Partido canalla

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El PVEM no es un partido político, es un engendro creado desde el gobierno. Salvo la elección de 2000, cuando se alió con el PAN a la espera de un pago que no llegó, el “verde” ha sido comparsa del PRI. Hoy es una maquinaria de engaños y trapacerías.

En lo que va del 2015, el PVEM ha sido sancionado -al menos al concluir este artículo- por el INE o por el TEPJF con 11 multas, por violaciones graves, sistemáticas, reiteradas, a la Constitución y a las leyes generales electorales. Las sanciones de más alto monto fueron la impuesta por la Sala Superior del TEPJF por 76 millones de pesos (25 de marzo de 2015), y la del Consejo General del INE por 67 millones (6 de marzo). En conjunto, las multas suman 188 millones de pesos, más las que se acumulen en los próximos días.

El detalle de las conductas violatorias a las leyes que el PVEM viene desplegando desde el segundo semestre de 2014 se puede leer en el documento mediante el cual varios ciudadanos solicitan al INE la cancelación del registro legal, que ha sido suscrito por más de 125,000 personas (disponible en: www.change.org).

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El 9 de abril pasado, el PAN, a través de dos diputados federales, solicitó formalmente al INE iniciar el procedimiento para la cancelación del registro al PVEM, por “violaciones graves, sistemáticas y reiteradas a la Constitución”.

Los consejeros del INE tendrán que dar trámite a la solicitud y resolverla a la brevedad, ya que está en juego la certeza del proceso electoral federal, el de las 16 entidades con elecciones locales concurrentes y el de Chiapas, cuya jornada comicial local será el tercer domingo de julio.

Mientras el INE resuelve qué hacer con el PVEM, si es que lo hace antes del 7 de junio, conviene recordar los orígenes y trayectoria del partido que ha puesto en jaque a las instituciones electorales de México.

Ayuda de memoria

En 1985, Jorge González Torres, afiliado al PRI, pretendió obtener la candidatura de ese partido a diputado federal por un distrito ubicado en Coyoacán, Distrito Federal, pero fue menospreciado y hecho a un lado, pese a su relación familiar con Emilio Martínez Manautou (la esposa de González Torres es hija del político tamaulipeco). En 1986 decidió, según la historia oficial que aparece en la página electrónica del hoy PVEM, crear el Partido Verde Mexicano.

“Sin embargo, los integrantes de la Alianza Ecologista Nacional estaban decididos a convertirse en la agrupación que contagiara los ideales ambientalistas en el difícil mundo de la política y fundaron así en 1986 el Partido Verde Mexicano”.

Tal es la versión, corregida, que aparece en la referida página de internet; sin embargo, antes de que empezara el actual escándalo por sus conductas, en la misma página aparecía la siguiente versión:

PARTIDO VERDE MEXICANO

“Este es el primer antecedente político formal del actual Partido Verde Ecologista de México. La fundación del Partido Verde Mexicano (PVM) se hizo en 1986 con la meta de participar en las elecciones federales de 1988. Esos eran momentos muy diferentes a los actuales y aunque ya había un despertar de la sociedad y un impulso esperanzado de la oposición para acabar con el régimen del PRI, los ecologistas no lograron el registro para su nuevo partido.

“Ante la negativa del IFE para otorgarles el registro como partido político nacional y decididos a participar en la lucha de la oposición, el Partido Verde Mexicano sin registro se integró al Frente Democrático Nacional que apoyó la candidatura presidencial del Ing. Cuauhtémoc Cárdenas. El acuerdo de alianza establecía el compromiso para que el gobierno de Cárdenas impulsara un programa ecológico en caso de resultar electo”.

El descuido del anónimo redactor es tal, que atribuye al IFE haberles negado registro para participar en las elecciones de 1988 (el IFE fue creado en 1990); sin embargo, es cierto que Jorge González Torres se acercó a Cuauhtémoc Cárdenas en 1987 y suscribió con el FDN un convenio para apoyar su candidatura presidencial (tal hecho me fue confirmado directamente por Cárdenas).

En 1988, el FDN y su candidato presidencial alcanzaron mayoría de votos en la capital del país. Para el gobierno de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) y para el PRI, recuperar la Ciudad de México, electoralmente hablando, era un objetivo crucial en la siguiente elección (1991); para tal propósito, Salinas decidió, en 1989, que en el DF el PRI estaría bajo el mando del regente Manuel Camacho Solís.

