Mancera y AMLO, en 2018 el león joven vs. el león viejo

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Miguel Mancera no sólo mantiene la fiesta en paz con López Obrador, sino que movió con habilidad las piezas del tablero para dejar fuera de la jugada a Marcelo Ebrard

Cuando el 15 de febrero Los Chuchos del PRD cerraron la puerta de una diputación plurinominal a Marcelo Ebrard, en realidad cerraron la posibilidad de que el ex jefe de Gobierno fuera candidato presidencial de los amarillos para 2018.

Y es que, como se sabe, Los Chuchos regalaron a Marcelo Ebrard la candidatura presidencial de 2012, para que “matara” a su padre político, Andrés Manuel López Obrador. Pero Marcelo “se achicó”, le dio miedo y se dobló ante AMLO. Por eso, “los jefes” del PRD decidieron que no tropezarían “dos veces con la misma piedra”.

Frente a ese movimiento estratégico del PRD —y sabedor de que si Los Chuchos cerraban la puerta a Marcelo para 2018 su última oportunidad sería Morena—, López Obrador reaccionó con rapidez y antes de que Marcelo se acercara a Morena, hizo público —el 23 de febrero—, que “la tercera será la vencida”. Es decir, que en Morena no hay más jefe que AMLO. O si se quiere, que no hay lugar para Marcelo.

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Al final, Marcelo Ebrard no tuvo más remedio que buscar refugio con Dante Delgado, dueño de Movimiento Ciudadano, quien el 27 de febrero le tiró un salvavidas que será momentáneo. ¿Por qué? Porque si MC sobrevive las intermedias de 2015 —lo cual es difícil—, en 2018 se aliará con Morena. De esa manera, Marcelo está fuera de la contienda presidencial de 2018.

Lo curioso del ajedrez que se disputan las izquierdas en el tablero de 2018, es que en un mes —febrero de 2015— quedó definido que a casi tres años de la contienda presidencial, los votos de las izquierdas serán peleados sólo por dos tiradores; Miguel Ángel Mancera y Andrés Manuel López Obrador. Y vale la metáfora felina; veremos al “león joven” que tratará de destronar al “león viejo”; el mítico rey viejo al que la manada le ve poco futuro.

Pero la historia se vuelve más interesante cuando los hechos —la terca realidad—, muestran que el “león joven” resultó con más habilidad y talento políticos de lo que muchos esperaban, de lo que otros suponían y de las habilidades que sus cercanos conocían.

En efecto, Miguel Mancera no sólo mantiene la fiesta en paz con López Obrador —al que ha sabido torear con una izquierda bien educada—, sino que movió con habilidad las piezas del tablero para dejar fuera de la jugada a su padre político, el soberbio Marcelo Ebrard, quien como ya se dijo, literalmente está fuera de la jugada. Marcelo nunca vio venir el camión que lo atropello.

Además, durante los últimos dos años, Mancera tejió una red invisible que atrapó a uno de los animales políticos más aventajados de las llamadas izquierdas, el camaleónico Rene Bejarano, quien luego de los videoescándalos se había reconstruido sin control y que hoy también está en la lona. Bejarano aún hoy no logra descifrar la estratagema que lo atrapó y que casi lo destruye.

Los siguientes pasos de Mancera son clave. El primero es perder lo menos posible en la elección intermedia. Y trabaja intensamente para recuperar Iztapalapa, delegación que está a un paso de ser perdida por AMLO. También mueve todas sus fichas para cerrar el paso a Ricardo Monreal, que de seguro ganador hoy, es muy probable perdedor. Y en el resto de elecciones del DF, Mancera aprieta tuercas y parece dispuesto a no perder un solo voto. Y es que en junio se juega su pasaporte a 2018.

Y el segundo paso es pactar con Los Chuchos para que, por la vía de los hechos, Mancera se convierta en jefe de la manada amarilla. Así, pelearán el “león joven” contra “el león viejo”. Al tiempo.


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