lunes, marzo 23, 2026
Publicidad
1 (1)
previous arrow
next arrow
Inicio Plumas El ocaso de la militancia: ¿democracia o encuestocracia?

El ocaso de la militancia: ¿democracia o encuestocracia?

0
17

En un pasado cercano, los partidos políticos exhibían sus procesos internos como trofeos de democracia. La participación activa de la militancia en la elección de candidaturas, los debates abiertos y los niveles de votación eran interpretados como señales de vitalidad institucional. Durante las campañas, los aspirantes legitimados por estas bases subrayaban su origen democrático para proyectar congruencia con los ideales y la historia de su organización.

Sin embargo, el paradigma ha cambiado. Hoy, la popularidad medida por encuestas define el destino de las candidaturas. Las dirigencias contratan empresas externas bajo lineamientos de consejos internos, en un ejercicio que suele realizarse con discreción para identificar a quien encabeza las preferencias del electorado.

Morena popularizó este método mediante la figura de los “coordinadores de defensa de la 4T”, un título utilizado en precampañas para eludir las restricciones legales sobre actos anticipados. Sus aliados no tardaron en adoptar el modelo para definir candidaturas comunes, una tendencia a la que ahora se suma el Partido Acción Nacional (PAN).

El pasado 21 de marzo, Jorge Romero, dirigente nacional del blanquiazul, calificó como «decisión histórica» el anuncio de que el 100 % de sus abanderados serán elegidos por la ciudadanía mediante encuestas, alegando un retorno a las raíces de la fuerza política. En la práctica, esto significa que la popularidad ha sustituido a la vida interna partidista.

-Publicidad-

Más allá de la estrategia panista, es necesario analizar el fondo del problema: la crisis de los partidos para postular perfiles ante la sociedad. Históricamente, los procesos internos fueron blanco de críticas por la manipulación de padrones, el control de estructuras locales y el uso discrecional de presupuestos para favorecer a ciertos grupos —fenómeno conocido en el PAN como la “onda grupera”—. Estos acuerdos entre facciones proyectaron una imagen de descuido y desgaste institucional ante el electorado.

No obstante, las encuestas tampoco son infalibles ni están libres de sospecha. En 2012, la filtración de un sondeo que favorecía a Marcelo Ebrard para la candidatura presidencial del PRD generó tensiones; finalmente, el entonces jefe de Gobierno aceptó el resultado en favor de Andrés Manuel López Obrador para evitar la ruptura de la izquierda, pese a un margen estrecho del 1.6 %. En 2023, el propio Ebrard denunció «inconsistencias» en el proceso de Morena —estimadas por su equipo en un 14.4 %—, exigiendo la reposición del procedimiento por considerar que las irregularidades distorsionaban el resultado.

Mientras los partidos no garanticen una democracia interna real y dejen de permitir que cúpulas o grupos de interés manipulen la selección de cuadros, cualquier mecanismo —ya sean primarias, convenciones o encuestas— carecerá de legitimidad plena ante participantes y votantes. Este es el desafío central no solo para el PAN, sino para todo el sistema de partidos en México.

El PAN, en su urgencia por diferenciarse, ha optado por seguir la senda trazada por Morena. El tiempo determinará si esta apuesta fue un acierto estratégico o simplemente un clavo más en el ataúd azul.

Deja un comentario