El problema estructural de la democracia mexicana no es la existencia históricamente que desde 1855 se ha apropiado del discurso social para perpetuarse en el poder, sino la ausencia de una verdadera oposición que represente una alternativa a las propuestas de las coaliciones dominantes.
La oposición logró la victoria de Juárez y el liberalismo, también la oposición derrotó a Porfirio Díaz y hasta ahí llegó el modelo político mexicano porque la Constitución de 1917 no representó el marco referencial básico de una democracia como el modelo político que pudiera permitir enfoques ideológicos contrastantes.
En este escenario, el problema de la democracia mexicana consiste en la ausencia de definiciones de clase que presenten opciones como alternativas a las del grupo dominante y se agotan sólo en propuestas de alternancias de grupos y coaliciones alrededor del mismo proyecto nacional.
El PAN nació para corregir supuestas desviaciones del grupo revolucionario, el PRI se dividió internamente en función de tiempos y profundidades de política económica pero dentro del proyecto constitucional del Estado, el poscardenismo perredista pugnó por regresar a los orígenes del proyecto priista revolucionario, el PAN en el 2000 nada más ofertó cumplir con los ideales éticos del priismo histórico, la coalición PRIAN terminó por borrar del mapa las opciones de alternancia y Morena emergió del incumplimiento prianista.
Ahora mismo, nadie, ni Morena, ni el PAN, ni el PRI pueden configurar un modelo político-ideológico que le pueda presentar a la sociedad propuestas alternativas. En este sentido, la sociedad electoral mexicana está viendo a candidatos de Morena que provienen del PRI en cualquiera de sus versiones o del PAN de Gómez Morín a su actual presidente –como quiera que se llame–, pasando desde luego con el panismo del jefe Diego Fernández de Cevallos que potenció nada menos que el proyecto de modernización económica del presidente Salinas de Gortari.
Para hablar de democracia se requiere regresar al debate originario y ahí no hay más que releer, revisar y actualizar la única reflexión realmente valida en materia de oposición que tuvo México en momentos en que debió de haberse abierto el debate sobre la verdadera fuerza opositora que requiere el país. Se trata del análisis del sistema/régimen/Estado/Constitución/modelo de desarrollo que ha agobiado al país de manera inflexible e inamovible desde la Constitución de 1917.
Al analizar el proceso el sucesivo presidencial de 1958, el ensayista José Revueltas le entró al tema desde la óptica analítica del marxismo: la gran victoria conceptual y política del régimen institucional fue “imponer” el razonamiento de que el proyecto de la Revolución Mexicana en la Constitución –qué ha pasado por todos los vaivenes y todos los extremos– es el único viable y que todas las fuerzas políticas tienen que girar a su alrededor.
“No existe en México ninguna fuerza política seria, que en materia electoral a) quiera enfrentársele al gobierno, b) quiera, ni mucho menos, derrotarlo, c) crea estar o reunir las condiciones para hacerlo, y d) pretende romper en su base el monopolio político”.
Y Revueltas planteó lo que debiera ser la verdadera opción opositora de una democracia:
“La única clase llamada a hacerle al “gobierno revolucionario” una concurrencia política, es aquella que también viene a ser la única que puede hacerle la concurrencia económica”.
Y ahí está la clave de que por qué la democracia mexicana es una caricatura de sí misma. Todas las corrientes políticas dominantes desde Carranza hasta Sheinbaum Pardo se mueven en oscilaciones dentro del proyecto constitucional de Estado hegemónico, pero con las evidencias de que el desarrollo producto de ese Estado autoritario no ha generado ni crecimiento económico real, ni tensiones dinámicas entre trabajadores y empresarios y al final la clase burocrática –revolucionaria, posrevolucionaria, de economía mixta, estatista, populista, neoliberal o asistencialista– es la misma en sus planteamientos de teoría productiva y sólo cambia el discurso político de justificación: el asistencialismo lopezobradorista es una versión moderna del alemanismo del bienestar sin democracia.
Los que se definen como proyectos alternativos no son más que ajustes al funcionamiento del Estado absolutista que es el que define el rumbo de la política, la economía y la sociedad. Morena es hoy lo que ya fue el PRI, el PAN y el PRIAN y en estos más de 100 años de fuerzas políticas no ha habido una oposición real que defina la disputa de proyectos al margen del Estado y en función de la dialéctica entre las clases productivas en donde sí hay oposición: el empresario propietario de la economía y del Estado y el proletariado que debía construir la alternativa real en el régimen mexicano.
Las elecciones de 2027, del 2030 y las que vengan serán parte del modelo político mexicano que ha carecido de una oposición real que es la oposición de clase.
Política para dummies: La política es un distractor de la democracia.
@carlosramirezh
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