viernes, abril 24, 2026
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Off the Record: Olinia, el Auto que se Apagó

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En redes sociales ya hasta le pusieron apodo al “auto eléctrico mexicano de 90 mil pesos”: el “carrito de la promesa imposible”. Lo que empezó como un anuncio de un proyecto patriótico, ambiental y barato para las familias, terminó como otro meme en la mala racha de proyectos que se venden con bombo y platillo, pero que después se cancelan sin mucho aviso. Olinia, la marca que presumía que traería tecnología eléctrica accesible al país, confirmó que suspende el desarrollo del modelo que se anunció como un sedán urbano con un precio fantasma de 90 mil pesos, y eso encendió toda la caja de comentarios en X, Facebook e Instagram.

Versiones que circulan en redes hablan de “proyecto chafa”, de “mega engaña‑engaña verde” y de “discursos que no cuadran con la realidad”. Varios usuarios aseguran, sin que nadie lo confirme, que el precio de 90 mil pesos nunca fue técnico, sino propaganda pura: un número de WhatsApp, un número de “vendedor desesperado por vender historia, no producto”. En los hilos, se repite una y otra vez la misma idea: “primero nos vendieron el auto del pueblo, ahora nos dicen que no se puede”, y muchos lo ven como otra muestra de que el gobierno federal es muy bueno con el discurso, pero no tanto con la ejecución.

En esos mismos hilos, algunos usuarios especulan que el proyecto no resistió los números: componentes importados, baterías caras, costos de ensamble y certificaciones le habrían destrozado el precio prometido. Otros comentan, sin pruebas verificadas, que la empresa se quedó sin inversión pública real, puros compromisos de palabra, y que al primer bache técnico y político decidieron echar tierra encima. Hay quien apunta, incluso, que el gobierno federal se quedó con el nombre “Olinia” y la imagen de “auto eléctrico mexicano”, pero sin obligarse a sostenerlo cuando el proyecto se complicó.

Las reacciones en redes se dividen entre el hartazgo y la burla. “Otro avioncito que se estrella en la pista”, “más discursos y menos autos”, “los mismos de siempre prometiendo futuro y vendiendo humo” son frases que se repiten en comentarios largos, con decenas de reacciones. También hay quienes intentan defender la intención del proyecto, pero reconocen que el precio de 90 mil pesos sonaba a “pollo de 700 gramos a 20 pesos”: demasiado bonito para ser cierto. En estos mismos hilos circulan suposiciones de que el gobierno usó a Olinia como cartón‑piedra para apantallar el resto de la industria automotriz, sin plan detallado; afirmaciones que no están confirmadas, pero que se repiten tanto que ya parecen leyenda urbana en formato tweet.

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En Off the Record, todo esto se queda en el terreno de lo que dice la gente, lo que traen los trascendidos y lo que se comenta en los hilos: rumores, sospechas, versiones, pero también una corriente clara de desconfianza hacia proyectos que se venden como milagros y que luego se desvanecen. Lo único que sí sabemos es que, por ahora, el “auto eléctrico mexicano de 90 mil pesos” ya no existe, y que en redes sociales se ha convertido menos en un producto y más en un símbolo incómodo: el de un discurso que no aguanta el peso de la realidad.

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