La lógica brutal de Trump y sus implicaciones para Venezuela y México
La captura de Nicolás Maduro por fuerzas especiales de EE. UU. no representa un avance democrático, sino una operación de realismo geopolítico enfocada en el control, la estabilidad operativa y la apropiación de recursos estratégicos: principalmente petróleo y, guste o no, el narcotráfico.
Donald Trump, en esta jugada, no respaldó a la figura opositora con mayor legitimidad, María Corina Machado, sino que apostó por mantener al régimen chavista mediante una transición encabezada por Delcy Rodríguez, heredera funcional del narco-chavismo. Machado representa ruptura y vacío de poder; Delcy garantiza continuidad con el aparato existente, control territorial y capacidad de negociación. Es un pacto, no una liberación.
Para entender que es lo que en realidad pasa en esta crisis debemos tratar de sacar a la luz todos aquellos puntos oscuros que nos impiden ver el mapa completo.
COSTO ESTIMADO DE LA OPERACIÓN MILITAR PARA CAPTURAR A MADURO
A falta de información oficial, el costo lo hemos estimado con base en operaciones militares similares (ver bibliografía técnica al final). El operativo del 4 de enero de 2026 fue quirúrgico pero complejo: inteligencia satelital, infiltración, ataques sobre infraestructura venezolana, extracción y traslado internacional.
Desglose estimado de costos:
Componente | Costo estimado (USD) |
Inteligencia previa, infiltración y vigilancia (CIA) | $250–300 millones |
Ataques aéreos y supresión de defensa antiaérea | $500–700 millones |
Despliegue de fuerzas especiales y helicópteros | $300–400 millones |
Uso del USS Iwo Jima, MV Ocean Trader y 7 buques de apoyo | $600–800 millones |
Logística, combustible, satélites, seguridad operacional | $250–300 millones |
Traslado, detención y custodia judicial en EE. UU. | $50–100 millones |
Costo total estimado: | $1.9 a $2.6 mil millones |
CÓMO PLANTEA TRUMP COMPENSAR EL GASTO
El petróleo como garantía
Esta operación no fue un acto de justicia y mucho menos humanitario: fue una inversión geopolítica con retorno calculado. Trump fue claro: “Vamos a reconstruir Venezuela, pero no gratis”. La reconstrucción será el mecanismo de cobro.
La moneda de pago: el petróleo.
Venezuela posee más de 300 mil millones de barriles en reservas probadas. En 2025, su producción osciló entre 750,000 y 800,000 barriles diarios, con un precio promedio de $50 a $60 USD por barril (crudo Merey 16).
Si se toma una base de 750,000 barriles/día a $55 USD, Venezuela generaría $41.25 millones diarios en ingresos brutos. Si el 10% de esa producción —unos 75,000 barriles por día— se canalizara directamente hacia empresas estadounidenses como garantía, se obtendrían $4.125 millones diarios. Bajo esta lógica, la deuda militar se cubriría en aproximadamente 630 días (1 año y 9 meses), sin contar intereses ni inflación.
Este modelo no es nuevo. EE. UU. ha aplicado esquemas similares en Irak y Afganistán. La diferencia: el control ahora no es formal, sino encubierto mediante concesiones forzadas, privatizaciones condicionadas y contratos blindados.
Delcy Rodríguez será la administradora de esta entrega progresiva. Bajo el discurso de reconstrucción se ejecutará la apropiación de los activos energéticos venezolanos. En los hechos, Venezuela pagará su propia intervención con petróleo, sin poder negociar y con su soberanía subordinada a la supervivencia.
¿POR QUÉ TRUMP PREFIERE A DELCY RODRÍGUEZ?
Una transcripción de CNN del 3 de enero de 2026 señala que el presidente Donald Trump afirmó que el secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, le informó que Delcy Rodríguez dijo:
“She had a long conversation with Marco, and she said, we’ll do whatever you need.”
(“Tuvo una larga conversación con Marco, y dijo: haremos todo lo que ustedes necesiten.”)
Esto muestra la verdadera cara cobarde de esa seudoizquierda verborreica, abusiva y oportunista, que se aprovecha de los más débiles mientras se arrodilla ante aquellos a quienes dice odiar.
Delcy Rodríguez representa continuidad sin sobresaltos.
Controla las redes chavistas, mantiene influencia sobre las Fuerzas Armadas a través de Padrino López, conserva relaciones estratégicas con China, Rusia e Irán y según muchos analistas políticos hereda y maneja el control de las mafias del crimen organizado.
Lo más importante: puede negociar sin desmantelar el sistema.
Ofrece:
- Gobernabilidad inmediata.
- Control sobre la industria petrolera.
