A mitad del camino

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En la segunda parte del sexenio el tema que ya arrancó con vehemencia y vigor es el de la sucesión presidencial.

En la política no es fácil distinguir las palabras de las acciones.
Daniel Innerarity

Si un gobierno es acusado de corrupto y su reacción es para confirmar la imputación, no tiene caso ya analizar el resto de su actuación. En otras palabras, cuando un gobierno tiene el estigma de corrupto no hay nada que se pueda poner en el otro platillo para equilibrar la evaluación. Ése es el mayor desprestigio al cumplirse tres años de la administración de Peña Nieto. Si a lo anterior agregamos la impunidad que ha caracterizado a todas las denuncias en esta materia, se puede concluir que será recordado justo por estos señalamientos.

Otro aspecto de la mayor trascendencia y en el que hay un enorme vacío es en el discurso presidencial. Ni siquiera Luis Echeverría, quien abusó tremendamente de la palabra, habló tanto como lo ha hecho el actual Presidente. Lo malo es que sus palabras no resisten el cotejo con la realidad. La brecha es abismal. Decir que México es referente mundial solamente me lo explicaría en la corrupción y en la impunidad precisamente.

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El jefe del Ejecutivo no deja pasar la más mínima oportunidad para hablar, incurriendo en lugares comunes, en cosas obvias y sin hacer reflexiones trascendentes que puedan ser recordadas por sus oyentes.

La política es palabra, no se puede distinguir con precisión cuando es hueca y cuando son intenciones, propósitos, hechos. No recuerdo, de otros presidentes, un discurso tan pobre conceptualmente hablando y tan carente de verosimilitud.

También lo que resulta grave es el mal tino para seleccionar a sus funcionarios. Es evidente la condena de la opinión pública de algunos de sus colaboradores.

Pocos presidentes han viajado tanto al extranjero. Sin embargo, estamos totalmente ayunos de una política exterior congruente. Es verdaderamente grave que ante situaciones como la de Venezuela, que ya recibió la condena del secretario general de la OEA, Luis Almagro, haya un absoluto silencio de nuestra parte.

Con lo anotado es suficiente para calificar negativamente al gobierno actual. Se me podrá criticar de ser parcial, al no señalar aspectos positivos. Pero, cuando uno se atreve a escribir, lo prioritario es señalar lo negativo en el afán de que las situaciones se corrijan. Que sus compañeros de partido se encarguen de señalar los aspectos positivos. Todos los teóricos de la política le asignan a los partidos de oposición la tarea de ser contrapeso y denunciantes del mal ejercicio del poder. En eso radica la sabiduría de la democracia. En eso consiste la vida plural que debemos mejorar cotidianamente.

En la segunda parte del sexenio el tema que ya arrancó con vehemencia y vigor es el de la sucesión presidencial. Percibo precipitación para realizar encuestas cuando es impredecible lo que ocurrirá en 2018. La experiencia nos enseña que nuestra realidad se está modificando de manera vertiginosa. Todavía viviremos muchas sorpresas.

Con todo y que muchos digan que en México no pasa nada, lo cierto es que el cambio se está dando en todos los órdenes. La ciudadanía tiene una tarea de suma urgencia. Frente al mal desempeño de la clase política, lo peor es que triunfe en el ánimo ciudadano el malestar, el conformismo y la resignación; creer que lo mejor es marginarse y no involucrarse en asuntos públicos; que prevalezcan egoísmos para darle prelación a la defensa de nuestros intereses personales y nuestro entorno inmediato. Una actitud así puede conducirnos a que las cosas empeoren o bien, que nos deslumbremos con falsas expectativas y se propicie aún más la frustración colectiva.

Todas las épocas son difíciles y todas demandan un compromiso de participación. Sin embargo, los tiempos actuales tienen una carga inusual de amenazas y riesgos. Hay una enorme confusión y una pesada carga de incertidumbre. Hay muchas voces, pero desafortunadamente en la ciudadanía prevalece la desorientación. Tal vez, después de todo, habrá que atribuirle al actual gobierno la tarea de sacudir las buenas conciencias y hacerlas más responsables.


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