¡Ay, Claudia! La presidenta está casi tan animada como si hubiera encontrado un piñón en medio de una fiesta de XV años. En su más reciente aparición, mientras las estadísticas de Banxico y otras instituciones le echan un chorrito de realidad en la cara, ella se atreve a anunciar con esa sonrisa de oreja a oreja que “vamos a cerrar bien este año”. Así como si tuviera a su lado a los Reyes Magos y una bolsa llena de dinero.
Hablemos claro: el Banco de México acaba de lanzar un grito de auxilio y prevé un misérrimo crecimiento del PIB de solo 0.3%. O sea, que si pensabas que el dinero en tu bolsa iba a rebotar como un balón de futbol, ¡olvídalo! En lugar de eso, parece que va a rodar por un barranco, porque al gobierno no le ha ido muy bien y ni hablar de las contracciones trimestrales consecutivas que nos están gritando “recesión técnica” como si fueran las claritas de un mariachi.
¿Y qué hace nuestra querida presidenta? Pues a poner cara de “todo está chido” y a decir que el optimismo es clave. Tan optimista que podría ganar dinero en una rifa vendiendo ilusiones. Es como aquel tío que, después de una noche de chelitas, sigue con la misma historia de que “todo pronto va a estar bien” mientras la casa se le cae a pedazos. Pero claro, eso no importa, porque la presidenta tiene fe, el mejor antídoto contra la realidad.
Pero no estamos para cuentos de hadas. Esta película ya la hemos visto muchas veces. Nos la repiten como un disco rayado: “todo va a estar bien, la economía se va a recuperar”. Mientras tanto, los ciudadanos nos estamos preguntando si estamos en una telenovela o en una comedia de enredos económicos. ¿Es posible que tenga un par de lentes que no le dejan ver la crisis aunque nos estemos cayendo de hambre?
La parte baja del rango de crecimiento esperado por el Banco de México para todo el año de 0.1%, reconoce la posibilidad de que en el cuarto trimestre el PIB muestre otra contracción trimestral cercana a 0.30%. Esto implicaría dos contracciones trimestrales consecutivas del PIB,… https://t.co/dvBNBtpM7H
— Gabriela Siller Pagaza (@GabySillerP) November 27, 2025
El caso es que, mientras ella imagina un futuro radiante, la gente sigue buscando formas de sobrevivir semanalmente con su quincena. Los mercados están más nerviosos que chisme de vecindad al atardecer; y ni hablar de los precios, que suben más que los sueños de un niño en Navidad.
Y para cerrar, Claudia, querida: el optimismo está muy bien pero también es necesario un poquito de realismo. No se trata de dejar de soñar; se trata de encontrar la manera de que esos sueños no se conviertan en pesadillas. De nada sirven palabras esperanzadoras cuando tu billete no da ni para la torta. Así que mejor suelta el manual de autoayuda y agarra los números del presupuesto, porque lo que de verdad necesitamos son soluciones prácticas y no más cuentos de hadas economicistas.
Y recuerda, entre reacciones y decepciones, ahí andamos, intentando navegar en este mar de incertidumbre que nos ofrecen como si fueran bona fide promesas públicas.







































