En su disparata ruta por imponer un nuevo orden geopolítico, Donald Trump, ha anunciado que tras la agresión a Irán, sigue en la lista de su violento intervencionismo y coloniaje, la isla de Cuba; el antecedente inmediata a la continuación de esta escalada por apoderarse de los países del continente que han luchado por la defensa de su soberanía, fue la vergonzosa actitud asumida por una docena de presidentes latinoamericanos que acudieron a la “Cubre del Escudo de las Américas”, el pasado 7 de marzo, aceptando dócilmente los insultos expresados a manera de burla por el presidente norteamericano. En su cara les dijo que no va a “aprender su maldito idioma”.
Este alineamiento de los gobiernos de derecha, busca ser empleado para revivir la Doctrina Monroe, con alcances nunca vistos para instaurar un poder político y militar que elimine toda resistencia al expansionismo de la Unión Americana.
A diferencia de Venezuela, Cuba no tiene petróleo ni puede ser acusada de impulsar el terrorismo de los cárteles de la droga, pero para Washington, el que el país caribeño se ubique a solo 150 kilómetros de sus costas de Florida, lo convierte en una amenaza “permanente”, razón por la cual, tras el triunfo de la Revolución Cubana de 1959, y la crisis de los misiles de octubre de 1962, el gobierno estadunidense desistió de sus planes de invadir la isla, pero a cambio estableció uno de los más feroces bloqueos económicos, comerciales y financieros de que se tenga memoria en el mundo.
Contra la narrativa que hoy maneja Trump, etiquetando al régimen socialista de un “Estado Fallido”, el pueblo cubano ha sido el único en el mundo en resistir los embates y efectos de un bloqueo de más de 60 años que le ha ocasionado daños calculados en más de dos billones de dólares a su economía. Los Estados Unidos pensaron que por motivos de la pandemia del Covid-19, el régimen socialista colapsaría al no contar con las vacunas de las firmas trasnacionales controladas por Washington, pero Cuba dio una muestra de su fortaleza y capacidades al crear su propia vacuna.
No hay un país en el mundo que haya recibido más resoluciones de la Organización de las Nacionales Unidas (ONU), a su favor como Cuba; el 29 de octubre del pasado año, la Asamblea General del órgano rector, emitió su resolución número 39 exigiendo al gobierno norteamericano respetar su soberanía y su libertad comercial, instándolo a levantar su unilateral bloqueo, al que ha obligado a sumarse a otros países, siendo contrario al Derecho Internacional.
Tras el triunfo de la Revolución Cubana, hay memorándums del Departamento de Estado americano, aconsejando debilitar su economía, a través de un bloque total, para generar descontento social y buscar el derrocamiento del gobierno. La descarada injerencia ahora se prepara a apoderarse, por la vía armada, de la Isla.
En septiembre del 2022, durante su intervención en la Asamblea General de la ONU, el Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, recordó al mundo que en más de seis décadas de bloqueo, la Casa Blanca ha presionado tanto a gobiernos como instituciones bancarias y compañías del mundo que han mostrado interés por tener acuerdos con el país caribeño, para anular “obsesivamente”, todas sus fuentes de ingresos.
El trastornado mandatario norteamericano, justifica como un fracaso del gobierno cubano, la crisis alimentaria y energética que enfrentan sus habitantes, pero todo el mundo sabe que ha sido desde hace décadas Washington, y ahora Trump, los responsables de impedir el crecimiento económico de la isla. Y aunque la derecha sostiene que el gobierno mexicano y sus habitantes no deben apoyar ni solidarizarse con el pueblo cubano, lo que ocurre en el mundo debe poner en alerta a las clase trabajadora, campesina y popular, porque de no alzar la voz, serán los sectores más afectados con el contexto de la nueva geopolítica imperialista.





