Camacho ordenó la realización de encuestas y estudios para desentrañar lo ocurrido en 1988; de ahí resultó un hallazgo: la preocupación social por el deterioro del medio ambiente aparecía como uno de los temas emergentes, en una megalópolis que ya para entonces padecía problemas en ese ámbito. La ecología, en sus múltiples dimensiones, se había instalado en el ánimo de las clases medias capitalinas; era una “causa ciudadana”.

El jefe del DDF actuó en dos frentes simultáneos: instrumentó novedosas políticas para reducir la contaminación ambiental y la saturación vehicular, y exploró diversas opciones para que el PRI capitalino incorporara en su discurso el tema de la ecología y la protección al medio ambiente.

Pronto quedó claro que la credibilidad del PRI en el tema de la ecología era casi imposible de alcanzar; había que buscar otra opción. La solución fue inventar un partido verde, a imagen y semejanza de lo que entonces ocurría en Europa. Ese nuevo partido debía participar en las elecciones federales siguientes (1991) con el claro objetivo de reducir el voto por la izquierda, especialmente por el naciente PRD, que había surgido gracias al registro legal obtenido por el PCM en 1978.

Según testimonios directos recabados, quien sugirió a Camacho apoyar al Partido Verde Mexicano y a Jorge González Torres fue el hermano de éste último, el sacerdote jesuita Enrique González Torres. Así nació el proyecto de crear y obtener registro legal para el Partido Verde, al que se le suprimió la palabra “mexicano” y se le agregó “ecologista”, para dar lugar a su primera denominación: Partido Verde Ecologista (PVE). En aquel entonces se supo que los recursos para apoyar el proyecto salieron de las arcas del gobierno del DF y quizá fueron canalizados a través del ya citado Enrique González Torres, quien era responsable del patronato de las obras pías de la Curia Metropolitana (años más tarde fue rector de la Universidad Iberoamericana).

La familia González Torres es amplia, y diversas sus actividades mercantiles. Desde tiempo atrás, Jorge y su hermano Víctor tenían prósperos negocios en la distribución de medicamentos. Víctor González Torres, hoy mejor conocido como el “Doctor Simi”, tuvo una fugaz incursión en lides políticas, postulándose como candidato independiente a la Presidencia de México en 2006, después de fracasar en su intento de que Patricia Mercado declinara en su favor la candidatura presidencial.

Las maniobras del regente capitalino para otorgar registro al PVE fueron vistas con recelo, o franca desconfianza, por otros personajes del gobierno y del PRI. El secretario de Gobernación, Fernando Gutiérrez Barrios, así como Luis Donaldo Colosio, presidente nacional del PRI, reaccionaron en contra. Pese a lo anterior, con la autorización de Salinas, Camacho siguió adelante.

La solicitud de registro, condicionado al resultado de las elecciones federales de 1991, fue presentada en 1990 ante el recién creado Instituto Federal Electoral (IFE), que presidía Fernando Gutiérrez Barrios, quien, con la anuencia de Colosio, hizo lo necesario para que el Consejo General negara el registro al PVE, debido a que los solicitantes no habían demostrado actividades propias en el ámbito político o electoral con la antigüedad que establecía el Cofipe.

Sin embargo, bien asesorado y mejor apoyado, Jorge González Torres acudió al Tribunal Federal Electoral, cuya Sala Central revocó la decisión del IFE y le ordenó otorgar registro al PVE, con el argumento de que las actividades de promoción y defensa del medio ambiente y la ecología, llevadas a cabo en años previos por los solicitantes, eran de naturaleza política “en el sentido más amplio”.

El IFE acató la decisión del tribunal, pero el representante del PRI ante el Consejo General impugnó el nombre del nuevo partido, con el argumento de que el verde era un color usado por el PRI en su emblema. El IFE decidió entonces que el nuevo partido debía excluir de su denominación la palabra “verde”, por lo que cambió a Partido Ecologista de México (PEM).

En su primera incursión electoral (1991) el PEM obtuvo el 1.37 por ciento de la votación nacional en los comicios para diputados federales, por lo que perdió el registro legal (el mínimo era el 1.5), pero en el DF alcanzó el 4.18 por ciento, confirmando que en la capital había un segmento del electorado susceptible de apoyar a un “partido verde”. Eso era lo importante para Camacho, quien de inmediato aprestó la estrategia para resucitar al PEM, lo que se concretó en enero de 1993, con la complicidad de Patrocinio González Blanco Garrido, quien había suplido a Gutiérrez Barrios en la Secretaría de Gobernación y, por ende, presidía el Consejo General del IFE.

