Las encuestas sobre la aprobación de la presidenta Claudia Sheinbaum revelan una brecha cada vez más marcada entre sondeos nacionales e internacionales. Mientras empresas mexicanas reportan niveles de respaldo entre 70 y 80 por ciento —con picos de 79.5 por ciento en evaluaciones de “bueno o muy bueno” según FactoMétrica y Reporte Índigo en marzo de 2026—, consultoras extranjeras como Atlas Intel y Morning Consult muestran una tendencia a la baja que inquieta. Atlas Intel registró una aprobación de 53.9 por ciento en marzo, tras una caída de casi nueve puntos desde enero, y la calificación del gobierno como “Excelente/Bueno” se desplomó de 51.3 por ciento en febrero a 39.5 por ciento. Morning Consult, por su parte, ubica el respaldo en torno a 45-46 por ciento, con desaprobación superior al 49 por ciento.
Esta divergencia no es nueva, pero en marzo de 2026 adquiere mayor relevancia. Las encuestas nacionales, realizadas por firmas como QM Estudios, El Financiero o Mitofsky, destacan el apoyo sostenido a programas sociales, becas y políticas de igualdad. Sus promotores argumentan que reflejan con fidelidad el sentir de la población, capturado mediante entrevistas telefónicas o cara a cara en todo el país. Para el gobierno, estos datos confirman la responsabilidad efectiva en la continuidad de la transformación iniciada en 2018 y explican el respaldo ciudadano pese a desafíos como la inseguridad, que alcanzó récord de menciones como principal problema.
En contraste, Atlas Intel y Morning Consult —basadas en metodologías digitales y paneles internacionales— proyectan una erosión constante. Críticos de la administración ven en estos números una señal de descontento real: percepción de estancamiento económico, aumento de la violencia y cuestionamientos a la transparencia en ciertos rubros. La caída en la evaluación “Excelente/Bueno” de Atlas Intel genera indignación entre analistas independientes, quienes se preguntan si las encuestas locales subestiman el malestar o si las extranjeras exageran sesgos de metodología. ¿Por qué una misma realidad produce lecturas tan opuestas? La pregunta alimenta el debate sobre la independencia de las mediciones y la posible influencia de factores políticos o financieros en los resultados nacionales.
El caso ilustra tensiones estructurales en la medición de la opinión pública mexicana. Defensores de Sheinbaum sostienen que las consultoras extranjeras no capturan el contexto local ni el impacto directo de políticas en comunidades rurales o de bajos ingresos. Opositores, en cambio, celebran estos sondeos como un correctivo necesario: revelan una desconexión entre narrativa oficial y realidad cotidiana, donde la inseguridad y la economía pesan más de lo que admiten algunos estudios internos. La brecha invita a la reflexión sobre responsabilidad institucional. Si las encuestas extranjeras aciertan, el gobierno enfrenta un desafío mayor para recuperar confianza; si prevalecen las nacionales, la polarización solo profundiza la desconfianza mutua.
En un año electoral sensible, esta discrepancia no solo mide popularidad, sino que pone a prueba la credibilidad del sistema de encuestas y la madurez democrática. La ciudadanía observa con atención: ¿reflejan las cifras el apoyo genuino o una brecha que podría ensancharse? El tiempo y nuevas mediciones dirán si se trata de una corrección temporal o de un viraje estructural en la percepción del mandato de Sheinbaum.



















