Los presidentes del ciclo Miguel Alemán Valdés a José López Portillo presentaron el modelo de industrialización como el camino de la modernización económica de México, pero fue una estrategia fallida porque el Estado nunca quiso generar una clase empresarial autónoma en lo productivo y menos en lo político-ideológico.
El modelo de sustitución de importaciones tampoco encontró un Estado con estrategia de modernización de la planta productiva y se confió en el esquema de proteccionismo que exigía permisos de importación para productos. Los gobiernos de Miguel de la Madrid y Carlos Salinas de Gortari se fueron al otro extremo: abrir la frontera a la libre importación que se resumió en los súper americanos de Polanco con productos a los que antes se accedía por el camino tolerado del contrabando.
Como parte de los compromisos de condicionalidad del FMI, a partir de 1982 vino la apertura indiscriminada de la frontera. Y apenas al comenzar 1990, el gobierno del presidente Salinas de Gortari quiso preparar las negociaciones secretas del Tratado de Comercio Libre y paradójicamente le encargó a su secretario de Comercio y Fomento Industrial, Jaime Serra Puche, la elaboración del Programa Nacional de Modernización Industrial y del Comercio Exterior 1990-1994.
Y fue paradójico porque a pesar de los compromisos de desarrollo de la industria nacional que incluyó el programa, Serra Puche fue el encargado de la negociación del tratado a partir simplemente de la apertura de la frontera sin cuidar el daño en las empresas nacionales y propició la desindustrialización. Pero cuando menos en la demagogia gubernamental, el programa hizo las grandes promesas de estimular a la empresa privada, de ayudarlos a la modernización de la planta productiva, de impulsar empresas para la exportación, de ayudar a las empresas nacionales que producían productos intermedios para la exportación y quitar todos los obstáculos al comercio exterior.
Como fue obvio desde el principio, nada cumplieron Salinas de Gortari y Sierra Puche, a pesar, inclusive, de las advertencias de analistas y los propios empresarios de que la apertura indiscriminada iba a reventar cadenas productivas completas en la industria nacional.
Al contrario, la argumentación en las conclusiones del programa dejó ver el deslumbramiento del grupo económico de la Madrid-Salinas de Gortari configurado de manera abierta por los Chicago boys del neoliberalismo de mercado y del libre comercio. “El nuevo paradigma de modernidad económica se caracteriza por la globalización de la economía y la mayor competencia internacional, que han motivado a los países a especializarse en la producción de bienes en los que gozan mayores ventajas comparativas. Además ha dado lugar a una nueva concepción de las relaciones entre gobierno y sociedad. Hoy, existe una conciencia mayor de que el Estado no puede ni debe ser el único actor del crecimiento económico y que los particulares, en forma individual u organizada, también son protagonistas importantes del desarrollo”.
Pero sin un proyecto de reconversión industrial ni de modernización de la planta productiva existente, Salinas de Gortari y Serra Puche negociaron un Tratado que simplemente le entregó la economía mexicana a la industria estadounidense y descuidó a la planta nacional que no pudo competir con extranjera. En teoría, el programa hizo un compromiso que nunca cumplió: “la consolidación de la apertura de la economía al exterior permitirá la modernización de la estructura industrial, mejorar las escalas de producción y lograr así su inserción eficaz en la economía mundial. La apertura también favorecerá el uso de las tecnologías más adecuadas para aumentar la productividad de los procesos, mejorar la calidad de los productos y maximizar, así, las ventanas comparativas de la economía mexicana”.
Y por compromisos demagógicos no pararon: “la filosofía básica del programa de es atacar de raíz los problemas que obstaculizan la modernización del país”. Y la cereza del pastel estuvo en un programa de integración subordinada de la economía mexicana a la de Estados Unidos poniendo como siempre la zanahoria de “creación de empleos productivos y, por ende, a una más justa distribución del ingreso nacional”.
El programa de modernización industrial de Serra Puche fue muy sencillo: abrir la frontera, que entrarán productos y empresas de alta calidad productiva y si las empresas mexicanas no estaban preparadas para la competencia y se iban a ver obligadas a cerrar, el funcionario de claro “pues que quiebren de una vez”.
Y la estrategia de comercio exterior entregó la industria mexicana y el mercado nacional a EU y 32 años después México ha reducido 20 puntos porcentuales su participación nacional en las exportaciones, el 55% de la población económicamente activa es informal y la distribución del ingreso registra 80% de la población con una a cinco carencias sociales.
Política para dummies: la política de la economía es la economía de la política.
@carlosramirezh
El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del periódico que la publica.









