México inició el 2026 con un saldo negativo en sus cuentas comerciales. Según el más reciente reporte del Banco de México, el país registró un déficit comercial de 6,481 millones de dólares apenas en el primer mes del año. Esta cifra representa una caída estrepitosa si se compara con el superávit de 2,430 millones de dólares que se había logrado apenas un mes antes, en diciembre de 2025.
El cambio en la marea económica se explica, principalmente, por un fuerte desajuste en los productos no petroleros. Mientras que en el cierre del año pasado este sector generaba ganancias, en enero se desplomó hasta alcanzar un déficit de más de 4,200 millones de dólares. Por su parte, la balanza petrolera también se mantuvo en números rojos, aunque con una ligera mejoría respecto al mes previo.
A pesar del saldo negativo general, las exportaciones totales lograron un crecimiento anual del 8.1%, sumando 48,008 millones de dólares. Este impulso vino de la mano de las ventas no petroleras, que subieron casi un 10%. Sin embargo, el sector petrolero sigue perdiendo fuerza: sus exportaciones sufrieron una estrepitosa caída anual del 33.5%, afectada por un menor volumen de crudo vendido y una baja en los precios internacionales de la mezcla mexicana, que promedió los 55.34 dólares por barril.
En el corazón de la economía mexicana, las manufacturas mostraron un rostro dividido. Las exportaciones de maquinaria y equipo especial volaron con un crecimiento del 65.8%, pero el sector automotriz —uno de los pilares del país— tropezó con una caída del 9.0%. Este descenso se debió principalmente a que los consumidores en Estados Unidos compraron menos vehículos mexicanos, una baja que no pudo ser compensada del todo por el aumento de ventas hacia otros mercados del mundo.
Por el lado de las importaciones, México gastó 54,489 millones de dólares en enero, un 9.8% más que el año pasado. Lo que más compró el país fueron «bienes de uso intermedio», es decir, insumos y materiales que las empresas necesitan para seguir produciendo. En contraste, las familias mexicanas parecen haber apretado el cinturón, ya que las importaciones de bienes de consumo (como gasolina o productos terminados) cayeron un 3.8%.
En resumen, el 2026 arranca con una señal de alerta para la política económica nacional. Aunque México sigue vendiendo grandes volúmenes al extranjero, especialmente a su socio principal, Estados Unidos, el costo de lo que compramos superó con creces lo ingresado. El reto para los próximos meses será estabilizar la balanza y vigilar de cerca la debilidad del sector automotriz y la constante pérdida de peso de los ingresos petroleros.






































