En Otro Canal: Tiempo de extremismos

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Por: Armando Reyes Vigueras

En la época actual, somos testigos de varios tipos de extremismos, tanto de izquierda como de derecha. Parece que los tiempos actuales son propicios para que surjan este tipo de expresiones que polarizan aún más el escenario político en distintas naciones. El episodio que protagonizaron senadores del PAN con el dirigente de Vox, es una muestra más de que no importan discursos moderados o buenas intenciones, pues lo que sobresale es el grito que ubica todo en un extremo.

Ir al extremo

El surgimiento de políticos como Viktor Orban, Marinne LePen, Donald Trump, Santiago Abascal, Pablo Iglesias y otros líderes más, se presenta aparejado al descrédito de los partidos tradicionales y al desgaste que muchos gobernantes han tenido, además de la idea de que todo pasado fue mejor y los avances que se han tenido en distintos rubros son hechos a un lado para lanzar reclamos de todo tipo.

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Es un fenómeno que lleva años y que sigue sorprendiendo, pues contra lo que se pudiera esperar por los fracasos que han tenido algunos de estos políticos cuando llegan al poder, el movimiento extremista sigue su marcha con posiciones que se alejan de las intenciones de muchos ciudadanos que buscan una convivencia social pacífica.

Así, los ataques en contra de inmigrantes, el nacionalismo exacerbado, el aislacionismo, medidas en contra de comunidades como la LGBT o de ciertas religiones, son sólo parte de las características de los discursos que enarbolan quienes se presentan al amparo de este tipo de tendencia política.

El reciente escándalo por el acuerdo entre senadores del PAN –que parece no informaron a su dirigencia nacional, que terminó deslindándose de esta acción–, es parte de una serie de equívocos que ha tenido el blanquiazul a lo largo de su vida institucional.

Y es que, si un partido en México ha sido señalado como parte de la extrema derecha, ese ha sido el PAN, a pesar de que muchos de sus militantes juran que son de centro político, de que no son un partido de corte confesional o que no responde a intereses extranjeros.

Ante cada declaración como la que mencionamos en el párrafo anterior, hay varias acciones de sus propios militantes que van en sentido contrario. Y los ejemplos sobran, veamos algunos.

Desde su fundación, el PAN fue señalado de tener vínculos con la Iglesia, por la presencia de algunos personajes que formaron parte del movimiento Cristero, así que la imagen de que se trataba de un partido de corte confesional no tardó mucho en aparecer. ¿Qué hicieron los panistas para corregir esta apreciación? Pues presumir que su doctrina –que no ideología– estaba basada en la doctrina social de la Iglesia Católica y en la década de los años 60 buscaron afiliarse a la Democracia Cristiana.

Al partido lo han relacionado con el nazismo, incluso con la acusación de que su fundación tuvo inspiración en el movimiento que se dio en Alemania también en los años 30 del siglo pasado, ¿Qué han hecho los panistas para aclarar esta situación? Pues permitir que algunos de sus dirigentes, en entrevista, confiesen su admiración hacia Hitler.

También el blanquiazul ha sido señalado como parte de la extrema derecha, en parte por su oposición al aborto, a la eutanasia y a los matrimonios igualitarios, algo que muchos panistas han negado, aunque permitan que grupos Profamilia se apoderen del discurso en este sentido y marquen la agenda del partido, evitando un debate interno acerca de estas posiciones.

Así, la firma de una carta para frenar el avance del comunismo, además de regresarnos a la época de la guerra fría, demuestra que para el PAN su imagen ante la ciudadanía es una tema que no les importa, pues cada ataque que han recibido a lo largo de su historia, los mismos panistas se han encargado de confirmarlo.

Y es que, sin duda, los panistas no entienden que es fácil acabar desprestigiados, lo que cuesta es ser congruentes para defender la imagen que quieren proyectar.

Finalmente, lo que queda luego de todo lo anteriormente relatado es la lección de que los extremismos seguirán siendo utilizados por aquellos que buscan llegar al poder a cualquier costo, sin medir el daño que hacen a la sociedad.

Si muchos critican la radicalización que está apoderándose de López Obrador, en especial luego de los recientes movimientos en el gabinete, la respuesta no puede ser la importación de un modelo que ni en España ha tenido éxito –cosa de ver sus resultados electorales–, que en el caso del PAN puede ser llamativo porque también echa a la basura la colaboración que desde hace décadas ha tenido con el Partido Popular español, pues Vox no es un modelo que le conviene a Acción Nacional, ni ahora ni en el futuro, ni mucho menos ante un lopezobradorismo que apuesta por la radicalización y la polarización.

@AReyesVigueras


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