lunes, marzo 2, 2026
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Trump: ajedrez geopolítico va cinco jugadas adelante

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Aunque la decisión de atacar a Irán ya había sido de alguna manera cantada por el presidente Trump, los primeros indicios en las acciones revelaron en el fondo un juego de ajedrez geopolítico también advertido por la Casa Blanca para confrontar los avances de sus adversarios internacionales Rusia, China e Irán y antes en Venezuela e indirectamente en México.

El primer movimiento tiene que ver con el petróleo y directamente con China. Apoderarse de Venezuela recortaría suministro de 800,000 barriles diarios de Maduro al régimen de Xi Jinping y a través de Irán le disminuiría 1.2 millones de barriles árabes diarios más. Aunque el consumo diario de petróleo en China es de 16 millones de barriles, el recorte abrupto de alrededor de 12% de crudo limitaría la fuerza militar, económica, comercial, portuaria y tecnológica del gigante oriental. Y faltaría ver cuánto petróleo le reduce Arabia Saudita como aliada estratégica de Trump.

En otro efecto podré hacer chuza en Europa occidental respecto de la Rusia de Putin. El control de flujo petrolero de los tres gigantes productores –Venezuela, Irán y Saudiarabia– buscaría a obligar a los países europeos a salirse de su amañada tregua y dejar de comprarle petróleo y gas a Rusia, en cuya venta de energía se había refugiado el régimen de Vladimir Putin desde la invasión a Ucrania hace cuatro años.

La estrategia de reconstrucción del poderío geopolítico de Estados Unidos que había emprendido Trump desde sus posicionamientos muchas veces atrabiliarios estaría adelantando jugadas en el ajedrez geopolítico para regresar a una segunda gran guerra del petróleo, pero con la fortaleza estadounidense en la toma de Venezuela e Irán y la muy sólida alianza con el régimen teocrático de Arabia Saudita.

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El segundo efecto de la ocupación estadounidense de Venezuela y en curso las de Irán tiene que ver con la alianza entre todos los grupos revolucionarios y terroristas que había logrado conjuntar desde los años ochenta el liderazgo de Maumar el Gadafi y sus varias reuniones en Trípoli con la presencia de líderes de todas las organizaciones de izquierda y ultraizquierda en América Latina, Europa y el Medio Oriente.

En el territorio latinoamericano, dos países jugaron en la corriente de Irán y su búsqueda de penetrar el continente americano: menos Cuba, pero mucho más Nicaragua, y en ese sentido hay que prever que la estrategia de presión discursiva pero también de cerco económico ya está a punto de dar cuenta con el régimen de los Castro en Cuba al cortarle suministros de petróleo y tener más de una semana paralizada a la isla en su funcionamiento precariamente industrial y de servicios indispensables y el viernes el Departamento estadounidense de Estado anunció sanciones contra funcionarios del Gobierno nicaragüense de Daniel Ortega como un adelanto de un ahorcamiento del régimen que formaba un corredor revolucionario de autodefinición comunista: La Habana-Managua-Caracas.

Este juego de ajedrez geopolítico pudiera no estarse entendiendo en función del estilo atrabancado del presidente Trump y de sus decisiones radicales de movilizar ataques armados –aunque todavía sin desplegar tropas físicamente– contra países que han jugado un papel central en la configuración de un poder de confrontación contra la Casa Blanca, aprovechando las frivolidades de Clinton, las torpezas de Bush Jr. y las debilidades de Biden, permitiéndole a Trump aparecer como un estratega imperial en modo Ronald Reagan pero masterizado.

Lo ocurrido con Venezuela, Irán, Cuba y Nicaragua tienen una lectura estratégica en México con los indicios de que la ofensiva necesaria contra el líder del Cártel Jalisco habría sido un mensaje de Palacio Nacional a los discursos de Trump y los indicios de penetrar de manera militar en México para combatir a los cárteles del narcotráfico, porque la frontera con México es el riesgo número uno de seguridad nacional de Estados Unidos en cuanto a la penetración de grupos terroristas latinoamericanos y sobre todo árabes radicales.

Nadie se puede llamar sorprendido si desde su primer discurso en su segundo período Trump definió –en modo orwelliano de la novela 1984— el principio militar de la paz… de los sepulcros: la paz a través de la fuerza o a través de la guerra. Trump, antes de sus decisiones, fue muy insistente en enviarle mensajes a México, a Cuba, a Venezuela, ahora a Nicaragua, y al régimen teocrático de Irán, pero las respuestas fueron ostentosamente despectivas y de soberanía nacional de cada país. El dato mayor lo tienen las agencias de inteligencia y seguridad nacional de EU respecto a la presencia de radicales terroristas árabes en países de América Latina y tratando de ingresar a territorio americano por la frontera de México.

En ese contexto, las acciones de Trump se ven mal entendidas si solo las acreditan al modelo de Nerón Golden de la novela de Salman Rushdie.

Política para dummies: la política se esconde detrás de la guerra, en una variante de Clausewitz.

carlosramirezh@elindependiente.mx

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@carlosramirezh

El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del periódico que la publica.

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