La deuda de México ya cuesta más que endeudarse

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El Proyecto de Presupuesto de Egresos 2027 encierra una paradoja que las cifras no disimulan. Según el análisis del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), elaborado con datos de la Secretaría de Hacienda, el costo financiero de la deuda sería de 4.0% del PIB, frente a requerimientos financieros del sector público (RFSP) de 3.9%. Se invierte así una relación que se mantuvo entre 2020 y 2026: lo que se paga por lo debido superaría lo que se pide prestado, y la diferencia saldría de recursos fiscales que otros rubros dejarían de recibir.

Cuesta menos y pesa más

El costo total sería de 1.57 billones de pesos, una baja real de 2.9% respecto de 2026, y bajaría de 4.2% a 4.0% del PIB. La razón es externa a la disciplina fiscal: Hacienda proyecta la tasa de Cetes a 28 días en 6.0% a fines de 2027, frente a 6.5% en 2026. Aun así, ese gasto sería el principal rubro del gasto no programable, con 49.2%, por encima de las participaciones a las entidades federativas. Entre 2022 y 2026 absorbió 47.4% en promedio. Dentro del total hay movimientos que merecen atención: el costo de Pemex y CFE cae 17.7% real, mientras que los programas de apoyo a ahorradores y deudores de la banca crecen 79.6% real, de 35,553 a 65,906 millones de pesos.

Un saldo que sube y una meta que se aleja

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La deuda en su medida más amplia, el Saldo Histórico de los RFSP, pasaría de 52.3% del PIB aprobado para 2026 a 55.0% en 2027 y a 56.5% en 2032. Desde 2018 habría crecido 11.4 puntos porcentuales, 37.3% en términos reales. Por habitante, pasaría de 129 mil a 160 mil pesos de 2027. El monto sería de 21.7 billones de pesos en 2027 y de 24.6 billones en 2032.

El endeudamiento anual desciende de 5.8% del PIB en 2024 a 3.9%, pero la meta de 3.0% se ha pospuesto de forma sistemática. Primero se prometía para 2027, luego para 2028, y ahora no llegaría antes de 2032, cuando la proyección es de 3.1%. Los Pre-Criterios preveían bajar a 3.5% en 2027, y quedaría en 3.9%.

Dos lecturas de los mismos datos

La lectura favorable tiene argumentos: el endeudamiento anual baja casi dos puntos desde 2024, 79.3% de la deuda sería interna y predominan los instrumentos a tasa fija y largo plazo, lo que reduce la exposición al tipo de cambio y a las tasas internacionales.

La lectura crítica también los tiene. El descenso de la deuda entre 2020 y 2023, de 50.2% a 46.6% del PIB, se explicó por el crecimiento económico y la apreciación del peso, no por esfuerzo fiscal, y se revirtió en cuanto el déficit se ensanchó en 2024. Además, la mejoría proyectada descansa en un supuesto ajeno al control del gobierno: tasas de interés menores.

Ingresos estancados, demografía en contra

Aquí aparece la contradicción central. Los ingresos se mantendrían en 22.8% del PIB. Los petroleros declinan y los tributarios compensarían la caída, de modo que las finanzas dependerían cada vez más de la recaudación sin que el total crezca. Se proyecta consolidación fiscal sin ampliar los recursos para lograrla.

A ello se suma el envejecimiento. La edad mediana pasó de 29 a 32 años entre 2020 y 2025, y el promedio de hijos por mujer bajó de 2.1 a 1.9. Una base menor de población productiva sostendría una deuda mayor, con más demanda de gasto social.

Una advertencia sobre las cifras

La inversión entre costo y endeudamiento es de apenas una décima del PIB, un margen sensible a la medición. Además, el propio documento maneja tres cifras para la deuda de 2026: 52.3% aprobado, 54.5% y 54.0% como estimación de cierre. Una diferencia de 1.7 puntos en un mismo año pide explicación.

Lo que queda por discutir

Los datos no configuran una crisis inminente: la deuda es mayoritariamente interna y el costo baja. Tampoco permiten tranquilidad. El margen para salud, inversión o programas sociales se estrecha cuando casi la mitad del gasto no programable se destina a intereses. El gobierno puede exhibir un endeudamiento decreciente, y sus críticos una meta pospuesta dos veces.

La pregunta de fondo es quién pagará: una reforma tributaria políticamente costosa, un recorte del gasto o las generaciones que hoy no votan. Evadir la disyuntiva también es una decisión.

 

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