lunes, enero 19, 2026
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¿Reforma electoral o monólogo oficialista? El silencio de la oposición

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La discusión de la reforma electoral que impulsa el gobierno de Claudia Sheinbaum se mantiene cerrada a los integrantes del partido oficial y sus aliados. Aunque dos organizaciones civiles, el INE y un partido en proceso de registro presentaron propuestas, estas han sido rechazadas desde las conferencias «mañaneras», incluso con comentarios despectivos.

El recuerdo de las negociaciones entre gobierno y oposición para concertar reformas electorales es hoy un eco del pasado; un pasado que parece retornar bajo las formas del partido hegemónico de la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, más allá de criticar la actitud del gobierno para desestimar aportes ciudadanos y opositores, cabe preguntar: ¿qué están haciendo estos últimos para hacerse oír y lograr que sus propuestas sean tomadas en cuenta?

Mientras el PT y el PVEM ya dialogan con la titular de Gobernación —bajo el pragmático reconocimiento de que sus votos son indispensables para la iniciativa—, la oposición partidista carece de fuerza numérica. Basta observar que, si la totalidad de los legisladores del PAN, PRI y Movimiento Ciudadano decidieran abstenerse en la próxima sesión, la reforma avanzaría sin obstáculos: Morena y sus aliados poseen las mayorías necesarias para aprobarla.

En este escenario, las propuestas del Observatorio Permanente de Integridad Electoral, de Red Cívica, del INE y de Somos México contrastan con la ausencia de planes integrales por parte del PRI, PAN o MC. Apenas un decálogo de la presidenta de la Cámara de Diputados, la panista Kenia López Rabadán, ha surgido como postura oficial desde esas filas.

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¿Qué opciones tienen estos partidos para integrarse a la negociación encabezada por Pablo Gómez? La realidad es cruda: sin peso en las cámaras, sin liderazgos con capacidad de interlocución y sin una estrategia clara, la oposición tiene poco margen de maniobra. Recurrir a la protesta social o a marchas multitudinarias —herramientas que han servido a otros grupos— parece su única alternativa, pero surge de nuevo la duda sobre su verdadera capacidad de movilización para presionar a la presidenta Sheinbaum.

Hasta ahora, las críticas más sólidas provienen de analistas, especialistas y periodistas. Las observaciones de los políticos de oposición son escasas. La arena pública debería ser el primer campo de batalla donde los partidos den la pelea para convencer a la ciudadanía de la necesidad de un diálogo plural.

La impresión prevaleciente es que la oposición se ha dado por vencida o que apuesta a que las fracturas internas en la alianza oficialista frenen los puntos más punitivos, como la reducción del financiamiento público y la eliminación de plurinominales. En cualquier caso, sin un esfuerzo visible en la plaza pública, la oposición parece incapaz de influir en una reforma que la afectará tanto a ella como al resto de los mexicanos.

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