La tormenta (económica) que viene

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Si el doctor “Catarrito”, Agustín Carstens, dice que viene un choque económico “potencialmente grave” y el ajuste que tendremos puede ser violento (entrevista aparecida inicialmente en The Financial Times, reproducida en varios medios nacionales y unas horas después sacado de los portales por órdenes…), debemos ponernos a temblar. Ello porque, recordemos, en 2008, el mencionado entonces secretario de Hacienda, dijo: la recesión que venía no era más que un simple “catarrito”, y la economía cayó 8 por ciento, algo de lo que no podemos reponernos todavía.

Las declaraciones del actual director del Banco de México se dieron cuando el petróleo se cotizó en un poco más de 20 dólares por barril y el dólar llegó a 18. 65 pesos. En el primer caso la cifra más baja en trece años y puede que descienda a menos de 20 billetes verdes, y en el segundo caso se destrozó el récord que se tenía en esa divisa.

Varios analistas financieros, entre ellos Rafael Camarena (grupo Santander), anunció que las malas nuevas continuarán; en tanto la presidenta del FMI, Cristina Lagarde, señala, optimistamente, que cuando más creceremos al 2.6 por ciento este año (sic dudoso).

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Para el analista Carlos Fernández Vega (La Jornada, 19 de enero), en los últimos meses hubo una caída de 4.3 por ciento en la minería y 1.2 por ciento en la construcción; la crisis presente en muchos lados.

Mientras que algunos legisladores, entre ellos Vidal Llerenas, del PRD, apuntan que la deuda mexicana ya ronda el 45 por ciento del PIB. Señalan, correctamente, que urge evitar mayores préstamos- hace poco la secretaría de Hacienda llevó a cabo uno por dos mil quinientos millones de dólares- y no despilfarrar los recursos públicos, algo que será como llamadas a misa, sin mayor atención por la clase gubernamental y política.

También urgieron los diputados a no aumentar los viajes oficiales- actualmente Peña Nieto está en los pases árabes sin mayores propósitos y luego volará, faltaba más, a la reunión de Davos, en la cual se atacará al “populismo” como el enemigo de la humanidad (sic que festeja el neoliberalismo)-, no elevar sueldos ni plazas en las secretarías y gastar responsablemente. Algo que por cierto deberían empezar por casa los que despachan en San Lázaro.

La deuda aumentó, por cierto, en 50 mil millones de pesos por los famosos bonos educativos, que servirán para posicionar como precandidato al 2018 al titular de la SEP, Aurelio Nuño. Pero además, hay otros empréstitos que vienen como en el rubro oculto de Proyectos de Alto Impacto y los del próximo aeropuerto, que podrá guardar en mejores condiciones el nuevo avión presidencial, cuya erogación fue de siete mil millones de pesos (jeques árabes, ja, ja).

Para algunos, incluido Carstens, el gobierno debe tener listas las finanzas para apuntalar con préstamos, igual que en Estados Unidos en 2009, a financieras, empresas y bancos que tengan problemas de liquidez (sic que pide su limosna). Pero eso fue posible en aquella nación por sus activos sólidos, algo impensable en las naciones llamadas emergentes. Y aun así, para muchos el rescate a la mayoría de especuladores nunca debió ocurrir en la nación de Obama.

Mientras estamos al borde de una nueva sacudida de grandes proporciones, en España continúa el proceso contra Humberto Moreira por lavado de dinero que sacó de nuestro país. Y nos informa la revista Proceso (número 2046), que la secretaría de Desarrollo Urbano y Territorial, Rosario Robles Berlanga, despilfarró en sus tres años como encargada de la mencionada dependencia y en Sedesol antes, la enorme cantidad de 900 millones de pesos en propaganda, en lugar de medio resolver los problemas de los más desfavorecidos.

En un reciente estudio de Oxfam, donde participa el economista mexicano Gerardo Esquivel, encontramos que el uno por ciento de la población tiene igual riqueza que el 99 por ciento restantes. Y que 62 personas amasan más dinero que el 50 por ciento de los habitantes más pobres del orbe.

El segundo hombre más pudiente del mundo es ni más ni menos que Carlos Slim, con 77 mil millones de dólares. No obstante que hace un año perdió mil 300 millones de billetes verdes por la reforma en telecomunicaciones que abarataron el servicio telefónico.

La crisis que viene, entonces, desgraciadamente nos pegará a los de abajo y enriquecerá más a una pequeña elite. Algo que inevitablemente siempre ocurre en el capitalismo y de manera rotunda en el neoliberalismo, no obstante lo que digan en las reuniones de Suiza.


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