- Acuerdos con Estados Unidos sin romper con sus aliados internacionales.
- Estabilidad del narco-chavismo como estructura de poder.
A partir de sus mismas declaraciones, Trump no quiere reconstruir Venezuela desde cero, quiere que se mantenga la misma mafia, pero con una administración funcional y dócil a sus intereses.
Delsy Rodríguez está acostumbrada a torcer la Ley con las herramientas legales y de gobierno que los narco chavistas construyeron a lo largo de su existencia y esa es precisamente lo que Trump quiere mantener.
El presidente Trump quiere contratos exprés que beneficien a Estados Unidos: legalidad aparente, poder real
Es evidente que esos contratos serían ilegales
La Constitución venezolana y la Ley Orgánica de Hidrocarburos tienen candados claros:
- PDVSA debe mantener mayoría accionaria en las empresas mixtas.
- Los contratos estratégicos deben ser aprobados por la Asamblea Nacional.
- No se pueden ceder campos petroleros libremente.
- Las concesiones tienen límites temporales y condiciones específicas.
Cualquier contrato firmado sin cumplir estos pasos podría considerarse inconstitucional, pero en la práctica: Delcy puede “legalizar” lo ilegal
El factor poder.
Delcy Rodríguez controla, directa o indirectamente:
- La Asamblea Nacional
- El TSJ
- PDVSA
- El aparato regulador
- Los organismos de publicación legal
Eso le permite:
- Reformar leyes exprés
- Aprobar contratos en fast track
- Validarlos con el TSJ
- Publicarlos en Gaceta Oficial
- Declararlos “constitucionales”
Es decir: Lo que sería ilegal para otros, ella puede convertirlo en “legal” en cuestión de horas. No porque sea legítimo, sino porque tiene el poder absoluto para imponer su voluntad sobre las instituciones.
Puede firmar hoy → legalizar mañana → blindar pasado mañana.
¿POR QUÉ TRUMP DESCARTA A MARÍA CORINA MACHADO?
Pese a su legitimidad y reconocimiento internacional, María Corina Machado fue apartada por una razón central: no garantiza control ni estabilidad operativa.
No cuenta con:
- Infraestructura política (sus cuadros están desmantelados, presos o en el exilio).
- No tiene mayoría legislativa real.
- Control institucional o territorial.
- Músculo operativo para estabilizar el país.
- Contacto con las bandas criminales del narcotráfico
- Capacidad de garantizar contratos petroleros.
Además, Machado, estaría sujeta a una enorme presión internacional que vigilaría su desempeño, el chavismo la mantendría bajo ataque continuo y vigilando cualquier desviación jurídica por mínima que sea y cualquier reforma requeriría procesos muy largos.
Corina Machado es la presidente legítima, pero no viable, porqué Trump no apuesta por símbolos democráticos, sino por operadores funcionales. La fallida experiencia con Juan Guaidó pesa. No repetirá el error.
Machado sí estaría limitada por la ley real, no por la ley de papel.
EL NARCOTRÁFICO COMO VÁLVULA DE ESTABILIDAD EN EE. UU.
Para esta sección tendremos que hacer un poco de historia para entender el porqué de las afirmaciones en este documento.
Primero unos datos duros:
La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) informa que el tráfico de drogas genera entre 426 mil y 652 mil millones de dólares, de esta enorme cantidad de dinero, el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, reconoce que al menos 300 mil millones de dólares anuales, se lavan en el país a través del sistema financiero estadounidense, principalmente bancos y sectores como bienes raíces, casinos y comercios de lujo.
Ahora daremos una mirada cercana al pasado:
CALDERÓN HIZO LO CORRECTO
Estados Unidos no estaba listo para pagar el precio.
Durante el sexenio de Felipe Calderón (2006–2012), México lanzó la ofensiva más agresiva contra el narcotráfico en su historia reciente. No fue una administración del fenómeno, sino una guerra frontal: el Estado mexicano apostó por desmantelar las redes criminales, no por negociar con ellas. El resultado fue inmediato y brutal. Entre 2007 y 2010, el flujo de cocaína hacia Estados Unidos cayó entre 30 y 40%. La pureza bajó, los precios subieron y el mercado estadounidense experimentó una escasez inédita.
En Estados Unidos, la escasez de droga estable provocó efectos colaterales: aumentó la violencia entre pandillas, se incrementaron los secuestros exprés en ciudades como Phoenix y surgieron disputas por el control de rutas. La falta de cocaína llevó a la adulteración con sustancias como levamisol, a la migración de consumidores hacia heroína y opioides, y a un alarmante incremento en las sobredosis, que pasaron de 27,500 a 41,500 casos en ese periodo. El costo sanitario para EE. UU. ascendió a 2,000 millones de dólares anuales solo en emergencias, sumando 150,000 millones en seis años.
