DeVotos y otros políticos Nonsanctos: El deslinde que no convence

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Pues ya se armó el circo en el Palacio. Guadalupe Taddei renunció al INE entre señalamientos de contratos millonarios, choferes que resultaron apoderados de empresas proveedoras y fotos familiares con el contratista de moda. Y de repente, en Morena todos se hacen los desentendidos: “¿Taddei? ¿Quién es Taddei? Nosotros no la conocemos”.

La presidenta Sheinbaum salió a decir que la señora llegó a los órganos electorales en 2014, cuando Lorenzo Córdova mandaba en el INE y Morena todavía ni era partido. Que la aprobaron Córdova, Murayama y toda la plana mayor de entonces. Que su llegada a la presidencia del instituto fue por tómbola porque no hubo consenso en San Lázaro. Y que, por si faltaba, en Sonora gobernaba el panista Guillermo Padrés. O sea, según esta versión, Taddei es hija política de Córdova y ni de cerca huele a guinda.

El problema es que la memoria no es tan corta. Alfonso Durazo, gobernador de Sonora y presidente del Consejo Nacional de Morena, la impulsó. Uno de los hijos de Taddei terminó de secretario particular de Durazo. La propia Sheinbaum y el expresidente López Obrador la elogiaron en su momento como mujer “íntegra y honesta”. Y no olvidemos que el Congreso, con mayoría morenista, le amplió facultades a la presidencia del INE para que pudiera mover fichas con más libertad. Ahora resulta que todo eso fue coincidencia cósmica.

El truco del “fue culpa de Córdova” es tan viejo como el que dice “yo no fui, fue el de enfrente”. Córdova ya respondió que durante su gestión lo auditaron hasta el cansancio y no hallaron irregularidades graves. Mientras tanto, la Auditoría Superior ya anda revisando contratos, conflictos de interés y triangulaciones de recursos que involucran a empresas cercanas al entorno de Taddei.

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Es el clásico “ahora no es de nosotros”. Cuando todo iba bien, era “nuestra” consejera. Cuando salieron las primeras planas de presumibles corruptelas, de pronto se volvió un fantasma del pasado electoral. Así de fácil se cambia de chaqueta en la política mexicana: de “íntegra” a “producto de Lorenzo Córdova” en menos de una semana.

Al final, el deslinde suena a intento de lavarse las manos con jabón de tómbola. Pero el olor a contrato irregular y a foto familiar con el proveedor no se quita tan fácil. Y mientras tanto, el INE sigue ahí, con el proceso electoral encima y con la sensación de que alguien está tratando de barrer bajo el tapete lo que no cabe.

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