La riqueza cultural de México enfrenta un desafío histórico que amenaza con silenciar sus raíces más profundas. En el marco del Día Mundial de la Lengua Materna, datos recientes revelan una tendencia preocupante: la proporción de hablantes de lenguas indígenas en el país ha disminuido, pasando de 6.6 personas por cada 100 en el año 2010 a solo 6 en la actualidad.
Este fenómeno no es solo una estadística, sino una alerta generacional. El reporte de TResearch, basado en cifras del INEGI, destaca que menos del 10% de los hablantes actuales son niños menores de 10 años, lo que pone en entredicho la transmisión de estos conocimientos a las futuras generaciones. La discriminación se identifica como una de las causas principales por las cuales se está dejando de practicar y enseñar estas lenguas en el seno familiar.
El mapa de la resistencia lingüística
A pesar del panorama nacional, existen estados que se mantienen como los principales guardianes de la diversidad. Oaxaca encabeza la lista con un 27.3% de su población hablante, seguido de cerca por Yucatán con 26.1% y Chiapas con 23.4%. En contraste, la realidad en el resto del país es muy distinta; en 14 entidades federativas, menos del 2% de sus habitantes habla una lengua originaria, evidenciando una brecha geográfica considerable en la preservación cultural.
Náhuatl y Maya: Los pilares
La diversidad lingüística de México es vasta, pero se concentra en unos pocos pilares. El náhuatl se mantiene como la lengua más hablada, concentrando al 23.6% de los hablantes totales. El maya ocupa el segundo lugar con el 12.4%, seguido por el tzeltal con un 7.9%.
Es importante destacar que el 19.8% de las voces indígenas corresponden a más de 50 lenguas minoritarias que luchan por sobrevivir en un entorno cada vez más globalizado. Entre estas destacan también el zapoteco, el mixteco y el tzotzil, cada una con una presencia significativa pero bajo constante presión.
Un llamado a la preservación
El análisis demográfico muestra que el grupo de edad que concentra la mayor cantidad de hablantes es el de 40 a 49 años, con un 15.8%. A medida que la edad avanza, los porcentajes fluctúan, pero la base de la pirámide —los niños— es la que muestra el vacío más crítico para garantizar que estas lenguas no desaparezcan.
Preservar una lengua va más allá de proteger palabras; se trata de resguardar la identidad y el patrimonio cultural de la nación. Ante este escenario, la implementación de políticas públicas y el combate frontal a la discriminación se vuelven urgentes para evitar que el silencio envuelva a las lenguas que dieron origen a la historia de México.


























