martes, enero 27, 2026
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AMLO, Morena y el comunismo

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Karl Marx habló de un fantasma que recorría Europa, el del comunismo, y muchos piensan que ese mismo fantasma recorre México, por obra y magia de Andrés Manuel y su partido Morena. ¿qué hay de eso?

El asunto, contrariamente a lo que muchos preocupados piensan, no es sencillo. No es que AMLO sea un ferviente comunista disfrazado como un nacionalista. Considero que hay que hacer algunas diferencias del tema, una de ellas es lo que el comunismo representa para Amlo, y lo que significa dentro de esa secta llamada Morena (sí, técnicamente un partido), con una diversidad de intereses personales y de grupos, de ideologías y expectativas políticas internas. Morena, es fácil verlo, no es un ente monolítico de objetivos nacionales.

Iniciemos con Amlo. A través de su muy larga carrera política, Andrés Manuel no ha actuado como un comunista, ha sido un agitador político, líder social, pero sobre todo un populista, en sus diversas campañas y uso del poder, en la Ciudad de México y en la República Mexicana. Amlo se ha valido de las tácticas de populistas del comunismo para afianzar su poder, pero usa otras también, como las fascistas de los nazis.

Los dos grandes dictadores abierta y activamente comunistas han sido Fidel Castro y Hugo Chávez, ambos próceres de los otros políticos que han tratado de llevar a sus naciones a convertirse en países socialistas, algunos con cierto éxito y otros con intenciones no bien logradas. Entre los primeros estuvo Evo Morales. Pero otros tienen como intención usar el control socialista de un Estado-nación para usufructuar el poder personal, ni siquiera de grupo, en ciertos casos.

Fidel fue el gran maestro de Chávez de cómo usar la pobreza de una población no como fin, sino como medio para mantener el poder. También lo es de Amlo. Las manipulaciones populistas del pueblo han sido muy efectivas para el control político de los dictadores, y lo digo en plural porque el populismo tiene diferentes estrategias, unas como las de Adolf Hitler y otras como las que tuvieron Perón y los peronistas, o de Ortega en Nicaragua.

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Fidel, comunista, buscaba y obtuvo ambas cosas, convertir a su Cuba en país comunista y usar el comunismo en su beneficio personal y de su más cercana camarilla, ahora liderada tras bambalinas por Raúl su hermano por medio de Díaz-Canel. Chávez intentó lo mismo, y aunque más limitado por su economía, puso a Venezuela a su servicio y con su eterno lema: socialismo o muerte. Su sucesor es un hombre muy limitado, Maduro, ahora despojado del poder, pero que continuó en un férreo control político en beneficio de él mismo y de una muy amplia camarilla, incluyendo a corruptos altos mandos militares.

¿Y Andrés Manuel? Este individuo no ha buscado convertir a México en un país comunista, aunque a muchos así les parezca. A él lo que le interesa, y lo aplica siguiendo los consejos de sus asesores cercanos, es utilizar técnicas semejantes a las de Castro y Chávez para absorber todo el poder personal (no de su gente) y seguir conservándolo después de su presidencia. Las técnicas comunistas son formas de control, y por eso usó frases iguales o parafraseadas de Castro y de Chávez para que “el pueblo bueno y sabio” lo adore y lo apoye ciegamente. El comunismo para Andrés Manuel no es un fin, es un medio político para su personal interés.

Pero ¿y Morena? Como ya dije, no es un monolito, es una secta llena de piccoli capi con sus personales intereses, en especial de quienes quieren heredar el poder de Amlo, pasando sobre la presidente Claudia quien también lo desea. Y a la vez llena de diversas tribus con diferentes intereses lideradas por esos capos. Todos tienen una cosa en común: seguir apoyando a su “mesías tropical” para que, compartiendo su poder popular, puedan, instalados en diversos medios de poder político, hacer lo que les venga en gana, en especial enriquecerse, según se puede ver con el más alto nivel de corrupción jamás visto en México.

Muchos grupos o tribus morenistas sí persiguen fines que, aunque coincidan con la teoría marxista, tienen también otros objetivos, ajenos al comunismo, como son la destrucción de la familia y el matrimonio naturales, y de la religiosidad popular, o los crímenes del aborto y la eutanasia, o la llamada ideología de género, todo ello contrario a la dignidad humana, la doctrina Wok, el “progresismo”. Y ante ello, también en general, Amlo nunca se ha manifestado a favor de estas “modas”, pero simplemente les deja hacer lo que quieran a quienes, abusando de un mayoriteo legislativo o de un poder judicial servil y torcido, van logrando esos objetivos.

Los fanáticos dentro de Morena que buscan convertir a México en un país comunista son unos cuantos, existen sí, muy bien identificados por sus nombres, y no muy poderosos dentro de Morena. Esos sí quieren comunizar a nuestro país. Lo vemos por ejemplo en la torcida nueva escuela mexicana.

Todos los esfuerzos que hace Morena para destruir las libertades políticas y de prensa u oposición al régimen, van por supuesto orientadas a conservar el máximo poder posible, con el mismo claro objetivo de Amlo y su sucesora. Sólo que Amlo lo quiere para él, y los poderosos de Morena para la estructura morenista que les permita conservar un enorme poder post-Amlo. La destrucción de las libertades como un medio, no un fin. Amlo quiere un país de pobres porque así los controla, lo declaró abiertamente en una ocasión.

Por estas razones, la preocupación social no debe ser la conversión de México a país comunista como un fin, sino como un medio utilizado tanto por Amlo como por los poderosos dentro de Morena. No, el gran, enorme peligro está en otro lado. Hacer de un país como México, incluyendo su compleja vecindad con Estados Unidos, un país comunista, no es nada fácil. Lo peligroso y mucho más fácil de lograr está en otra parte: la delincuencia organizada controlando a México.

Nuestro país que se ha convertido rápidamente en un narcoestado, no unificado, diversificado regionalmente dominando cada vez más municipios. Y regresarle a México el control de su política y de sus libertades, es cada vez más difícil, por el evidente contubernio presidencial con los capos del narco, incluyendo en especial los narco-políticos morenistas. Todo el libertinaje que les permite, y el impedimento a los militares para combatir a los distintos sicariatos, que humillan al ejército y a la marina, está entregando México al narco. Este es el gran peligro a enfrentar, no futuro, sino actual y evidente.

Morena y Andrés Manuel se han apoyado cada vez más en los cárteles de la delincuencia organizada. Los resultados en terror, amenazas, secuestros, cobro de piso, asesinatos, amenazas cumplidas en periodos electorales, control político y mucho más, son el verdadero peligro, más que el comunismo, para el destino próximo de México. Eso debe realmente alarmarnos y ponernos en acción para evitarlo. Para la mayoría de la cúpula morenista las estrategias comunistas son un medio, no un fin, sin que se desprecie la lucha auténticamente pro comunista de algunos. Frente a las estrategias de control político o de ideologías, o por delincuencia organizada, debemos cuidar a México.

 

@siredingv

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