Podemos en América, un populismo desconocido

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Por: Carlos Ramírez

La decisión del vicepresidente segundo del gobierno español Pablo Iglesias de abandonar el cargo y proponerse como candidato único aún no aceptado de toda izquierda para presidente de la comunidad de Madrid pareció sorprender a los analistas locales. Sin embargo, en los últimos meses, el líder de la izquierda institucional había ido dejando un camino de migas.

Desde Iberoamérica populista se puede hacer un intento de lectura en tres planos: la configuración de una Internacional Populista con el eje Madrid-Caracas-La Paz (CR aquí en El Imparcial, 9 de diciembre, 2020), la consolidación del eje soberanista antineoliberal que estaría alejando a España de los candados de Bruselas y la inconformidad de Iglesias respecto de los dos ejes del modelo español postransición: la democracia liberal-neoliberal y la monarquía parlamentaria.

El 8 de noviembre pasado, luego de haber asistido a la toma de posesión del nuevo presidente de Bolivia, Luis Arce, del grupo de Evo Morales, Iglesias firmó la Declaración de La Paz, (https://www.mundoobrero.es/pl.php?id=9924)  con su cargo de vicepresidente del gobierno español, un documento de compromiso radical de izquierda contra “el golpismo de la ultraderecha”. Ante la ausencia de un modelo democrático sólido, en Iberoamérica la democracia sí es frágil y carece de certezas, aunque en España es madura y posee instituciones de gestión de crisis, disensos e insatisfacciones. La presencia de Iglesias y la alianza Unidas Podemos-Izquierda Unida (ex Partido Comunista de España) sería un indicio.

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En este contexto se deben releer las declaraciones de Iglesias a propósito del arresto del cantante radical Hasél y del índice democrático de The Economist, abriendo el debate en torno a que en España “no hay una situación de plena normalidad policía y democrática”, aunque los movimientos estratégicos de Iglesias se hayan dado en los espacios flexibles de la democracia española, incluyendo su ascenso a la vicepresidencia, su separación del cargo, su imposición de una sucesora en ese cargo de gobierno y su participación en la disputa electoral de la comunidad de Madrid.

Iglesias tuvo un papel muy importante en la Declaración de la Paz que reunió a líderes populistas reconocidos: el nuevo presidente de Bolivia, al expresidente Morales, al presidente peronista de Argentina, al expresidente español Zapatero como representante del gobierno de Nicolás Maduro, a la expresidenta Rousseff de Brasil, al defenestrado expresidente ecuatoriano Correa y a candidatos de la izquierda populista en Chile, Ecuador, Colombia y Perú. E Iglesias fue el imán para atraer al líder griego Tsipras, al dirigente de Francia Insumisa y a dirigentes de Portugal.

El populismo progresista (no alcanza la categoría de izquierda) en Iberoamérica y el populismo de Estado en Europa han entrado en línea de choque con la derecha/ultraderecha. En Iberoamérica los diferendos se resuelven por la fuerza, las presiones y los golpes de Estado o de mano, en tanto que en Europa lo hace por la vía de las elecciones democráticas creíbles y respetadas. Si los grupos populistas han encontrado espacios de articulación táctica en Iberoamérica, en Europa han llevado a alianzas de gobierno extrañas porque izquierdas socialistas conviven con socialdemocracias de mercado, como lo ejemplifica el modelo español de gobierno PSOE/Unidas Podemos.

En este sentido es que la Declaración de La Paz no logra unificar criterios. El último párrafo ayudará a entender las tácticas, pero no a explicar las realidades:

“…los firmantes de esta declaración, gobernantes, expresidentes y líderes progresistas en nuestros respectivos países de Iberoamérica y Europa, afirmamos nuestro compromiso histórico de trabajar conjuntamente por la defensa de la democracia, la paz, los derechos humanos y la justicia social frente a la amenaza que representa el golpismo de la ultraderecha.”

Con todo, Vox, Partido Popular y Ciudadanos en España están lejos de la ultraderecha golpista de Iberoamérica, aunque hayan sido metidos en el mismo cajón por Iglesias y Zapatero, firmantes de la Declaración. Lo comprueba el hecho de que Iglesias renunció a la vicepresidencia segunda de gobierno para ir a la contienda electoral democrática contra la derecha. Sin embargo, lo que llamó la atención fue una declaración en video por su virulencia radical, por su contexto de lucha de clases y por el tono aniquilador del adversario.

En este sentido, la agenda española es la que retrata el interés de Iglesias, a diez años (2011) del estallamiento de la primera gran crisis del modelo 78 de la transición: la explosión de indignación que derivó en el movimiento de Los Indignados y dio pauta a la fundación de Unidos Podemos en 2016 como una gran coalición electoral de las seis principales formaciones de izquierda, entre ellas Izquierda Unida como salida sobreviviente del Partido Comunista de España que fue vital para la lucha contra la dictadura de Franco y luego el factor de estabilización de la transición democrática de Suárez.

Lo que tendrá que aclarar Iglesias es su vinculación con las corrientes populistas de Iberoamericana que conforman formaciones sin ideología de clase, sin acercamientos siquiera a la socialdemocracia y sólo asistencialistas tipo el populismo peronista de los cincuenta del siglo pasado que por razones históricas sigue sobreviniendo en Argentina a pesar de sus reveses, traiciones e ineficacias irresponsables. En la meta final de ganar el gobierno de España, Iglesias estaría en la lógica soberanista de ruptura con la UE, en la constitución de una república y en la construcción de un Estado intervencionista en economía.

A pesar de su participación en la Declaración de La Paz, Iglesias es desconocido en la lucha política iberoamericana, representa el viejo modelo español del discurso nacionalista que identifica la conquista y sus aliados carecen de presencia mayoritaria, con excepción del populismo cíclico de Argentina. En México no saben de su existencia y el populismo lopezobradorista de Morena es antiespañol.

El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del periódico que la publica.

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