¿Quién dice que la política y el fútbol no se llevan? Porque al igual que en el fútbol, en la política mexicana todo se hace con las patas.
Tirititito. La presidenta Sheinbaum presentó con bombo y platillo el Olinia, su prototipo de auto eléctrico mexicano que prometía revolucionar la movilidad. Especialistas ya lo revisaron y el veredicto es claro: carece de la seguridad mínima para sustituir a los vehículos convencionales. Un coche que, en caso de choque, más que ahorrar gasolina, podría dejar a sus ocupantes con más recuerdos que un portero tras un penalti fallado. Buen intento, pero el balón se fue por encima del travesaño.
Fuera de Lugar. El senador Enrique Inzunza, señalado por el Departamento de Justicia de Estados Unidos por presuntos nexos con el narco, sigue sin aparecer por el Senado, aunque sí cobra su sueldo puntualmente. Sus explicaciones no convencen ni a su propia sombra. Mientras tanto, desde Sinaloa manda mensajes de inocencia que suenan tan huecos como un estadio vacío. Declaraciones que no reflejan la realidad ni del país ni de su propia agenda.
Penalti. El alcalde panista de Metepec, Fernando Flores, irrumpió en un club deportivo con escoltas armados, agredió a un civil y complicó aún más el escándalo con cada nueva revelación. El PAN nacional se deslindó, lamentó los hechos y exigió investigación, pero no ha pedido su renuncia. Parecen no saber cómo defender su portería. Una patada en propia área que deja al partido sangrando en imagen.
Tiempo Extra. Emiliano González, el “asesor-camarógrafo-acompañante” de Gerardo Fernández Noroña, ha cobrado más de un millón de pesos en contratos del Senado en poco más de un año. No solo graba o sigue al senador: hace de todo. Mientras niegan irregularidades, la polémica crece porque no reconocen que este tipo de arreglos huelen a falta grave. Tiempo extra para explicar lo inexplicable.
En el cierre deportivo, México debutará en el Mundial 2026 como anfitrión en el Grupo A frente a Sudáfrica. La Selección buscará avanzar en un torneo histórico de 48 equipos, donde las metidas de pata se pagan caras, igual que en la política.




























