3er. informe: penurias sociales y engaños de un Presidente

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Si hubiera disposición no sólo de investigadores económicos y sociales, sino también de filólogos, redactores y expertos en el uso del lenguaje, el análisis del tercer informe del Presidente Peña Nieto resultaría inmenso sobre esas formas, giros y estructura en el que las palabras se pueden acomodar para tratar de sobreponer una idea de avance y éxito, ante la inexorable realidad: un gobierno que fracasó a la mitad del sexenio, y al que los datos duros, la estadísticas en conjunto de las mismas fuentes que el Presidente refirió, desmienten en los hechos.

Peña Nieto utilizó un lenguaje engañoso al leer su tercer informe; reiteró verdades a medias y descontextualizó reportes de varios organismos; entresacó las líneas delgadas de las gruesas y recicló propuestas del año pasado para conformar un decálogo de compromisos para la segunda mitad de su gobierno que también navegan en las generalidades. Sin ir al mea culpa verdadero, reconoció los hechos que detonaron la irritación social y la pérdida de confianza y credibilidad de la ciudadanía en su administración; pero no se mueve de la línea de impunidad que lo contradice, que permanentemente lo niega en el discurso de la legalidad, la transparencia y el combate a la corrupción.

Es engañosa también su disculpa, porque no se somete realmente al imperio de la ley, del Congreso o de los jueces, para valorar el daño de lo hecho, porque sólo se disculpa aquel que ha cometido una falta o un agravio. Lo más delicado es que su impunidad, es el manto protector en el que se envuelve la corrupción política de gobernadores y legisladores; su debilidad es el mejor escenario en el que se nutre el pacto de impunidad. A lo más que llegó fue revivir la Secretaría de la Función Pública para designar al titular que investigaría “el posible conflicto de interés” en la adquisición de sus propiedades, y con desfachatez de antología el subordinado lo exoneró de toda responsabilidad.

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Pero el colapso del gobierno es tan grande que el lenguaje engañoso, engañó a muy pocos, o algunos se dejaron engañar.

El apunte principal es su profunda debilidad. Cuando un Presidente de la República – que hasta hace un año y medio se promovía en el mundo como “El Salvador de México” -, recurre al lenguaje ambiguo, a la descontextualización de estadísticas y al engaño, lo que muestra es su precariedad ética, su falta de contextura moral, su demolición política. Por ello, sostengo, el gobierno de Peña Nieto se volvió cínico y decidió continuar el resto del sexenio bajo su misma lógica, sin rectificación mayor, ni antecedente importante que ataje la corrupción y la impunidad. Hubo un momento en que llegó a creerse que se trataba de una imposiblidad intelectual, esculpida con paciencia su fama de inculto; ese momento lo rubricó The Economist al afirmar que el Presidente mexicano “no entiende que no entiende”.

Del arcón de cinismos de la cultura priísta, el Presidente asegura que México camina por la ruta correcta, el gobierno tiene avances considerables en materia económica, social y política. Las reformas del Pacto por México de nuevo son llevadas y traídas como logros históricos. Se atreve a decir, ya sin rubor por las palabras, que México es un país en paz. A cada frase de ese país maravilloso que la retórica presidencial describe, hay un marrazo en la cabeza para todos los mexicanos.

De acuerdo a las cifras del propio Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, de 2013 a julio de 2015 ha habido 43,585 homicidios dolosos, más que los que se presentaron en los primeros tres años del gobierno anterior. El Ejecutivo se ufana diciendo que el INEGI informó que en 2014 el número de homicidios disminuyó 24.3% en comparación con 2012, pero no mencionó que de acuerdo al Informe de víctimas de homicidio, secuestro y extorsión 2014 y a junio de 2015 del Secretariado Ejecutivo, de enero a julio de 2015 la cifra de homicidios es 2.38% mayor que la cifra de homicidios registrada en el mismo período de 2014; es decir, la cifra va a la alza, esto haciendo referencia únicamente a las cifras oficiales.

