De nada sirven tantas neuronas si sólo haces estupideces

0
13

Hay expresiones que retratan mejor a quien las pronuncia que a quienes pretende ofender. Y cuando esas expresiones provienen de alguien que debería representar y defender a los trabajadores, el asunto deja de ser una simple falta de educación para convertirse en una muestra de la distancia que existe entre los dirigentes y sus representados.

Rafael Olivos Hernández, dirigente sindical del IMSS, se refirió a los trabajadores inconformes utilizando una expresión relacionada con sus supuestas «dos neuronas». Más allá del insulto, lo preocupante es la actitud que revela: el desprecio hacia quienes reclaman mejores condiciones para desempeñar su trabajo.

Porque esos trabajadores no están protestando por diversión. Están denunciando problemas que afectan tanto a ellos como a los pacientes que diariamente acuden al Instituto Mexicano del Seguro Social.

Los héroes que ahora estorban

Durante la pandemia, médicos, enfermeras, camilleros, laboratoristas y demás trabajadores de la salud fueron reconocidos como héroes.

-Publicidad-

Se les aplaudía por arriesgar la vida, por trabajar jornadas interminables y por atender a miles de pacientes en condiciones extraordinariamente difíciles.

Hoy, cuando muchos de esos mismos trabajadores denuncian la falta de medicamentos, materiales de curación, equipos funcionales y personal suficiente, parece que dejaron de ser héroes para convertirse en una molestia.

Qué curioso.

Cuando se necesitaba que permanecieran en los hospitales, merecían reconocimiento. Cuando exigen los recursos indispensables para atender a los enfermos, reciben descalificaciones.

Pero hay algo que algunos dirigentes parecen olvidar: un médico sin medicamentos, una enfermera sin material de curación y un hospital sin equipos funcionales no pueden ofrecer la atención que los pacientes necesitan, por mucha voluntad que tengan.

Los trabajadores y los derechohabientes no son adversarios. Son, en buena medida, víctimas de los mismos problemas.

El dinero existe. ¿Dónde están los resultados?

Cada año escuchamos cifras millonarias destinadas a la salud pública. Se anuncian presupuestos, inversiones, programas de modernización y estrategias para mejorar la atención.

Sin embargo, los pacientes siguen encontrándose con recetas que no pueden surtirse, consultas pospuestas, estudios que deben realizarse en laboratorios particulares y tratamientos que se retrasan.

El Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP) señaló que, aunque el gasto público en salud previsto para 2026 representaba un incremento real de 5.9 % respecto de 2025, continuaba 4.7 % por debajo del nivel de 2024.

Es decir, un aumento respecto del año anterior no necesariamente significa una recuperación de los recursos perdidos.

Por otra parte, aunque el IMSS ha informado porcentajes elevados de surtimiento de recetas, también se han documentado millones de recetas que no fueron atendidas completamente.

Y aquí surge una pregunta elemental: ¿de qué sirve presumir porcentajes si detrás de cada receta no surtida puede haber un enfermo esperando un medicamento indispensable?

Las estadísticas sirven para evaluar políticas públicas, pero no deben utilizarse para ocultar las experiencias de quienes padecen las deficiencias del sistema.

No basta con anunciar cuánto dinero se destina a una institución. También hay que explicar cómo se utiliza, qué resultados produce y quién responde cuando los servicios no funcionan.

El gobierno te da una pensión. ¿Cuánto te cuesta lo que no te proporciona?

Los programas sociales y las pensiones representan un apoyo importante para millones de personas. Negarlo sería absurdo.

Pero también resulta necesario examinar qué sucede cuando una familia recibe un apoyo económico y, al mismo tiempo, debe utilizar una parte considerable de sus ingresos para pagar servicios que deberían estar disponibles en las instituciones públicas.

El CIEP ha señalado que el gasto de bolsillo de los hogares mexicanos en salud alcanzó, en promedio, 6,421 pesos anuales por hogar en 2024.

Y los promedios esconden diferencias enormes.

Una familia puede gastar poco durante varios años y enfrentar después una enfermedad que consume sus ahorros, sus ingresos y hasta su patrimonio.

Medicamentos que no se encuentran, estudios realizados por particulares, consultas que no pueden esperar y tratamientos que deben comprarse fuera del hospital.

Entonces conviene hacer otra pregunta:

¿Cuánto vale realmente un apoyo económico cuando una parte de ese dinero termina pagando lo que el sistema público de salud no proporciona?

No se trata de oponer las pensiones a los servicios médicos. Ambos cumplen funciones distintas y necesarias.

Se trata de exigir que las políticas públicas se evalúen por sus resultados y no solamente por los anuncios que las acompañan.

Porque una pensión no sustituye una cirugía, una beca no reemplaza un medicamento y una transferencia económica no repara un tomógrafo descompuesto.

Con locura: cuando las estadísticas tienen rostro

Quienes nunca han acompañado a una persona gravemente enferma difícilmente pueden imaginar lo que significa vivir entre diagnósticos, hospitales, tratamientos, esperas e incertidumbre.

La enfermedad no afecta solamente al cuerpo.

También transforma la vida de quienes rodean al paciente. Cambia los horarios, las prioridades, las relaciones familiares y hasta la manera de entender el futuro.

Aparecen el miedo, el cansancio, la impotencia y, muchas veces, una soledad que resulta difícil explicar.

De esa experiencia emocional nació «Con Locura», una canción sobre la soledad que puede acompañar a una enfermedad grave y sobre los sentimientos que aparecen cuando las palabras ya no alcanzan.

No pretende sustituir una denuncia ni convertirse en una estadística más. Busca recordar que detrás de cada expediente médico existe una persona, y detrás de esa persona, una familia.

Cuando hablamos de medicamentos faltantes o tratamientos retrasados, no estamos hablando únicamente de inventarios, presupuestos o procedimientos administrativos.

Estamos hablando de seres humanos.

De personas que tienen miedo, que sienten dolor y que esperan una respuesta.

Y también de familiares que observan cómo pasan los días mientras intentan conseguir lo que debería estar disponible.

Estamos del mismo lado

Por eso resulta especialmente desafortunado que un dirigente sindical descalifique a los trabajadores que denuncian las deficiencias de los servicios de salud.

Los médicos y las enfermeras necesitan condiciones adecuadas para trabajar. Los pacientes necesitan atención oportuna y tratamientos completos.

Ambas exigencias son perfectamente compatibles.

El problema no se resuelve enfrentando a trabajadores contra derechohabientes, ni desacreditando a quienes señalan las fallas.

Se resuelve identificando responsabilidades, transparentando los recursos y corrigiendo aquello que no funciona.

Los directivos deben explicar por qué faltan insumos. Las autoridades deben responder por los problemas de adquisición y distribución. Los representantes sindicales deben defender a sus trabajadores y contribuir a mejorar las condiciones de atención.

Y los ciudadanos tenemos derecho a exigir resultados.

Porque el verdadero problema no es que alguien tenga muchas o pocas neuronas.

El problema es que quienes tienen la responsabilidad de tomar decisiones utilicen su inteligencia para justificar errores, descalificar críticas o proteger intereses, en lugar de resolver las necesidades de la población.

De nada sirven tantas neuronas si sólo haces estupideces.

Y cuando esas estupideces afectan la salud y la vida de las personas, dejan de ser motivo de burla para convertirse en un asunto de responsabilidad pública.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí