El motor económico que sostiene a millones de familias mexicanas muestra señales encontradas. De acuerdo con el más reciente reporte de la firma TResearch, basado en datos oficiales del Banco de México (Banxico), el país acumuló un total de 25,287 millones de dólares en remesas durante los primeros cinco meses de 2026. Aunque el flujo de divisas enviado por los connacionales en el extranjero sigue siendo masivo, la pérdida de poder adquisitivo de estos recursos frente al salario mínimo marca un cambio drástico en la economía popular mexicana.
El dinamismo de estos recursos tuvo un repunte importante en mayo de 2026, mes en el que ingresaron 5,611 millones de dólares. Esta cifra supera los 4,978 millones captados el mes previo y mantiene la tendencia por encima de los niveles previos a la crisis sanitaria de 2020. En lo que va del sexenio de la presidenta Claudia Sheinbaum, el acumulado histórico ya alcanza los 103,450 millones de dólares, consolidándose como un pilar macroeconómico indispensable para la actual administración.
Sin embargo, el dato que ha encendido las alarmas entre analistas políticos y económicos es el «poder de envío». A pesar de que el promedio por cada transferencia individual subió a 401 dólares en 2026 —una cifra mayor a los 396 dólares registrados en 2025 y los 393 dólares de 2024—, su equivalencia real en el mercado interno se ha desplomado. Actualmente, cada envío promedio de remesas equivale a apenas 0.9 salarios mínimos vigentes en México. La pérdida de terreno es evidente si se compara con el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, periodo en el que cada transferencia equivalía en promedio a 1.6 salarios mínimos.
Esta reducción del impacto real de los dólares en los bolsillos familiares se explica por la combinación del fortalecimiento de las políticas de salario mínimo en territorio nacional y los movimientos en el tipo de cambio. Mientras que el dinero rinde menos internamente para cubrir la canasta básica, los migrantes se ven obligados a realizar un esfuerzo mayor para que sus familias mantengan el mismo nivel de vida.
La perspectiva histórica que ofrece el reporte muestra que el flujo de remesas experimentó una contracción del 5% al cierre de 2025, ubicándose en 61,777 millones de dólares, luego de haber tocado su techo histórico en 2024 con 64,746 millones de dólares. El comportamiento de los próximos meses será crucial para determinar si la tendencia a la baja del año anterior se revierte por completo o si el flujo se estabiliza.
Para el público interesado en la política y las finanzas del país, este fenómeno pone el dedo sobre la llaga de la dependencia económica. Las remesas salvan la balanza de pagos y sostienen el consumo, pero el menor rendimiento real por envío respecto al salario mínimo plantea un reto mayúsculo para el bienestar social y la narrativa de soberanía económica del gobierno federal.





