Usando la figura del “registro definitivo”, se formó el expediente, certificado por notarios, que daba cuenta de la supuesta realización de 163 asambleas distritales y la afiliación de 86 mil ciudadanos. A mediados de 1993, el Consejo General del IFE otorgó de nueva cuenta registro al partido, con el nombre que conserva hasta la fecha: Partido Verde Ecologista de México (PVEM).

Patrocinio González apostaba a que Camacho sería el candidato presidencial del PRI para las elecciones de 1994, por ese motivo lo respaldó para resucitar al Partido Verde, en la perspectiva de que sería su aliado en la contienda que se avecinaba; pero todo cambió cuando Salinas optó por Colosio.

Siendo candidato presidencial, Colosio rechazó la propuesta de establecer una coalición electoral con el PVEM, por lo que Jorge González Torres, por sugerencia de Patrocinio González, decidió volver a competir sin alianza, como lo habían hecho, por mandato legal, en 1991.

En noviembre de 1993, el PVEM postuló como candidato presidencial a su dirigente y fundador, Jorge González Torres, que en la elección de agosto de 1994 obtuvo el 0.97 por ciento de los votos. Por segunda ocasión, el PVEM tampoco alcanzó el porcentaje para tener diputados y senadores (obtuvo el 1.36 por ciento), pero debido a una reforma al Cofipe (agosto de 1993) el PVEM conservó registro legal.

De 1995 a 1997, González Torres, con la asesoría de publicistas expertos en ++marketing++ electoral, instrumentó una estrategia para enfatizar que su partido era “verde” y abanderado de las causas ecológicas; para ello solicitó y obtuvo su ingreso a la Internacional Verde, y decidió mostrar una imagen basada en la afiliación de jóvenes universitarios, muchos de ellos egresados de la Universidad Iberoamericana, amigos de su hijo, Jorge Emilio González Martínez, desde entonces apodado “el niño verde”; de esa cantera surgieron sus candidatos a diputados plurinominales para 1997.

Aunque después del asesinato de Colosio (marzo de 1994), Manuel Camacho había pasado al ostracismo, sus redes de poder en el DF subsistían. El PVEM hizo a Marcelo Ebrard, el político más cercano a Camacho, candidato plurinominal a diputado, y a Adolfo Aguilar Zinser candidato en el primer lugar de la lista al Senado (en 1997 se eligieron 32 senadores plurinominales).

“No votes por un político, vota por un ecologista”, fue el lema publicitario del PVEM en las elecciones intermedias de 1997, en las que por fin alcanzó, por sí mismo, el 3.71 por ciento de la votación, logrando 8 curules plurinominales y un escaño por el mismo principio. Entre sus primeros diputados estaban Marcelo Ebrard y Carolina O Farril; el único senador electo por el Verde fue Aguilar Zinser. Los tres se deslindaron del PVEM en la primera sesión de su respectiva Cámara.

Los seis diputados que conformaron el primer grupo parlamentario del PVEM en San Lázaro (1997-2000) eran: Jorge Emilio González Martínez, Gloria Labara Mejía (quien llegó a ser presidenta de la Cámara), Verónica Velasco, Alejandro Jiménez Taboada, Aurora Bazán y Miguel Ángel Garza Velázquez.

El pragmatismo y el engaño publicitario habían rendido frutos: la familia González Torres se erigió en propietaria de una rentable franquicia electoral.

En el año 2000 el PRI buscó coaligarse con el PVEM y a punto estuvo de lograrlo. Pero Vicente Fox y sus asesores elevaron la oferta al dueño de la franquicia y lo sumaron a su causa. La cosecha del Verde fue abundante, ya que el PAN le otorgó, garantizado, un 5 por ciento de la votación que obtuviera la Alianza por el Cambio. El Verde no sólo incrementó el número de sus diputados (obtuvo 16), además accedió con grupo parlamentario al Senado.

Se dice que Vicente Fox no le cumplió al dueño de la franquicia la promesa de hacerlo secretario de Ecología, lo que provocó el rompimiento entre ellos y la fuga de los legisladores verdes, que dejaron de votar con el PAN en ambas Cámaras, iniciando su acercamiento al PRI.

En 2003, siendo Roberto Madrazo presidente del PRI, el ya para entonces llamado “Tucán Mayor” -Jorge González Torres- firmó coalición con el tricolor, recibiendo, en pago por adelantado -garantizado- al menos un 5 por ciento de los votos; a cambio admitió en las listas plurinominales del Verde a candidatos provenientes del PRI y, lo que resultó más importante, otorgó espacio preferente en esas listas a personeros de Televisa, TV Azteca y la CIRT. Se integró así la primera telebancada.

