La pregunta es por qué hasta ahora. Adán Augusto López deja el control del Senado un año después de volverse insostenible. En febrero de 2025 se giró la orden de aprehensión contra Hernán Bermúdez, su secretario de Seguridad en Tabasco, pero resistió el vendaval a pesar del escándalo. Lo que llama la atención es que el cambio se da en un momento complicado para la presidenta Claudia Sheinbaum.
Está acreditado que alertaron a Adán Augusto sobre Bermúdez y sus nexos antes de que lo nombrara y, por si eso fuera poco, se publicaron los informes de inteligencia militar que daban cuenta de sus actividades criminales, pues son parte de la filtración que hizo Guacamaya en octubre de 2022. Por algo no actuaron, ni López Obrador ni él, entonces secretario de Gobernación con ascendencia sobre Carlos Merino, su sustituto en la gubernatura que mantuvo al criminal en el cargo.
No es el único episodio turbio en el que el senador morenista se ha visto involucrado, su nombre es asociado con factureros, contratistas y huachicoleros, así como con el financiamiento ilegal de campañas y precampañas; pero entregarle la seguridad del estado que gobernaba al jefe de La Barredora, cártel local muy violento vinculado con el de Jalisco, basta y sobra para cese inmediato e investigación. Sin embargo, y no obstante los múltiples trascendidos de que era mal visto en Palacio Nacional, se mantuvo en el puesto durante lo más difícil de la crisis, seguramente por el apoyo del “hermano” que habita en Palenque, para irse cuando parecía haberla librado, aunque, eso sí, manteniendo el fuero.
Adán Augusto asegura dejar la coordinación de Morena y la poderosa presidencia de la JUCOPO para dedicarse al trabajo territorial rumbo a la elección de 2027, sin dejar su escaño en el Senado. El grupo en el poder ha llegado a tales extremos de cinismo que uno de sus miembro insignes puede declarar que cobrará como legislador, pero se dedicará a labores electorales de su partido como si eso no fuera desviación de recursos y confesión de aviaduría. Así es el desprecio que el obradorato le guarda al Poder Legislativo; diputados y senadores solo están para avalar con obediencia lo que les dicta el Ejecutivo.
La caída de Adán Augusto es un tanque de oxígeno para Claudia Sheinbaum tras fuerte desgaste. Aunque el tabasqueño dejó el cargo a otro expriísta de su entera confianza -Ignacio Mier fue de sus promotores cuando era corcholata-, la salida sirve para que algunos sostengan que la Presidenta está tomando las riendas al deshacerse de un indeseable lastre ligado a su antecesor.
Aunque se trate de falsas expectativas, no faltarán quienes se ilusionen con un hipotético cambio de rumbo y, de cualquier forma, el golpe contra un impresentable del régimen fortalece su imagen después de un mal inicio de año y en momentos en que está por discutirse una reforma electoral recesiva, conocida como Ley Maduro.
Solo en la semana pasada, la mandataria tuvo que lidiar con la masacre del campo de futbol en Salamanca que quiso ignorar anunciando gestiones para que el grupo coreano BTS tuviera más presentaciones; la adquisición por asignación directa de camionetas blindadas para los ministros del acordeón que primero justificó por “ahorro” y luego celebró que recularan; la visita relámpago de Kash Patel para llevarse al canadiense Ryan Wedding, asegurando que la detención se dio en un operativo del FBI, lo cual quiso desmentir la Presidenta con una foto falsa tomada de una cuenta fake; el secuestro de 10 mineros y el atentado contra dos diputados de MC en Sinaloa; la cancelación de envíos de petróleo a Cuba y la indiscreción de Donald Trump, jactándose de habérselo pedido, quebrando la narrativa nacionalista del obradorato.
El control de daños se da después de la aclamada salida de Jorge Romero Tellaeche del CIDE, otro fardo heredado por López Obrador. Ante la situación de emergencia sacrificaron a uno de los más impresentables dinosaurios de cola larga, esperando una respuesta similar. Sin embargo, mientras la comunidad cideíta aplaudió a la sustituta del plagiario prepotente, la sustitución de Adán Augusto por su amigo Ignacio Mier parece la misma gata pero revolcada.





































