Para que unos despierten, otros entiendan y otros se animen

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Si los atracos de toda índole quedan impunes y son cotidianos, es porque las instituciones no funcionan.

Esto provoca que la sociedad se degrade y pierda conciencia de su fuerza y dignidad. La gente sobrevive como puede y muchos participan en el juego tramposo que termina siendo bacanal de cínicos, sin advertir que inexorablemente vendrá el estallido. Esa es nuestra realidad.

Por fortuna, cada día hay más voces vigorosas que llaman a la población a no rendirse, a no permitir que su futuro siga secuestrado por canallas ineptos y voraces. Son voces que apuestan a la fuerza formidable que yace adormecida en las almas de los mexicanos. Esas voces no claman por un caudillo que salve a la nación, convocan a los hombres y mujeres a la sencilla y diaria tarea que los libere y convierta en auténticos ciudadanos que cumplen sus deberes y exigen y ejercen sus derechos.

Frecuentemente escucho en todas partes la pregunta de “¿Qué podemos hacer?”. Mi respuesta es inequívoca: repudiar con voz fuerte las injusticias, ayudar en lo posible a la solución de los problemas personales, familiares y comunitarios, y votar responsablemente para conformar gobiernos decentes y capaces al servicio de los gobernados. No es mucho lo que nos exige la conciencia y México nos reclama.

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De poco sirve indignarnos y lamentar los constantes abusos del poder, porque cada nuevo atropello sepulta al anterior. Ya son historias viejas: el robo a la nación por 600 mil millones de pesos del huachicol fiscal; los asesinatos de Carlos Manzo, del líder de los limoneros, y de cientos de miles más; los crímenes de La Barredora; el imparable saqueo a las arcas públicas; lo abominable del narcogobierno. Y la lista es interminable y no cesa el torrente de inmundicias.

Nada se dirá dentro de pocos días del viejo tren (estrenado hace meses como si fuera nuevo) que se descarriló sobre un balastro inservible, rieles viejos y muchos durmientes podridos. Juguete hecho a la trompa talega con sobrecostos injustificados según la Auditoría Superior de la Federación. Negocio comandado por familiares del “rayito de esperanza”, quien se ufanó diciendo que un hijo suyo supervisaba “honoríficamente” la maravillosa obra que nos deja hasta el momento 14 seres humanos despedazados y 100 heridos.

La presidentA (con A de arpía) informó, fríamente, que se investigará el suceso (lo que sólo garantizará impunidad) y dijo que “peritos extranjeros” garantizarán que el trenecito siga pita, pita y caminando. Lo único que sí reclamó furiosa y haciendo muecas faciales horrorosas fue que se publicaron fotografías de los inocentes que murieron el día de los Santos Inocentes.

Por eso y más, en este nuevo año debemos luchar para que los dormidos despierten, los zonzos entiendan y los medrosos se animen; los malandros no tienen remedio.

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