Pero hay un ejecutómetro que no ha desaparecido en el conjunto de los medios de comunicación que dejaron de contar los muertos de Peña, como lo hacían de los muertos de Calderón: el Semanario Zeta sigue documentando puntualmente las bajas de la violencia criminal. En los primeros 32 meses de gobierno de EPN ha habido 57 mil 410 homicidios dolosos y puntualiza “De 2010 a octubre de 2012, el último trienio de Calderón, se contabilizaron 61 mil 775 asesinatos relacionados con el crimen organizado y el narcotráfico. Durante los 32 meses de Peña, de diciembre de 2012 a julio de 2015, los muertos han caído por cientos hasta llegar a 57 mil 410; si se considera el promedio de mil 800 homicidios dolosos por mes, para octubre de 2015 sumarán 62 mil 810 los ejecutados, y para diciembre se situaría en 66 mil, sobrepasando la cifra acumulada en el último trienio de su antecesor” ¿Realmente vivimos en un México menos violento?

A las escalofriantes cifras mencionadas sumemos otro dato alarmante: los desaparecidos que, de acuerdo al reporte oficial de la Secretaría de Gobernación y la Procuraduría General de la República, asciende a 25 mil 230 personas al año 2014, de las cuales 24 mil 812 corresponden al fuero común y 418 al fuero federal. Cabe mencionar que dicho reporte señala como las entidades con mayor número de desapariciones del fuero común a Tamaulipas con 5 mil 392 casos; Jalisco con 2 mil184; Nuevo León con mil 947; Estado de México con mil 945; Chihuahua con mil 540; Sinaloa con mil 536 y Coahuila con mil 413.

Ahora bien, las entidades con mayor número de desaparecidos del fuero federal son Guerrero con 109 reportes; Tamaulipas con 82; Veracruz con 63; Distrito Federal con 36; Estado de México con 18; Coahuila con 16 y Chihuahua con 15.

Apenas al inicio de este año la Organización de las Naciones Unidas señaló que México vive en un contexto de “desapariciones generalizadas en gran parte del territorio […], muchas de las cuales podrían calificarse como desapariciones forzadas”, el organismo internacional apuntó que los 43 estudiantes sometidos a desaparición forzada en Guerrero son una muestra de los grandes desafíos que enfrenta el Estado en la materia.

Amnistía Internacional, por su parte, ha criticado en innumerables ocasiones la omisión del Estado mexicano ante las recomendaciones de organismos internacionales y ha denunciado que en nuestro país “las desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales y torturas en el contexto de la delincuencia violenta son algo común y la impunidad por violaciones de derechos humanos y delitos comunes, la norma”.

Peña señaló en su informe que los derechos humanos “ocupan un lugar central en la agenda de temas estratégicos” pero la realidad contrasta una vez más con su discurso, como muestra bastan algunos ejemplos como Ayotzinapa, Tlatlaya, Apatzingán, Ecuandureo.  Recordemos también el informe de Juan E. Méndez,  relator especial de la ONU, en el que subraya que en nuestro país la tortura es una práctica generalizada y que ocurre en un contexto de impunidad, lo que se convierte en un aliciente para su agravamiento y repetición. La misma Amnistía Internacional ha advertido este año que México se encuentra ante “la más grave crisis de derechos humanos en la historia reciente, que ha resultado en miles de personas muertas o desaparecidas”.

En el rubro de la libertad de expresión no hay mucho que celebrar porque la violencia contra la prensa sigue siendo sistemática y generalizada, de acuerdo a la organización Artículo 19, 16 periodistas han sido asesinados y 3 desaparecidos en el sexenio de Peña Nieto. La organización ha documentado 227 agresiones contra la prensa en el primer semestre de 2015, 39.26% más que las registradas en el mismo período el año pasado.

Si el rubro es el combate a la pobreza, el fracaso es similar.   En su reporte “Medición de Pobreza 2014”, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) informó que entre 2012 y 2014 la población en pobreza se elevó en dos millones, de 53.3 a 55.3 millones de personas, mientras que el porcentaje de pobreza extrema bajó sólo .3% de 9.8 a 9.5 por ciento.

La población con carencia alimentaria pasó de 27.4 a 28 millones y quienes carecen de acceso a los servicios básicos en la vivienda pasaron de 24.9 a 25.4 millones.

