El ultraderechista Javier Milei acaba de cometer una de las peores atrocidades contra las conquistas laborales que costaron a los trabajadores de todo el mundo, luchas sangrientas a finales del Siglo XIX y principios del XX; muchos como los Mártires de Chicago, en los Estados Unidos o los mineros masacrados en Cananea, Sonora, como también los obreros textiles de Río Blanco, pagaron con su vida la obtención del derecho a huelga, el pago de horas extras e indemnizaciones justas por despidos injustificados, entre otros beneficios que ahora han sido cancelados por la llamada Ley de Modernización Laboral, que el presidente argentino impuso ignorando la voz de los sindicatos y millones de asalariados de su país.
Admirador confesó de Trump, Milei logró apoyarse en un Senado también de ultraderecha, para aplicar un retroceso histórico que, sin exageraciones, torna a la clase trabajadora a las condiciones de servidumbre y esclavitud de hace más de cien años al incrementar la jornada laboral de ocho hasta doce horas, sin el pago de horas extras, creando un banco de tiempo mediante el cual la empresa podrá compensar al empleado sus extenuantes jornadas, con horas o días libres, pero no con dinero.
Además, como sucediera en México en tiempo del Porfiriato con las llamadas Tiendas de Raya, los trabajadores argentinos estarán obligados a cobrar sus salarios ya sea en moneda nacional o extranjera, pero también en especie, según se acomode a los intereses del patrón; es decir que, por ejemplo, una cadena comercial puede determinar el pago de sueldos con una parte proporcional de sus propios productos y al costo que mejor le acomode a la empresa.
La barbarie neoliberal aplicada por Milei, establece además un “salario dinámico”, con el cual el empleador podrá negociar nuevas condiciones posteriores a la firma de un contrato de trabajo, cuando así lo disponga, determinando además aspectos unilaterales de productividad para disminuir sueldos.
Pero el traje a la medida que el mandatario argentino ha diseñado por indicaciones de los organismos internacionales, convirtiendo a Argentina en el laboratorio de las peores abominaciones capitalistas, también es un atentado a las indemnizaciones en cuyo cálculo ya no se incluyen el pago de vacaciones, aguinaldo y otras prestaciones, de tal forma que para la clase empresarial que opera en la nación sudamericana, le saldrá a precio de ganga despedir a un trabajador.
Pero si esta infamia no bastará, sucede que la nueva Ley establece que estas indemnizaciones serán cubiertas a través del Fondo de Asistencia Laboral, cuyos recursos provendrán nada menos que de un porcentaje del dinero que los patrones aportan para el sistema de seguridad social, con lo cual se debilitará el sistema de jubilaciones. Los empresarios ganan en todos los sentidos.
Según Milei, esta involución ayudará a crear empleos, pero el asunto es que lejos de fomentar puestos de trabajo estables y bien pagados, millones de argentinos serán condenados a una semi informalidad, situación precaria que enfrentan unos 6 millones de trabajadores, siendo vetados de alzar la voz e ir a la huelga, porque ahora tal derecho estará seriamente limitado en su ejercicio.
Y mientras en México es un hecho la jornada de 40 horas semanales con pago de 48 y se sigue alentando la democracia interna y la libre sindicalización en el terreno laboral, en Argentina las organizaciones gremiales deben prepararse a entablar demandas legales y una larga jornada de lucha ante esta burda réplica de Trump que en su soberbia e ignorancia neoliberal, viola todos los tratados de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), imponiendo en pleno siglo XXI una aberrante semi esclavitud, a la clase trabajadora.






































