Todo está dicho. La acción militar norteamericana contra algún cártel en México puede llegar en cualquier momento para sorpresa de nadie. Por eso la enaltecida “cabeza fría” cedió su lugar al botepronto;no quieren que haya lugar a dudas y la Presidenta fija posición desde antes del golpe que no puede evitar o, para ser más preciso, que depende absolutamente de la voluntad de otro que ha dicho reiteradamente que va a suceder y que, a estas alturas, resulta inminente.
Que desde ahora quede claro que será sin permiso, que condenarán la operación y que el gobierno mexicano no tendrá responsabilidad en el ataque… para después pasar a la renegociación del T-MEC como si nada hubiera pasado.
Las señales no pueden ser más claras. Estados Unidos y doce países latinoamericanos conformaron el Escudo de las Américas, en la lógica del protectorado anunciado por la superpotencia con la “Doctrina Donroe”; sin embargo, establecieron que su enemigo principal no viene de fuera sino que se encuentra dentro del Continente: el crimen organizado.
Invitaron solo a los mandatarios ideológicamente afines al presidente norteamericano, es verdad, y por lo mismo hubo otras ausencias relevantes como las de Gustavo Petro y Lula da Silva, pero la de Claudia Sheinbaum se cuece aparte porque México fue mencionado de manera relevante por Donald Trump, calificándolo de “epicentro de la violencia”. No solo eso, inmediatamente después de declarar su simpatía por ella y alabar su voz, vino la corrosiva burla de arremedarla con tono chillónen su negativa de aceptar acciones militares norteamericanas para erradicar a los cárteles: “please, please, please”; concluyendo que, de cualquier modo, se llevarán a cabo.
Sheinbaum había eludido responder de manera directalas puyas de su homólogo norteamericano en discursos y redes sociales, lo cual le valió el reconocimiento de no pocos, e incluso de la prensa internacional, que vieron en esa actitud la templanza e inteligencia necesarias para lidiar con el rudo personaje imperial. Eso se terminó o, al menos, entró en pausa.
Es verdad que la “serenidad y paciencia” se acompañaron por históricas concesiones a las demandas del poderoso vecino, entre ellas los aranceles a productos chinos, la entrega de 92 capos sin juicios de extradición, los sobrevuelos de la CIA y la colaboración de inteligencia para definir golpes certeros contra laboratorios clandestinos, cargamentos de huachicol fiscal y líderes criminales como el reciente dado alMencho; pero, de cualquiera manera, cambió la estrategia de comunicación frente a Trump, optando por la contestación inmediata.
Subir el tono sin romper ni arriesgar el T-MEC. Tiene sus riesgos, pero puede caminar porque a ambos conviene. No sería raro que ya esté platicado desde las cancillerías y lo que vemos es el cumplimiento del papel de cada uno, atendiendo a su base electoral.
Sheinbaum respondió al desplante de imitarla en la cumbre, manifestando su orgullo por negarse a la oferta de Trump, quien a su vez compartió el post de un usuario que le recrimina a la Presidenta sus dichos por considerar que comprueban el “narco-gobierno”. Luego la mexicana alegó que no estaba bien informado de la cooperación su homólogo y éste reviró reiterando por enésima vez que los cárteles gobiernan México; y así…
En ese contexto reaparece López Obrador para convocar alrespaldo económico a la dictadura cubana que, curiosamente, acaba de informar de sus negociaciones con la administración Trump. El Embajador de Estados Unidos en México, Ron Johnson, contestó al ex presidente señalando que al pueblo de Cuba se le ayuda empoderándolo, no apuntalando al régimen que lo oprime. Tras esa reacción diplomática al tuit de AMLO, Sheinbaum dio un paso atrás y se esmeró en ser conciliadora, siendo que un día antes había llamado “locos” a quienes cuestionaron a su antecesor. La Isla no estaba en el script.
El nerviosismo en Palenque se entiende, pues el escalamiento militar en la lucha contra los cárteles puede dejar al descubierto las redes de complicidad política con el crimen e involucrar a su gobierno. Se envuelve en la roída bandera de la revolución cubana para blindarse con nacionalismo. ¿Le alcanzará?




