Uno de los factores que impactó de manera directa y tuvo un efecto negativo en el aumento de la pobreza fue el ingreso promedio de los mexicanos; entre 2012 y 2014 el poder de compra de las familias se redujo en 3.5%. El CONEVAL también advirtió que hubo un aumento en la desigualdad.

Este indicador concuerda con el informe “Concentración del Poder económico y político de Oxfam México, que destaca que nuestro país está inmerso en un círculo vicioso de desigualdad, falta de crecimiento económico y pobreza.

En cuanto a los estados, ocho entidades presentaron un aumento no sólo de la pobreza, sino de la pobreza extrema, tal es el caso de Morelos, Veracruz, Oaxaca, Estado de México, Sinaloa, Coahuila, Hidalgo y Baja California Sur.

A las penurias sociales, se agrega el pésimo manejo de la economía, con características de desastre. No estamos creciendo como se había prometido, ni aún con la nociva reforma fiscal que aumentó los impuestos.

La deuda del gobierno federal ha crecido exponencialmente, asimismo la de los estados, de acuerdo a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, al cierre del primer trimestre de este año, la deuda total de los estados y los municipios ascendió a 510 mil 030 millones de pesos, 340 millones de pesos más que en 2014.  Cabe mencionar que 10 estados acaparan tres cuartas partes del total de la deuda: Distrito Federal, Nuevo León, Veracruz, Chihuahua, Estado de México, Coahuila, Jalisco, Quintana Roo, Sonora y Chiapas.

En agosto la Junta de Gobierno del Banco de México estimó que la economía crecerá entre 1.7 y 2.5 por ciento este año, con lo que se redujo una vez más, por cuarta ocasión, la previsión del Producto Interno Bruto 2015 que se había estimado entre un 2 a 3%, con esta noticia especialistas han señalado que el país difícilmente podrá crecer más de 2.5% este año.

Bajo este panorama se esperaría que el Gobierno Federal ejerciera de manera responsable el presupuesto, sin embargo Fundar Centro de Análisis e Investigación, junto con Artículo 19 han señalado que en este Gobierno el rubro de publicidad oficial ha representado “un derroche de recursos públicos que, sin reglas, beneficia a unos cuantos y obstaculiza la libertad informativa”. Además ha servido para ejercer un control sobre una buena parte de los medios, donde los problemas económicos y los asuntos de corrupción de la casa presidencial no existen.

Ambas organizaciones documentan con precisión en su informe “Libertad de expresión en venta”, que en 2013, 27 entidades federativas gastaron 5 mil 639 millones de pesos en publicidad, esta cantidad se eleva a 13 mil 640 millones de pesos si sumamos los gastos federales de dicho año.

Ahora bien, en sus dos primeros años de gobierno, Peña Nieto gastó 14 mil 663 millones de pesos en este rubro; “nunca un presidente había gastado tal cantidad en sus primeros años”, señala el informe que además observa que dicho presupuesto se ha ejercido de manera opaca y discrecional. En 2014 el gasto fue de 7 mil 052 millones de pesos, de los cuales el 29.99% se destinó a publicidad de televisión.

Los estados con mayor gasto en publicidad oficial corresponde a las entidades de Coahuila, Nuevo León y Chihuahua, cada uno con gastos superiores a 500 millones de pesos; por si no fuera suficiente, gastan más recursos de los que originalmente presupuestan. Lo mismo ocurrió en Gobierno Federal, que en 2013 gastó 48.85% más que los recursos presupuestados y en 2014, 26%.

Son estos tan solo algunos datos de la realidad que impera en el país, de esa de la que el Presidente no habló en Palacio Nacional, en esa ceremonia que nos recordó el boato del día del Presidente, rodeado de aplaudidores y lisongeros.

Apenas hace un mes se dio a conocer que entre 2008 y 2014 México ha descendido 31 lugares en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional; no es difícil encontrar la explicación. El gobierno de Peña Nieto pasó del espejismo de las reformas, a la corrupción y al fracaso. Ahora está instalado en la desvergüenza plena; por eso no se tocan el corazón para mentir y engañar.


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