En Morena andan con la manía de esconder la realidad detrás de sonrisas forzadas y frases de manual. Citlalli Hernández sale a decir que no hubo rupturas en la designación de coordinadores, esos que en la práctica ya son los candidatos para el 2027. Todo muy hermoso, muy de “aquí nadie sobra”. Pero basta ver lo que pasó ayer en el World Trade Center para darse cuenta de que la unidad se está sosteniendo con alfileres y un buen par de negaciones.
Empecemos por Baja California Sur. Designan a Manuel Cota, del Verde, y Milena Quiroga, la alcaldesa con licencia de La Paz, ni siquiera se presenta. Se va del salón con sus gente y pide revisión técnica de las encuestas. ¿Eso es unidad o un “ahí se ven”? Mismo cuento en Chihuahua: Andrea Chávez, que venía fuerte, termina escatimando el apoyo a Cruz Pérez Cuéllar. No se fue del todo, pero tampoco se puso la camiseta con ganas. Y en Nuevo León, Tatiana Clouthier ni siquiera se atrevió a respaldar de frente a Clara Luz Flores. Cuando le preguntaron, se fue por la tangente: “Yo respaldo el proyecto de la doctora Sheinbaum”. Ni sí ni no, puro “allá ella”.
En Tlaxcala la cosa se puso más clara. El equipo de Alfonso Sánchez García, el favorito de la gobernadora Lorena Cuéllar, literalmente huyó del WTC cuando se enteró de que Ana Lilia Rivera se llevaba la coordinación. Ni siquiera se quedaron a hacer el papelito de la foto. Y eso sólo fue ayer. Antes, en Quintana Roo, Marybel Villegas ya había soltado el clavo: denunció encuesta amañada, dijo que los números no resistían una revisión seria y que si no se recomponía el proceso habría rompimientos.
La dirigencia insiste en que todo está bajo control, que las encuestas mandan y que el pueblo pone y el pueblo quita. Pero cada vez que alguien pierde, aparece el mismo guion: se va, pide revisión, escatima el apoyo o se hace el loco. La unidad se proclama a gritos, pero se practica a regañadientes. Y mientras tanto, el partido sigue vendiendo la película de que no hay grietas, solo “discusiones internas”.
Al final, el problema no es que haya perdedores. El problema es que pretenden que nadie se dé cuenta de que los están dejando tirados en el camino. Y en política, como en la vida, lo que se esconde debajo de la alfombra tarde o temprano se tropieza.



















