Apoyar al ejército

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A pesar de lo que se sabe de Tatlaya, y de lo que se ha dicho sin confirmar del Ejército Mexicano, éste ha sido por décadas la institución en que más confía la población. Si bien su historia está manchada por la llamada Guerra Sucia de décadas pasadas, el Ejército ha emprendido en los últimos 30 años una labor que es envidia del resto del continente.

No sólo es uno de los ejércitos más reducidos del continente (en proporción al tamaño del país), y el que menos participación del PIB nacional demanda (excepto Costa Rica que no tiene ejército). Los 180,000 activos que lo conforman (más 29,700 miembros de la Fuerza Aérea Mexicana y 1,800 burócratas), además de las labores de entrenamiento y patrullaje que permanentemente realizan, siempre han colaborado para auxiliar a la población civil en casos de desastre. Son el mayor cuerpo del que dispone el gobierno para atender problemas extraordinarios.

El Ejército Mexicano (EM) es el único en Latinoamérica que no ha participado en un golpe de Estado en los últimos 90 años. Por el contrario, ha apoyado a la población civil a partir del desbordamiento del Río Pánuco (1966) en los casos de terremoto en Veracruz (1973) y en el D.F. (1985), así como de los huracanes Gilberto (1988), Emily, Stan y Wilma (2005), así como en las inundaciones de Tabasco (2007), entre otros desastres. El Plan DN – III ha probado ser su principal carta de presentación.

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El EM está compuesto por ciudadanos en uniforme que están sujetos, como todo mundo, a las leyes civiles pero también a las leyes militares y por tanto, deben responder en ambos ámbitos. Se agrupan siempre bajo el mando de un superior, que a su vez reporta al suyo consecutivamente hasta llegar al Secretario de Defensa Nacional, quien es responsable ante el Presidente de la República. Aunque el ejército sea una entidad corporativa, sus mandos no deben olvidar el carácter ciudadano de sus integrantes y siempre respetar su dignidad como personas.

Del mismo modo, ningún soldado ni mando alguno debe atentar contra la dignidad de ciudadanos civiles. Las armas que portan deben ser usadas siempre bajo protocolos bien estudiados para evitar accidentes e incidentes, así como también abusos y actos de prepotencia. El uso de las armas debe circunscribirse a cuarteles y zonas militares para ser empleadas sólo en entrenamientos mientras no haya una declaratoria presidencial que los lleve a actuar. Y aún en esos casos, deben emplearse bajo protocolos estrictos que protejan a la población civil.

El que el EM esté compuesto por ciudadanos en uniforme significa que está integrado por seres humanos falibles, que pueden equivocarse o fallar, por lo que su mejor control en principio es su superior, pero para evitar abusos y contubernios requiere de supervisiones espontáneas y profundas, de investigaciones si hay sospechas y de un tribunal militar que atienda y solucione demandas, en especial de derechos humanos.

Si hay elementos que no se comportaron como marcan los cánones y reglamentos, deberán sancionarse, pues si no hubiera sanción quedarían superiores y supervisores bajo sospecha de contubernio y manchan el buen nombre no sólo de la superioridad, sino de todo el ejército. Tatlaya deberá ser ejemplo para todos. Si se atentó a los derechos humanos de quienes atacaron al batallón, que se sepa, se juzgue, en su caso se condene y se haga público el resultado. Si por el contrario, los que intervinieron lo hicieron siguiendo todas las reglas, también que se haga público para que no se interprete mal. Guardar silencio del resultado sólo perjudica el buen nombre del ejército y de quienes lo encabezan.

El EM ha logrado mantener la confianza del pueblo mexicano en las últimas décadas gracias a su comportamiento y a su generosidad en casos de desastre. A pesar de que hay propuestas pendientes (separar a la Fuerza Aérea del EM, establecer un mando único para el Ejército, Marina y Fuerza Aérea bajo un civil que responda al Presidente, y aumentar el presupuesto a 1.4% del PIB -similar al de Canadá y países europeos), la mejor manera de festejar este 19 de febrero el Día del Ejército, y de que el pueblo lo siga apoyando, es que la superioridad encabezada por el General Secretario se sienta obligada a mantener esa confianza y a no permitir que ningún escándalo la dañe, caiga quien caiga.


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