Las acciones rumbo a las elecciones intermedias del 2027 comienzan a ganar terreno; los Partidos Políticos e inclusive el gobierno federal por conducto de su Titular, han puesto la mira en las próximas contiendas haciendo anuncios y propuestas equivalentes a las de una campaña.
Dadas las circunstancias, determinadas por un ambiente de polarización política acompañado por un cambio de régimen definido por su corte autoritario, colocando a los institutos políticos de oposición contra las cuerdas, aprovechando una opinión pública adversa a los Partidos, además abonando con todos los medios disponibles del Estado para nutrir esa percepción, con el objeto de llevarlos a una etapa terminal, no es extraño que haya reacciones.
Este último objetivo afortunadamente no ha sido conseguido por el movimiento morenista y, no lo digo por los Partidos Políticos de oposición que han tenido luces y sombras, reconociendo que en estos últimos años han realizado esfuerzos importantes frente a la adversidad, pues han tenido que enfrentar procesos electorales inequitativos y en muchos casos junto con autoridades parciales.
Sin embargo, seria una lamentable desgracia para el país tener a Morena como Partido de Estado, pues, aunque en el discurso defienden la pluralidad democrática; en contraste, las acciones van dirigidas a cercenar cualquier competencia electoral e imponer una línea intolerante de pensamiento, cuestiones que si bien, no han podido consolidar, tampoco cesan en su afán por conseguirlo.
Esa amenaza latente, mantiene alerta a muchos lideres de opinión e importantes segmentos de la sociedad, que observan con preocupación el derrotero por el que conducen al país; regresivo en virtud que destruyen todos los avances en favor de la democracia, que valga decir, muchas aportaciones para construir las reglas y principios que han sostenido la vida democrática contemporánea fueron propuestas de quienes ahora en Morena y desde el gobierno las rechazan y combaten.
En los hechos las campañas del 2027 han comenzado, perfilando a la Presidenta a la cabeza de la estrategia morenista, pues ni duda cabe que no cejara en su intento de aparecer en la boleta y participar activamente en pro de las banderas cuatroteístas.
Por su parte, las organizaciones políticas muestras sus cartas y ofertan espacios en medio de un ambiente altamente polarizado, confrontación a la que se añade el tema del Plan B, diseñado para legitimar a la titular del Poder Ejecutivo y permitir que tome parte en el proceso.
Han aflorado muchos temas en lo que va del sexenio, algunos heredados y otros surgidos en esta administración, sin que se adviertan soluciones de fondo, destacando como novedad la introducción de la Revocación de Mandato empatando el mecanismo con los procesos intermedios.
Seria ingenuo pensar que se hace de buena fe, cuando ese ejercicio ha sido completamente distorsionado, pasó de ser un derecho ciudadano excepcional y emergente, a una ratificación del cargo, promovida desde el poder inducida y manipulada para beneficio del régimen, se ha pervertido y utilizado como pretexto para justificar la participación aduciendo el derecho de hacer campaña a su favor.
Por lo pronto, la señal es que necesitan desde ahora a una Presidenta buscando votos.



























