miércoles, febrero 18, 2026
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La bomba de Scherer

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Vino a regresar los golpes recibidos, pero hizo mucho más que eso. Al ajustar cuentas con miembros de la tripulación que lo incordiaron, exhibe la incapacidad del capitán del barco al que, paradójicamente, llena de halagos y, de paso, confirma el gran daño causado sin reparar en la responsabilidad que le toca.

El libro Ni venganza ni perdón es producto de jornadas de conversación entre Julio Scherer Ibarra con su amigo periodista Jorge Fernández Menéndez. El objetivo evidente es ajustar cuentas con personajes con los que convivió en el círculo más cercano de López Obrador, a partir del recuento de su larga y estrecha relación con éste; sin embargo, con independencia de sus intenciones, propinó el golpe más fuerte y certero que hasta ahora haya recibido el obradorato, no porque diga algo que no se haya señalado sino porque viene de su centro neurálgico y de ahí se desprenden no pocos ni menores delitos.

La bomba editorial es de tal magnitud y se colocó tan bien que la presidenta Sheinbaum optó por alegar ignorancia como tablita de salvación, no obstante la repercusión pública que ha tenido el libro, incluso antes de su lanzamiento. Afirma que no lo ha leído ni lo va a leer, confesando la táctica del avestruz que esconde la cabeza debajo de la tierra. Los largos e incómodos silencios, mientras buscaba cómo explicar que prefiere no saber, dijeron más que las inconexas frases militantes con las que finalmente salió al paso.

Scherer Ibarra no escatima deferencias para el ex Presidente ni justificaciones para sus actos, se suma sin tapujos al culto a su personalidad y hasta se atreve a reproducir a estas alturas el mito del asceta desprendido. Sus alabanzas llegan a ser de una empalagosa cursilería y en el clímax del melodrama le reprocha con dolor profundo que no lo defendiera públicamente, como si lo hizo con otros, a él que con devoción incondicional se entregó a su causa. Pero el testimonio de cómo López Obrador daba nombramientos y tomaba las decisiones más trascendentes es espeluznante y demoledor: no estaba preparado ni tenía las mínimas condiciones mentales para ejercer el cargo, las consecuencias son mayúsculas y merece rendir cuentas frente a un juez.

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El testimonio es de primera fila, cuenta lo que le consta y tiene documentos para sostenerlo. AMLO no solo entregó puestos a personas sin experiencia ni conocimiento, convencido del 90% lealtad y 10% capacidad, tampoco daba importancia a las facultades y obligaciones del funcionario sino solo a las tareas específicas que le asignaba, estuvieran en su ámbito o no; por eso decía que no daba cargos sino encargos. La profunda degradación de las instituciones y de los servicios públicos tienen que ver con eso.

Más grave aun es el gobernante testarudo que desprecia el conocimiento y la evidencia, obnubilado con sus caprichos, que decide sobre todo por instinto, rara vez considera otras visiones y no le preocupa violar la ley. Así acabó con el NAIM, con el INEE, con el Seguro Popular, con los fideicomisos y, más tarde, con el Poder Judicial e impuso el Tren Maya y la refinería de Dos Bocas. Su groupie intenta absolverlo con un giro inesperado: en realidad es un ser ignorante y manipulable que ni siquiera lee los periódicos y de eso se aprovecharon Ramírez Cuevas, Manuel Bartlett, Adán Augusto, López-Gatell, Gertz Manero y hasta Álvarez-Buylla.

La corrupción y el daño al erario fueron colosales. La improvisación en la pandemia fue trágica y la falta de medicinas y el declive en la vacunación siguen costando vidas. El crimen organizado financia campañas del partido oficial. Los contratos se asignan con criterios patrimonialistas. Se cabildea en la Corte a favor de intereses privados con la representación presidencial. El entonces ministro Arturo Zaldívar se comprometió con López Obrador durante la campaña en reunión privada y Scherer operó su elección como presidente de la SCJN. Amor con amor se paga.

No dice poco el libro de Scherer, pero hay muchas cosas que prefirió callar. No habló de sus dotes de recaudador en campañas ni de la influencia que llegó a tener en el Tribunal Electoral. Con razón en Palenque y en Palacio prefieren no darse por enterados, negando su lectura.

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