Órale, ya estamos otra vez con el mismo disco rayado. Los de Morena, ahora que mandan en Palacio y en el Congreso, siguen sin aceptar ni un madrazo de responsabilidad. Si una comisión de la ONU saca un informe que critica el tema de las desapariciones —y vaya que el país carga más de 130 mil casos no localizados—, la respuesta oficial es la de siempre: “tendencioso”, “sesgado”, “no toma en cuenta nuestros avances desde 2018”. En lugar de asumir que el problema persiste y urge solución, prefieren mandar el mensajito de que todo es culpa de Calderón y Peña, como si el reloj se hubiera detenido en 2018.
Cuando las familias de niños con cáncer salen a protestar por el desabasto de medicamentos oncológicos, rapidito les cuelgan el sambenito de “golpistas” o “manipulados por la oposición”. Como si una mamá desesperada por la quimioterapia de su hijo estuviera tramando un golpe de Estado en vez de pedir que no se le muera la criatura por falta de pastillas.
Lo mismo pasa con las mujeres que marchan contra los feminicidios y la violencia de género: las descalifican de “manipuladas” o las acusan de exagerar. Y si un analista señala que la deuda pública ya ronda los 20 billones de pesos y que las decisiones económicas no han sido precisamente un modelo de prudencia, le responden que es un “conservador” o un vocero disfrazado de los partidos viejos.
¿Para qué chingados querían ganar las elecciones? Durante años criticaron hasta el cansancio a los gobiernos anteriores por corrupción, ineficiencia y opacidad. Ahora que ellos están en la silla, el libreto cambió: todo error es herencia, todo reclamo es conspiración y toda crítica es ataque golpista. La responsabilidad parece ser un concepto que solo aplicaba cuando estaban en la oposición.
Este patrón cansa. Gobernar no es solo repartir programas sociales o presumir lealtad; también es asumir que los problemas no se resuelven negándolos o culpando a los de antes. Las familias de desaparecidos, las madres de niños enfermos y las mujeres hartas de violencia no son “enemigos del pueblo”. Son ciudadanos exigiendo lo básico: que el gobierno cumpla y deje de correrle a su propia responsabilidad.
Mientras Morena siga con esta actitud de “nosotros nunca nos equivocamos”, la credibilidad se les va a ir al caño más rápido que un taco de canasta en la esquina. Ya es hora de que cambien el disco, o al menos reconozcan que ganar las elecciones implica algo más que tener la razón eterna.






























