lunes, marzo 9, 2026
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El declive de Morena y la parálisis opositora

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La encuesta nacional de Buendía & Márquez, difundida el pasado 23 de febrero por El Universal, revela un retroceso significativo de Morena en la intención de voto hacia las elecciones intermedias de 2027. El partido oficialista cayó del 46% en febrero de 2025 al 34% en el mismo mes de 2026: una pérdida neta de 12 puntos porcentuales en un año. Aunque conserva el liderazgo, es el descenso más pronunciado desde el inicio del gobierno de Claudia Sheinbaum.

Por su parte, el estudio de Enkoll del 4 de marzo refuerza esta tendencia. Ante la pregunta: “Si hoy fueran las elecciones para diputados, ¿por cuál partido votaría?”, Morena registró una caída de 6 puntos desde octubre de 2025. En preferencia bruta, pasó del 48% al 42%, mientras que en preferencia efectiva descendió del 61% al 54% en el mismo periodo.

Si bien los sondeos no detallan las causas del desgaste, el contexto sugiere respuestas. El impacto de los escándalos por el uso de artículos de lujo, viajes al extranjero, señalamientos de corrupción y presuntos vínculos con el crimen organizado parece haber modificado la percepción ciudadana sobre el partido guinda.

La «buena noticia» para el oficialismo es que mantiene la hegemonía en las encuestas; la mejor, que la oposición parece incapaz de capitalizar la coyuntura, pese a que la brecha se reduce. Mientras en redes sociales crece el respaldo a una alianza opositora total para 2027 —con el fin de arrebatar la mayoría en la Cámara de Diputados y las gubernaturas en juego—, las dirigencias partidistas caminan en sentidos opuestos. Alejandro Moreno (PRI) lanzó la propuesta, pero Jorge Romero (PAN) respondió que apostarán por una estrategia individual. En tanto, Movimiento Ciudadano mantiene un silencio que anticipa la misma ruta de aislamiento que tomó en 2024.

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Incluso «Somos México», organización que busca su registro ante el INE, ha planteado una coalición, pero con la mirada puesta en una candidatura presidencial única para 2030, ignorando la urgencia del 2027.

Sin un diálogo que lime asperezas, sin un discurso atractivo y sin acciones que los saquen de su zona de confort, los partidos opositores no solo desaprovechan la vulnerabilidad de Morena, sino que se arriesgan al rechazo del electorado. Para el PRI, esta parálisis representa la frontera entre conservar o perder el registro. El PAN y MC deberían verse en el espejo del PRD, que terminó desdibujado del mapa competitivo del país.

Morena, en tanto, parece concentrado en modificar las reglas para perpetuarse en el poder; sin embargo, la erosión de su aprobación podría llevarlo por el mismo camino de declive que sus antecesores. Este vacío de representación real abre la puerta a perfiles ajenos a las plataformas tradicionales: candidaturas que, cabalgando sobre el descontento, busquen victorias mediante populismos similares a los que hoy vemos en el escenario internacional.

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