En 2006, el PVEM reafirmó su alianza con el PRI; apoyó la candidatura presidencial de Roberto Madrazo, quien le otorgó más lugares en ambas Cámaras, lo que sirvió al Tucán Mayor para ampliar y fortalecer sus vínculos con las televisoras y la CIRT. Por la debacle de Madrazo, el PRI quedó en tercer lugar con el 22 por ciento de los votos; ya que por virtud del convenio de coalición, tuvo que transferir al Verde un 6.41 por ciento de sus votos. El negocio del Verde resultó más rentable.

La reforma electoral de 2007-2008 proscribió las coaliciones con emblema único y transferencia de votos anticipada mediante convenio; cada partido debería aparecer en la boleta electoral con su propio emblema. El desafío fue convertido en oportunidad por la familia González Torres, que mantuvo la estrategia de coalición con el PRI en 2009, ampliando los lugares preferentes plurinominales otorgados a las televisoras y personajes provenientes del partido tricolor.

Pasadas las elecciones de 2009, el fundador decidió heredar el negocio a su hijo, “El Niño Verde”, y se retiró, o al menos eso dice, a vivir junto al mar, en Los Cabos, en donde se le señala como un próspero especulador inmobiliario.

Los escándalos de corrupción habían iniciado antes. Un video mostró al heredero pidiendo sobornos para ayudar a un arreglo inmobiliario en Cancún, QR, en donde, se sabe, es propietario de varios departamentos de lujo. Una mujer, de nacionalidad búlgara, cayó del balcón de uno de los departamentos propiedad de Jorge Emilio González Martínez, y murió; medios locales informaron que en la fiesta estaban funcionarios del gobierno de Quintana Roo y dirigentes del PVEM. Ese mismo año, el senador y hoy diputado Arturo Escobar fue detenido en el aeropuerto de Tuxtla portando un millón de pesos en efectivo, le fueron decomisados y luego devueltos.

La tolerancia de las autoridades electorales otorgó carta de impunidad del Verde. La Sala Superior revocó -en febrero de 2013- la multa más elevada que hasta entonces se le había impuesto (190 millones de pesos); para tal sentencia, los magistrados adujeron que el IFE había incurrido en violaciones al debido proceso por lo que dieron carpetazo al asunto.

Para las elecciones de 2012 se juntaron el hambre (de poder) con las ganas de comer. El PRI celebró, por cuarta vez, convenio de coalición con el PVEM. Los apoyos desde las televisoras y algunas radiodifusoras se multiplicaron en beneficio del partido del Tucán. El Verde obtuvo en ese año el 6.1 por ciento de los votos.

El PRI otorgó al PVEM el pago más alto que nunca antes había logrado la familia: la candidatura a gobernador de Chiapas, y le ayudó a conquistarla, con Manuel Velasco como candidato, a punta de billete y dádivas. En diciembre de 2012, el coordinador del PVEM en San Lázaro, Juan José Guerra Abud, fue designado titular de la Semarnat. La alianza quedó refrendada.

Corolario

El PVEM no es un partido político, es un engendro creado desde el gobierno, auspiciado por el PRI en el origen y en los años siguientes, salvo el periodo 1995-2001, hasta convertirse en la maquinaria de engaños y trapacerías que es hoy en día.

En defensa del PVEM, algunos sostienen que en todos los partidos políticos ocurren hechos y conductas similares a las que practican los verdes. Siendo cierto, también lo es que el sello de la casa es que sus trampas obedecen a un patrón sistemático y reiterado, planeado y operado por sus principales dirigentes, con la asesoría de abogados y publicistas.

La otra cara de la moneda ha sido la tolerancia, en no pocas ocasiones complicidad, de las autoridades electorales.

Es por ello que lo califico de “partido canalla” y pido sancionarlo con la cancelación del registro legal.

 

Nota: de Noam Chomsky he tomado el concepto “canalla”, que acuñó para analizar la conducta de los Estados que se apartan del respeto al derecho internacional ( Estados canallas. El imperio de la fuerza en los asuntos mundiales, Paidós, 2001). A los fines de este artículo, como lo hago desde hace varios años, califico al Partido Verde Ecologista de México (PVEM) de partido canalla, por ser una organización que, de manera grave, sistemática y reiterada, viola la ley, se burla de las instituciones y engaña a la sociedad.


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