Off the Record: La zona de confort del poder

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El presidente Donald Trump lo soltó sin filtro el sábado pasado en un mitin en Tennessee: “Podría decir las cosas más estúpidas y ustedes aplaudirían”. La frase corrió como pólvora en redes. Hay videos que ya superan cientos de miles de vistas y comentarios de todo tipo. Unos lo celebran como prueba de lealtad incondicional. Otros, desde cuentas mexicanas y estadounidenses, lo señalan como la confesión más clara de cómo funcionan los auditorios controlados: puro aplauso garantizado, cero riesgo de crítica.

En las redes se lee de todo. Hay quienes comparan la escena con los eventos de Andrés Manuel López Obrador en su momento y con los de Claudia Sheinbaum ahora. “Es el mismo show”, escribe un usuario en una publicación que ya lleva miles de reacciones. “Llenas la plaza de simpatizantes, pones las pancartas, los selfies y todo el mundo aplaude. Luego sales a la calle y te topas con la realidad”. Otra cuenta, con tono más ácido, afirma que “cuando el público está filtrado, hasta la tontería más grande se vuelve genialidad”. Versiones que circulan, algunas confirmadas por los propios videos del mitin, otras que se quedan en el terreno del rumor y la interpretación.

Sheinbaum lo ha vivido en carne propia. Los fines de semana, en las giras por los estados, el escenario se arma con sonrisas, carteles de apoyo y gente que pide foto. Todo controlado. Pero apenas sale del recinto, aparecen las protestas: trabajadores del IMSS, maestros, madres buscadoras, transportistas, lo que se ofrezca. En redes se repiten las imágenes de los abucheos y los bloqueos. “Dentro la quieren, fuera la regañan”, resume un comentario que se ha compartido con frecuencia. Hay quienes aseguran que la presidenta prefiere quedarse en esa zona de confort porque afuera el ruido es otro. Son versiones que se mueven en el espacio digital, algunas basadas en hechos visibles, otras que se quedan en la sospecha.

Lo mismo pasó con López Obrador. Las mañaneras y las plazas llenas de adeptos le daban el oxígeno. Fuera de ahí, las críticas se multiplicaban. Trump, AMLO y Sheinbaum parecen compartir el mismo reflejo: buscar el espacio donde el aplauso está asegurado y el cuestionamiento se reduce al mínimo. En las redes se discute si esto es estrategia o necesidad. “Ninguno quiere escuchar lo que no le conviene”, escribe alguien. “Prefieren el eco de su propia gente”. Hay quienes van más lejos y aseguran que, cuando el público está seleccionado, el líder puede decir casi cualquier cosa y salir bien librado. Otras voces lo niegan y hablan de conexión real con la gente. Todo forma parte del mismo enjambre de comentarios, trascendidos y versiones que hoy dominan la conversación digital.

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Al final, el poder parece necesitar esa burbuja. Un auditorio que aplauda incluso lo más absurdo. Fuera de ella, la realidad empuja y no siempre con sonrisas. Las redes no paran de señalarlo. Unos con risa, otros con molestia, pero casi todos coinciden en lo mismo: mientras el escenario esté controlado, el aplauso está garantizado. Cuando se sale de ahí, empieza el verdadero examen.

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