Parece que el guion de Abelina López nunca se cansa: de nuevo las cámaras la atrapan en el escenario de la corrupción, pero esta vez con un decorado especialmente grotesco: dos millones de pesos destinados a niñas víctimas de violencia sexual y trata que se “desaparecen” como si fueran humo. La alcaldesa de Acapulco, que ya se ha acostumbrado a que la fiscalía la tenga en el mapa por un collar de 227 mil pesos y por presuntos desvíos de recursos post‑huracán Otis, ahora vuelve a la escena con un nuevo episodio: el robo – o presunto desfalco – de un camión lleno de cobijas, colchones, estufas y aire acondicionado que Reinserta, el DIF Acapulco y el albergue “Villa de Niñas” esperaban para sacar a las menores de la miseria.
La guionista de esta función es Saskia Niño de Rivera, quien denunció que la donación de más de 2 millones de pesos destinados a refugiar a niñas en condiciones infrahumanas terminó en el limbo de la impunidad. Según la activista, el camión fue robado justo en Acapulco, con toda la carga valuada en el monto de los donativos, y ya solo han recuperado parte de lo que cargaba, y en uso. Lo más llamativo no es solo el monto ni el destino compasivo de los bienes, sino que, literalmente, de la alcaldía y del DIF le habrían presionado a Saskia para que bajara la denuncia. Eso, caro lector, huele menos a gestión municipal y más a coacción detrás de la cortina.
Abelina, por su parte, sigue fiel al guion autorrepresentado: mantiene que no sabe nada de irregularidades, blinda su imagen y, como en actos anteriores, acusa a quienes la señalan de violencia política de género. Una figura que se ha acostumbrado a ver auditorías, fiscalías y denuncias mediáticas como atentados machistas, y no como controles legales. Mientras tanto, la Fiscalía Anticorrupción de Guerrero ya la tiene en el centro de investigaciones por cohecho y otros desvíos, y el caso de los dos millones de pesos para niñas ofrece un nuevo plano para el guion: ¿son simples malversaciones aisladas o un patrón de corrupción institucionalizada en la alcaldía acapulqueña?
La ironía es que el personaje de Abelina quiere ser vista como la heroína de la pobreza, pero sus actos se parecen más a la banda de villanos que se quedan con lo más indispensable de los más vulnerables. Y aunque el público puede reírse o indignarse, el problema es que, en el escenario real, las víctimas no son personajes de ficción: son niñas que siguen durmiendo en el piso, sin luz ni agua, mientras los responsables se escudan en la política de la lágrima y en el discurso de la víctima política.





















