Taddei se bajó del caballo

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Pues ya se bajó del caballo. Guadalupe Taddei, la que hasta hace unos días gritaba “no me voy” con esa cara de “aquí mando yo y punto”, ahora presenta su renuncia ante la Cámara de Diputados. Del “no vamos a claudicar” al “después de una profunda reflexión… me voy”. Qué rápido se le acabó el aire a la soberbia.

Resulta que los videos y audios no eran “montajes” ni “versiones sin contexto”. Aparece ella bien a gusto con José Alfredo Hernández Casillas, el proveedor de mamparas, urnas y lo que se ofrezca, ese que en 2024 se llevó casi 200 millones de pesos del INE. El mismo que aparece en París, en hotel de lujo, brindando con el hijo de la consejera presidenta mientras le dice “París a tus pies, chamaquito”. Conflicto de intereses, le llaman los que todavía se dan el lujo de usar eufemismos. En el pueblo le decimos de otra manera: se la están rifando.

Hasta los articulistas y legisladores que normalmente defienden las posiciones de Morena le dijeron “ya bájate”. Cuando los tuyos empiezan a pedir tu cabeza, es que el olor ya no se tapa ni con incienso. La Auditoría Superior de la Federación abrió investigación de oficio por posibles irregularidades, colusiones y triangulación de recursos. Y no es que la hayan sorprendido: ya venía cargando el lastre de una gestión marcada por el “no contesto, porque me da la gana”.

Porque si algo caracterizó a Taddei frente a los reporteros fue la soberbia en estado puro. Pregunta incómoda sobre contratos y proveedores, y la respuesta era “me parece usted muy majadero”. Así, de golpe y porrazo. Como si el periodismo fuera un estorbo y no el oficio que, a fuerza de preguntas molestas, saca a la luz lo que algunos preferirían dejar en la oscuridad. Esa actitud de “no me toquen, que yo soy la autoridad electoral” terminó por pasarle la cuenta.

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Ahora dice que renuncia para “proteger al Instituto”. Qué generosa. Como si el Instituto necesitara que alguien se sacrifique después de haberle puesto el sello de “aquí hay olor a negocio”. Las instituciones no se protegen con renuncias de último minuto; se protegen no metiendo a los amigos de la casa a los contratos millonarios.

Se va Taddei. Se lleva la soberbia, los “majaderos” y la memoria de aquellos videos que no se pudieron borrar. El INE, ojalá, se quede con algo de dignidad. Aunque en este país, ya sabemos: siempre hay alguien listo para ocupar el trono… y el contrato.

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