martes, julio 21, 2026
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El Mayo cae, pero los enjuagues siguen calientes

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El director de la DEA, Terry Cole, no se anda con rodeos. Tras la sentencia de cadena perpetua a Ismael “El Mayo” Zambada, soltó la frase que pone a temblar a más de uno: “Esto es solo el principio”. Y no se limita a los capos; va también por “cada funcionario corrupto de gobierno”. Órale, ahí les cayó el veinte a los que creen que el negocio del polvo blanco opera en el vacío.

El Mayo, ese viejo lobo del Cártel de Sinaloa que parecía intocable durante décadas, ya está tras las rejas de por vida en Estados Unidos. Capturado en circunstancias que todavía huelen a churro, juzgado y sentenciado. Para muchos era el símbolo de que en este país algunos viven por encima de la ley. Hoy, el mito se derrumbó. Pero como dice el dicho: muerto el perro, no se acaba la rabia.

Lo sabroso del asunto es que Cole no se quedó en los narcos de pura cepa. Apuntó directo a la corrupción oficial que les hace el caldo gordo. Porque todos sabemos que sin mordidas, sin protecciones desde las alturas y sin ojos que se hacen pendejos, estos imperios no durarían tanto. ¿Cuántos “servidores públicos” andan con el Jesús en la boca y la mano extendida? La advertencia gringa cae como piedra en el estanque: el agua se mueve y las ranas saltan nerviosas.

En México, claro, ya salieron los de siempre a gritar soberanía y que nadie se meta. Mientras tanto, la gente sigue contando muertos y viendo cómo el fentanilo y la violencia se comen barrios enteros. No es gringo versus mexicano; es gente harta de que les vendan protección mientras los narcos y sus cómplices se reparten el país como piñata.

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El Mayo ya pagó su cuenta. Bien por la justicia yanqui que lo metió en el bote. Pero si Cole va en serio con lo de los corruptos, prepárense. Porque aquí no faltan candidatos: desde gobernadores hasta funcionarios de tres al cuarto que viven de la lana del diablo. Ojalá no sea puro discurso. Porque si de verdad empiezan a caer piezas grandes, va a estar bueno el chisme.

Al final, el mensaje es claro: nadie es intocable. Ni los capos ni los que les cubren las espaldas desde los escritorios con aire acondicionado. A ver si esta vez sí jalan parejo y limpian la casa, o si nomás cambian de compadre.

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