del poder y regular el reparto de posiciones a través de un partido nacido desde el Estado, el poder en funciones y el propio presidente Elías Calles. La justificación de cumplir con las metas sociales de la revolución llegaría después.

El PRI nació en 1929 como Partido Nacional Revolucionario con enfoques similares al Partido Socialista de Benito Mussolini: el corporativismo social. Y controló la crisis provocada por el asesinato de Obregón. Como hombre fuerte de la revolución Elías Calles impuso al interino, al constitucional en 1930, a otro interino en 1932 ante la renuncia del presidente y al candidato oficial de 1934, el general Lázaro Cárdenas. Y quiso ser el poder tras el trono. Sin embargo, Cárdenas lo exilió en 1936 porque el poder lo ejercía el presidente en turno.

Días después de la expropiación del petróleo en 1938, Cárdenas percibió intentos de petroleras extranjeras por financiar una contrarrevolución y dio el paso de transformar el PNR en el Partido de la Revolución Mexicana y lo dotó de su estructura que controló las clases hasta el 2000: organizó a las clases productivas como corporaciones únicas del gobierno y del Estado a los obreros, los campesinos y los profesionistas y clases medias. Estas corporaciones fueron el instrumento de control y de fuerza del Estado y del presidente. Con este tipo de partido y esta estructura de control de clases productivas, el presidencialismo se quedó como la principal fuerza del Estado: el partido como brazo político del presidente.

El programa ideológico socialista-sin-proletariado de Cárdenas fue lobotomizado por el presidente Miguel Alemán en su campaña de 1946, la trasformación del PRM en Partido Revolucionario Institucional en enero de 1946 y las grandes definiciones su primer año de gobierno en 1947: México pasó del capitalismo monopolista de Estado con ideología socialista-sin-proletariado en el poder a un modelo capitalista empresarial administrado por el Estado. Alemán creó el modelo de legitimidad con la reforma al artículo 3 de la Constitucion para borrar la “educación socialista” que había introducido Cárdenas y para incluir una definición de democracia: no sólo régimen jurídico y político, sino el bienestar de los mexicanos. La sociedad con el PRI prefirió el bienestar a la democracia, lo que le dio al partido del Estado la legitimidad para un sistema político autoritario con partido dominante.

De 1946 a 1982, el PRI promovió el crecimiento económico sin necesidad de democracia. A su favor tuvo otro dato que suele olvidarse: desde 1917 a 1990, el Estado-gobierno-PRI controlaba las elecciones, administraba el dinero presupuestal público y usaba la fiscalía nacional para someter a la oposición. En 1982 estalló la peor crisis económica, el relevo en la presidencia pasó de los políticos a los economistas tecnócratas y el país fue sometido a un ajuste de modelo económico neoliberal de mercado: ya no se podía subsidiar al 75% de los mexicanos que vivía del dinero público, la atención bajó al 20% de los más pobres y el sistema priísta ya no pudo garantizar el bienestar; ahí nació el nuevo impulso de la democracia que llevó a la derrota presidencial del PRI en el 2000.

En 1988 el cardenismo se separó del PRI, fundó el Partido de la Revolución Democrática y en 2014 se escindió López Obrador para fundar su partido Morena. Cárdenas y López Obrador se llevaron del PRI el modelo de asistencialismo electoral: gasto social a cambio de votos, pero se olvidó que el PRI también construyó un modelo de desarrollo general. De 1997 al 2018, los mexicanos han votado al perredismo-morenismo sólo por los beneficios directos, olvidándose el PRI, el PRD y el partido Morena de que ese populismo era apenas una parte del modelo de desarrollo del PRI.

El modelo priísta-perredista-morenista de comprar votos a cambio de asignaciones directas dura en tanto esos gobiernos populistas tengan dinero y hasta el punto en que los subsidiados sean más que los productivos.

El próximo domingo contaré el fracaso del populismo mexicano.

indicadorpolitico.mx

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@carlosramirezh

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