jueves, julio 23, 2026
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Se realizará el primer Coloquio de Arqueoastronomía Cenital

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Investigaciones recientes han revelado que el paso cenital fue un sistema de observación astronómica compartido por numerosas culturas de Mesoamérica y que sus principios sobreviven en ceremonias tradicionales. Los resultados de algunos de estos estudios serán compartidos con la anfitrionía del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) —instancia de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México— en el primer Coloquio de Arqueastronomía Cenital, a realizarse el 24 de julio de 2026.

“Este coloquio reúne ciencia, memoria y tradiciones vivas para comprender cómo la observación del cielo permitió comprender el tiempo y organización de su vida agrícola, social y ceremonial”, señaló la secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza.

Conforman el programa una sesión matutina, la cual iniciará a las 10:30 horas en el Parque Temático Tlalocan, donde al mediodía se efectuará el registro de ese fenómeno en la cueva-claraboya (ubicada dentro del mismo); las actividades vespertinas iniciarán a las 15:00 horas en el Museo de los Murales Teotihuacanos “Beatriz de la Fuente”, de la Zona Arqueológica de Teotihuacan (ZAT).

El director del Centro de Investigación y Divulgación de la Ciencia en la Universidad del Tepeyac, Arturo Montero García, informó que la jornada reunirá investigación científica, patrimonio cultural y tradiciones vivas para reflexionar sobre dicho fenómeno astronómico: el más significativo del horizonte mesoamericano.

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El arqueólogo refiere que el paso cenital del Sol fue un acontecimiento de profundo significado ritual y social para las sociedades antiguas de ese territorio. Sus estudios en Chichén Itzá (publicados por la National Geographic Society y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) muestran que diversas cuevas, observatorios naturales y edificios prehispánicos fueron concebidos para registrar con precisión ese momento del ciclo solar.

“El conocimiento del paso cenital permitió a las sociedades mesoamericanas ajustar con precisión su calendario mediante la observación directa del movimiento solar. Mientras, en Europa, el calendario juliano había acumulado un desfase cercano a 10 días, lo que hizo necesaria la reforma gregoriana de 1582. En Mesoamérica, la observación sistemática del cenit solar constituía un mecanismo de verificación y corrección del ciclo anual, estrechamente vinculado con el sol, Venus y la luna”.

“La astronomía prehispánica no era simplemente observacional, sino un sistema de calibración del tiempo basado en fenómenos naturales recurrentes, comparable en sofisticación con las grandes tradiciones astronómicas del mundo antiguo”, sostiene el investigador.

Durante siglos —dijo— este fenómeno constituyó una referencia fundamental para la medición del tiempo y la organización del calendario agrícola: ejemplo de ello es la cueva de uso astronómico, del periodo Clásico (ca. 200-550 d.C.), localizada a 200 metros al sureste de la Pirámide del Sol, donde en ciertas fechas penetra un haz de luz e ilumina una estela que funciona como un gnomon o reloj solar. El registro del juego de luz y sombra permitía a los teotihuacanos ajustar su calendario, conociendo así la fecha exacta en que vivían.

Como parte de las actividades, Paulette Pérez Ponce (docente de la Universidad Tecnológica de Tula-Tepeji) operará un reloj astronómico Emerald Sequoia dentro de ese espacio, para determinar el momento preciso del paso del sol por el cenit.

Por la tarde, bajo la moderación del especialistas en arqueoastronomía Jesús Torres Peralta (titular del Departamento de Museos y Comunicación Educativa de la ZAT), presentarán investigaciones recientes sobre la relación entre la astronomía, el paisaje y el patrimonio cultural.

Steffany Martínez Gómez (profesora del curso “Arqueoastronomía, calendario y paisaje”, el cual se imparte en la Escuela Nacional de Antropología e Historia) dictará la ponencia El paso cenital: del pasado mesoamericano a las tradiciones indígenas de México. Posteriormente, Tania Santillán Hernández (cronista de Tecámac) presentará La ruta del Sol por el cenit: de la geografía sagrada a los templos novohispanos.

Guadalupe Islas Monter (especialista en sistemas hidráulicos prehispánicos) compartirá un reciente descubrimiento en Epazoyucan, Hidalgo, en su ponencia Astronomía y agua de manantial. Una propuesta de petrograbado; y Tanya Vázquez Serralde (pasante de Arqueología) presentará avances de su tesis: Entre el mar y la montaña, el cenital en Quiahuiztlan, Veracruz.

Finalmente, Montero García expondrá los resultados de sus investigaciones sobre las evidencias arqueológicas del registro del paso cenital en la Pirámide del Sol y en dos cuevas de Teotihuacan.

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