El tema norteamericano de migración

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Es urgente para EU aligerar las complicadas leyes migratorias que retienen a millones de extranjeros indocumentados en angustiosa precariedad.

El juez Andrew Hansen, de Brownsville, Texas, desenterró una vieja regla de 1946, escondida en los resquicios legales de su país, para detener la entrada en vigor del decreto presidencial con el que Barack Obama favorecería la eventual legalización de más de cinco millones de indocumentados, la mayoría mexicanos, actualmente en peligro de ser deportados. El decreto, que anteayer debió surtir efectos, quedó bloqueado porque “su intención no fue debidamente anunciada para dar oportunidad a los ciudadanos de manifestarse al respecto”. En realidad el juez Hansen respondió a las presiones de  26 gobernadores republicanos.

El Departamento de Justicia ya inició el procedimiento de apelación contra el fallo de Hansen. La batalla legal se prevé larga y difícil puesto que la mayoría de los magistrados de ese tribunal son designaciones del presidente Bush. 

A estas horas cientos de organizaciones de defensa de derechos civiles y políticos alistan manifestaciones de protesta en varias ciudades. Aquí la  reacción es análoga.

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La decisión del magistrado que congela el Decreto presidencial por varios meses nos recuerda la diferencia entre lo que es evidentemente justo y lo que son los formalismos legales diseñados para proteger la marcha segura de la justicia pero que también pueden servir, como en el caso que nos ocupa, para trabarla. Recuérdese la muy controvertida sentencia de nuestra Suprema Corte que cerró el caso de la señora Florence Cassez.

Es urgente para Estados Unidos aligerar las complicadas leyes migratorias que retienen a millones de extranjeros indocumentados en una angustiosa precariedad. El asunto se ha politizado y ahora enfrenta al presidente Obama a una mayoría legislativa que le es juradamente adversa. Los  esfuerzos que ha desplegado el Presidente no han vencido la feroz oposición liderada por el Partido Republicano que no le perdona a Obama su origen étnico.

Son los aspectos humanos que hacen dramático el fenómeno de la migración en todo el mundo que ha aumentado de 154 millones en 1990 hasta 231 millones en 2013, correspondiendo a 3.2% de la población mundial. 

Once o más millones de extranjeros piden regularizar su estancia en Estados Unidos. Hace tiempo, el asunto pasó de ser una cuestión de absorción social, tema que el “crisol” norteamericano siempre se preció en atender. Hoy  se trata más de incorporar la población que llega a una vasta comunidad de trabajo. Las perspectivas de mejoría en la economía norteamericana podría reducir la amenaza de deportación que pende sobre los mexicanos que esperan definir su situación. Las hondas desavenencias políticas son el principal obstáculo.

El giro que tome la problemática migratoria en Estados Unidos afecta actitudes internacionales. Los países europeos tienen que resolver los agudos problemas de todo tipo que les ocasiona el flujo que no cesa de incontenibles masas empobrecidas que les llegan de África o de  Europa Central.

En los Estados Unidos el problema migratorio no ha llegado al grado de severidad y peligro que tiene la Unión Europea, obligada, por razones de tratados internacionales, a aceptar y albergar a miles de individuos, algunos como los musulmanes violentos, que se profesan y actúan como enemigos declarados del sistema socioeconómico y político del país anfitrión.

Para Estados Unidos, en cambio, el problema migratorio es más simple. Al lado de un lento proceso de absorción social, lo fundamental es la inserción de los migrantes en la multitud de ocupaciones que les ofrecen una vida digna.

A México le toca mantenerse en una posición clara y cada vez más firme, insistiendo en que la cuestión migratoria norteamericana se atienda con extrema urgencia. Se trata de un asunto cuya solución, en último término, favorece más los intereses de Estados Unidos que los de México. Para ellos, va de por medio su estabilidad socioeconómica y el inteligente aprovechamiento de nuestra inmigrante mano de obra. Para nosotros, la cuestión es de índole humanitaria. Los parámetros son muy distintos.


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