LA VERDAD INCÓMODA
La experiencia demostró una verdad incómoda: cuando México golpeó al narco, Estados Unidos perdió estabilidad. Los costos sanitarios se dispararon, el mercado se alteró y diversos intereses financieros resultaron afectados. El Departamento del Tesoro de EE. UU. reconoce que al menos 300 mil millones de dólares anuales provenientes del narcotráfico se lavan en el país a través de bancos, bienes raíces y comercios de lujo. El sistema financiero estadounidense depende, en parte, de la liquidez informal que genera el tráfico de drogas.
Por eso, después de Calderón, la estrategia cambió radicalmente. La consigna fue clara: contener, no desmantelar. Bajo el gobierno de Peña Nieto, la guerra frontal fue abandonada, los cárteles se institucionalizaron y el negocio ilícito volvió a fluir con normalidad y finalmente con López Obrador se optó por los “abrazos y no balazos”. Estados Unidos no solo toleró este giro, sino que lo incentivó: menos violencia generada por la falta de drogas en los Estados Unidos, mientras que en México el incremento de la violencia fue brutal, pero hubo más estabilidad en el mercado estadounidense, menos costos sanitarios y financieros.
La lección es clara: el combate real al narcotráfico implica costos que Estados Unidos no está dispuesto a asumir. Prefiere la administración del fenómeno antes que su erradicación, aun cuando ello signifique perpetuar la violencia y la corrupción en México. El narco no desaparece: se regula, se institucionaliza y se convierte en una válvula de estabilidad para el sistema estadounidense.
EE. UU. no solo consume drogas, también se beneficia de su tráfico.
El flujo constante de cocaína, fentanilo y metanfetaminas no solo satisface la demanda de millones de consumidores estadounidenses; también sostiene la estabilidad de mercados urbanos y garantiza precios controlados en las calles. Esta dinámica permite que la economía informal en zonas empobrecidas se mantenga activa, mientras que el dinero ilícito generado por el narcotráfico alimenta redes de lavado que penetran bancos, inmobiliarias y sectores de lujo.
El sistema penitenciario estadounidense también se nutre de esta realidad. Más del 45% de los presos federales están encarcelados por delitos relacionados con drogas, según el Bureau of Justice Statistics. Las cárceles privadas, como CoreCivic y GEO Group, operan como empresas multimillonarias que dependen del encarcelamiento masivo para sostener sus ingresos. Menos droga en las calles significa menos presos y, por ende, menos ganancias para estas corporaciones. El encarcelamiento masivo, además, sostiene miles de empleos en cuerpos policiales, judiciales y contratistas de seguridad.
Esta estructura revela que el combate frontal al narcotráfico no es necesariamente conveniente para Estados Unidos. La administración del fenómeno —más que su erradicación— se convierte en una estrategia funcional para mantener el equilibrio social, financiero y político. De hecho, reportes periodísticos y análisis políticos han señalado que, durante administraciones recientes, la prioridad ha sido contener el flujo y regular el mercado, no desmantelarlo por completo.
En este contexto, la política exterior estadounidense hacia países productores y de tránsito, como México y Venezuela, responde más a intereses de control y estabilidad que a principios de justicia o salud pública. El caso de Venezuela ilustra cómo la administración de los flujos ilícitos y energéticos se convierte en moneda de negociación geopolítica. Líderes funcionales, capaces de garantizar continuidad y control, son preferidos sobre figuras democráticas que podrían desestabilizar el sistema. Así, la lógica no es la eliminación del narco, sino su administración estratégica.
MÉXICO EN EL ESPEJO DE VENEZUELA
La estrategia de Trump aplicada en Venezuela puede replicarse en México sin un solo disparo. Estados Unidos no necesita intervenir directamente: le basta con que el narcoestado funcione y mantenga el flujo.
México:
- Es centro logístico global del narcotráfico.
- Tiene instituciones infiltradas a nivel municipal, estatal y federal.
- Posee una economía informal profundamente contaminada por capital ilícito.
Mientras las drogas fluyan y el caos no se desborde, el narco mexicano es útil y tolerado. No se trata de eliminarlo, los gobernantes de la seudo izquierda se doblan fácil ante las presiones, sino de administrarlo desde Washington.
LA POSTURA QUE DEBE ASUMIR LA OPOSICIÓN MEXICANA
La oposición debe superar la ilusión de que basta con ganar elecciones. El desafío no es solo político: es estructural y geopolítico.
- Nombrar al narco como poder paralelo
No es solo crimen: es un sistema con control territorial, financiero y social.
