¿Chernobyl en Veracruz?

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Por: Alejandro Díaz

El 26 de abril de 1986 uno de los reactores nucleares de la planta eléctrica Vladimir Lenin de la ciudad ucraniana de Chernobyl en la entonces Unión Soviética fue sometido a una revisión rutinaria de mantenimiento. Al simularse un corte de la energía eléctrica exterior para mantener circulado el agua de enfriamiento, se sobrecalentó el núcleo del reactor nuclear número 4 que condujo a una explosión seguido de un incendio, con gases radiactivos. Así voló la tapa del reactor y se expulsó radiación en gran cantidad, formando una nube radiactiva que se extendió sobre Europa. Los materiales radiactivos liberados fueron 500 veces más que la causada por la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima. Aunque en el accidente en sí sólo causó 31 muertes directas, la región entera fue afectada; medio millón sufrieron radiaciones mayores que seguramente afectarán sus vidas sin que hasta la fecha se haya realizado una contabilidad final.

A pesar de que se han invertido cuantiosos recursos en la instalación de varios ‘sarcófagos’ de cemento armado para aislar la radiación, ésta llegó a buena parte de Ucrania y a los países vecinos (Bielorrusia y Rusia). Además, también abarcó buena parte de Europa, especialmente Suecia, Noruega y Finlandia, países escandinavos que resultaron afectados a causa de los vientos dominantes en esa época del año. En toda Europa hubo preocupación por la radiación presente en alimentos, la que se mantuvo por varios años afectando a millones de personas.

El fantasma de Chernobil recorre el planeta. La posibilidad de falla de otra central nuclear inquieta a muchos. Cuando un tsunami en 2011 inundó la planta nuclear de Fukushima se pensó en que se repetiría la tragedia. Aunque nunca alcanzó los niveles de Chernobyl, algunos países como Alemania, decidieron hacer de lado el uso de plantas nucleares.

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México tiene una sola planta nuclear con dos reactores: Laguna Verde, en el estado de Veracruz. Por décadas se ha temido que se dé ahí un caso similar a Chernobyl. Operada por la CFE, y bajo la supervisión de la Comisión de Seguridad Nuclear y Salvaguardias dependiente de la Secretaría de Energía lleva operando ya 30 años casi sin contratiempos. Incluso en 2009 y 2016 recibió reconocimientos internacionales por sus estándares de calidad debido a su desempeño.

La llegada de la 4T al gobierno federal cambió todo. Comenzando con la rotación de directores de planta. Con el tercer director de planta nombrado por la CFE en este sexenio, Héctor López Villarreal, varias fallas graves cambiaron su reconocida trayectoria: una alerta naranja en septiembre de 2020, luego una mala actuación tras la falla de una bomba del sistema de enfriamiento nuclear (similar al mal que destruyó Chernobyl) y el apagón de un transformador auxiliar que llevó nuevamente a una alerta naranja causado por una operación defectuosa de mantenimiento, además de una decena de sucesos que deben reportarse al Organismo Internacional de Energía Atómica.

El pasado septiembre el director López Villarreal fue promovido al cargo de coordinador corporativo nuclear sin que se haya dado a conocer el nombre de su sucesor, lo que permite suponer un cambio cosmético. Pero el hecho más grave que pudiera indicar problemas serios es que a finales de octubre pasado el periódico español El País publicó sobre nuevos desperfectos en Laguna Verde. Unos cuantos medios repitieron ese contenido, pero lo realmente preocupante es que no ha habido desmentido alguno por parte de la propia planta, de CFE o de la Secretaría de Energía, lo que confirma la trascendencia del hecho. ¿Tenemos en puerta un desastre similar al de Chernobyl?

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