En Valle de Bravo, donde el lago brilla y los turistas gastan, la política también se hereda como si fuera un terreno bien ubicado. La alcaldesa Michelle Núñez, de Morena, no se anduvo con rodeos. En un evento público, frente a vecinos que esperaban apoyos, presentó a su hermano, el doctor Luis Alberto Núñez, presidente del DIF municipal, y soltó la frase que ya corre de boca en boca: «Yo les quiero encargar mucho [a mi hermano] para que demos continuidad a todo lo que estamos haciendo».
Así, sin anestesia. Continuidad, le llaman. Otros, más cínicos, le dicen lo que es: preparar el terreno para que el hermano ocupe la silla cuando ella la deje. El doctor no es un desconocido. Anda pegado a la alcaldesa en actos, entregas de materiales, eventos comunitarios. Si hay sillas de ruedas, andaderas o bastones que repartir, él aparece como el hombre que puede gestionarlos. Qué coincidencia tan útil.
Morena se la pasa predicando contra el nepotismo. La propia presidenta Claudia Sheinbaum ha empujado reglas para que los cargos no se queden en la familia como si fueran un negocio particular. Pero en el Estado de México, y especialmente en este Pueblo Mágico, las reglas parecen más bien recomendaciones que se leen en voz alta y se guardan en el cajón. Mientras el partido habla de renovación y de no repetir los vicios del pasado, en Valle de Bravo ya se cocina la sucesión entre hermanos con el pretexto más viejo del manual: «hay que darle continuidad al proyecto».
El proyecto, claro, es el de ellos. Luis Alberto no solo reparte apoyos; se ha vuelto presencia fija. En redes se le ve entregando materiales para bardas de escuelas, acompañando inauguraciones y festejos. Todo muy familiar, todo muy cercano. Y mientras tanto, los vecinos que necesitan una andadera escuchan el mensaje entre líneas: apoyen al hermano y quizás la ayuda llegue más rápido.
No es la primera vez que se habla de esta aspiración. Desde hace tiempo corre el rumor de que Michelle quiere dejar el municipio en casa. Primero el DIF, luego la presidencia. Clásico. Como si el cargo fuera un puesto de taquería que se traspasa al pariente más cercano para que no se enfríe el negocio. La diferencia es que aquí se maneja presupuesto público y se habla en nombre del pueblo.
El problema no es que un hermano ayude a otro. El problema es usar el cargo, los eventos oficiales y los programas sociales para construir una candidatura anticipada mientras el partido presume de ser distinto. En Valle de Bravo ya no se discute si hay nepotismo; se discute cómo se disfraza de «continuidad». Y mientras los discursos oficiales hablan de transformación, en el lago se escucha otro eco: todo queda en familia.



















