sábado, mayo 2, 2026
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Plan B enseña los colmillos

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En la columna DeVotos y otros políticos Nonsanctos, hoy nos toca morder el hueso que más duele: ese Plan B que ya no se disfraza de oveja y muestra los dientes bien afilados.

Órale, compas, la cosa va en serio. El paquete de reformas constitucionales que impulsa el gobierno de Claudia Sheinbaum no viene con flores ni abrazos; viene con colmillos. Y las críticas no se hacen esperar, porque el paquetito toca tres puntos que huelen a puro acomodo electoral.

Primero, adiós al principio de paridad. Sí, ese que obligaba a mitad y mitad hombres y mujeres en candidaturas. De repente ya no es tan importante. ¿Casualidad? Claro que no. Es como si dijeran: “La igualdad estuvo padre, pero ahora que nos conviene, la guardamos en el cajón”.

Segundo, cambian la fecha de la consulta de revocación de mandato. ¿Para qué? Pues para que la presidenta pueda hacer campaña con toda la tranquilidad del mundo, sin que le estorbe el calendario. Cambian las reglas del juego a media partida para que la jefa salga a recorrer el país con el micrófono en la mano. Qué bonito, ¿verdad? Tan bonito que huele a dedazo disfrazado de democracia.

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Tercero, y aquí se pone bueno: eliminan los candados de neutralidad. Ahora sí, los funcionarios de gobierno podrán meterse de lleno en las campañas, usar el puesto, el presupuesto y hasta el helicóptero si les da la gana. Los que antes gritaban “¡no a la reelección!” ahora abren la puerta para que todo el aparato estatal jale votos. ¿Neutralidad? Esa ya quedó como los dinosaurios: extinta.

Los de Morena lo venden como “fortalecimiento popular”. La oposición grita que es un retroceso autoritario. Y el ciudadano de a pie se queda viendo cómo la Constitución se convierte en traje sastre a la medida del que manda.

¿Miedo a represalias? No. Esto es cálculo puro: consolidar poder antes de que el reloj marque 2030. El Plan B ya no disimula. Muestra los colmillos y dice: “Aquí mando yo”.

Que cada quien saque su conclusión. Pero una cosa es clara: cuando cambian las reglas para que siempre gane el mismo equipo, ya no es democracia… es otra cosa.