- Desenmascarar la “soberanía falsa”
México no es un Estado libre si su territorio está repartido entre cárteles y su gobierno responde a Washington más que a los ciudadanos.
- Proponer alternativas reales
Se requieren reformas fiscales, inversión regional y justicia operativa. El narco no desaparece: debe ser sustituido.
¿RECUPERACIÓN O CAPTURA ENERGÉTICA?
La intervención de Estados Unidos en Venezuela no puede entenderse solo como un intento de recuperar los costos de una operación militar. Diversos analistas y organismos internacionales coinciden en que el verdadero objetivo es: por un lado, asegurar el control sobre las mayores reservas petroleras del planeta, garantizando acceso preferencial y contratos ventajosos para empresas estadounidenses; por otro, nosotros afirmamos que es mantener la capacidad de influir en el flujo global de drogas, un fenómeno que, lejos de ser solo un problema de consumo, representa una fuente de liquidez y estabilidad para sectores clave de la economía estadounidense.
Así, la “reconstrucción” de Venezuela se convierte en el pretexto perfecto para reposicionar intereses imperiales: contratos energéticos blindados y una administración indirecta de los flujos ilícitos que sostienen tanto mercados financieros como estructuras de poder en EE. UU. La excusa fue Maduro; la recompensa, el control de los pozos y del negocio oculto que nunca deja de fluir.
La captura de Maduro no marca el fin del chavismo, sino su adaptación. Trump no actúa como libertador, sino como gerente de una red criminal que ya opera desde dentro del poder.
Si México no reacciona, si su oposición no articula una estrategia con visión histórica y fuerza política, será el siguiente país administrado entre Washington, los cárteles y burócratas locales.
Porque al final, Trump aspira a ser el político más poderoso de la tierra… pero con sus actos, demuestra que quiere ser el narco más poderoso de la historia.
Fuentes
- Bureau of Justice Statistics. (s.f.). Federal prisoners by offense. U.S. Department of Justice.
- CoreCivic & GEO Group. (s.f.). Reportes anuales.
- Congressional Research Service. (2024). Venezuela: Political crisis and U.S. policy.
- DEA. (2024). National drug threat assessment. U.S. Department of Justice, Drug Enforcement Administration.
- El Financiero. (s.f.). Declaraciones sobre Delcy Rodríguez.
- Energy Information Administration & OPEC. (s.f.). Venezuela oil production data.
- Office of National Drug Control Policy. (s.f.). National drug control strategy.
- The New York Times. (s.f.). Cobertura de la operación en Caracas.
- The Washington Post. (2011, 3 de mayo). Bin Laden raid cost more than $1 billion. https://www.washingtonpost.com/world/national-security/bin-laden-raid-cost/2011/05/03/AF60NreF_story.html
- The Washington Post. (2013, 29 de agosto). U.S. intelligence black budget revealed by Snowden leak. https://www.washingtonpost.com/world/national-security/black-budget/2013/08/29/
- U.S. Department of Defense. (s.f.). Budget & operations summaries.
- U.S. Department of the Treasury. (2024). National money laundering risk assessment. https://home.treasury.gov/policy-issues/financial-sanctions/national-money-laundering-risk-assessment
- United Nations Office on Drugs and Crime. (2023). World drug report. https://www.unodc.org
- United Nations Office on Drugs and Crime. (2020). Money laundering and illicit financial flows. https://www.unodc.org/unodc/en/money-laundering/index.html
- Financial Action Task Force (FATF). (2023). Anti-money laundering and counter-terrorist financing measures: United States. https://www.fatf-gafi.org/en/publications/mutualevaluations/united-states-2023.html
Bibliografía técnica – Estimación de costos de operaciones militares
- Congressional Research Service. (2006). The cost of Iraq, Afghanistan, and other global war on terror operations since 9/11 (CRS Report RL33110). https://fas.org/sgp/crs/natsec/RL33110.pdf
- Congressional Research Service. (2024). Navy force structure and shipbuilding plans: Background and issues for Congress. https://crsreports.congress.gov
- Department of Defense. (2022). Flying hour program and aircraft reimbursement rates FY2022. Comptroller of the Department of Defense. https://comptroller.defense.gov
- Government Accountability Office. (2013). Navy shipbuilding: Significant investments are needed to maintain and modernize the Navy’s force structure (GAO-13-510). https://www.gao.gov/products/gao-13-510
- María Corina Machado ‘le tira’ a Delcy Rodríguez: ‘Es artífice del narco y aliada de Rusia, China e Irán’. (s.f.). El Financiero.






































