martes, marzo 17, 2026
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Tragedia y vergüenza

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La Organización de los Estados Americanos (OEA) dictaminó que “La elección judicial en México no cubre los estándares internacionales que garanticen la independencia, eficiencia, imparcialidad y transparencia del Poder Judicial, y que todos los protocolos internacionales fueron violados”.

Como fue una resolución preliminar es de esperarse que la sentencia definitiva sea más dura y contundente; pero el gobierno de México, como acostumbra, se envolvió en la Bandera Nacional y acusó a la OEA de violar nuestra soberanía y bla, bla, bla.

Los cuatroteros ya no saben cómo tapar la podredumbre que brota a borbollones en todo lo que tocan. Si del Poder Judicial hablamos, son constantes los espectáculos grotescos que nos regalan algunos jueces, magistrados y ministros sobre sus acuerdos, desacuerdos, desplantes y resoluciones.

Si nos referimos, por ejemplo, al ministro presidente, constatamos que lo más relevante de su currículum es haber pasado de ser acomedido achichincle del subcomediante Marcos a secuaz de Tartufo, dedicado a recoger huellas de callosas manos campesinas para validar el mayor destrozo causado a la Sierra Lacandona; y de ahí, a presidir la Corte. Son dos sus grandes decisiones como presidente autóctono: contemplar a una mujer humillada limpiándole los zapatos, y hacer una Corte nómada para una “justicia” trashumante. Ya reunió a miles de pobres para notificarles, en su propia comunidad, una sentencia a su favor. ¿Hará lo mismo cuando la resolución sea contraria a la multitud? ¿Tendrá valor para hacerlo? Lo cierto es que no resultó suficiente lo “humilde y originario” para desempeñar eficazmente tan alta responsabilidad. Los acordeones fabricados en Palenque no generan aptitud.

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Otro caso espeluznante es el de María Estela Ríos. Lo destacado de su historia es haber sido consejera jurídica de su bienamado Tartufo en el Distrito Federal, y después, con el mismo cargo, cuando ese pelafustán fue presidente de México. Con decirle a usted que ya superó a Lenia Batres (la ministra del pueblo) y a Loretta Ortíz; quienes, por cierto, ni juntas ni separadas las tres pueden leer, al menos, lo que les escriben sus secretarios de estudio y cuenta.

Pues resulta que la egregia ministra María Estela Rios, en sesión de Pleno y sin ser tema a debate, espetó algo verdaderamente abominable: “que a los nacidos in vitro tal vez no debemos considerarlos parte de la familia”.

Yo simplemente me sumé a la indignación general causada parafraseando un antiguo y chusco epigrama:

Se disfrazó una ministra/ de burra en el carnaval/ y quedó desconcertada/ porque aunque iba disfrazada/ todos le decían igual:/ unos, adiós Mariquita/ y otros, adiós animal.

Aunque me acusen de racista, misógino y desgarrador de investiduras: Lo que Natura no les dio, la Corte no puede prestarles.

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