¡Órale, qué chulada de agenda legislativa nos trae don Ricardo Monreal para 2026! El coordinador de los diputados morenistas, con esa seriedad que lo caracteriza, presenta su plan maestro: reformas electorales, jornada de 40 horas, jueces sin rostro para espantar al crimen organizado, y… ¡tas tas tas! Declarar el 21 de febrero como Día Nacional del Guía de Turismo. Porque nada dice «transformación profunda» como una efeméride para que los guías se sientan queridos, ¿no?
Mira, no es que esté mal reconocer a los compañeros que nos llevan de la mano por Chichén Itzá o Teotihuacán, explicando con pasión por qué los mayas eran unos cracks en astronomía mientras uno suda la gota gorda. Al contrario, don Ricardo tiene razón: el turismo es motor económico, y los guías son la cara visible, los que aguantan preguntas tontas de turistas gringos y hacen que México brille. La iniciativa viene del Senado, con apoyo multipartidista, y busca un turismo «sostenible y de calidad». Bien por eso, aplausos.
Pero, caray, ¿y el resto? Mientras celebramos el día del guía –y de paso el del huapango, porque también va esa minuta–, el pueblo sigue esperando que alguien explique por qué no hay un plan concreto para atacar la inseguridad que nos tiene con el Jesús en la boca. Balazos diarios, extorsiones que ahogan negocios, y ni una reforma de fondo en la agenda que diga «vamos a fortalecer la Guardia Nacional de verdad» o «inversión seria en inteligencia». Y la salud, ¡ay nanita! Hospitales saturados, desabasto de medicinas en algunos lados, y la agenda brilla por su ausencia en temas como mejorar el IMSS o el ISSSTE para que no parezcan lotería.
Monreal defiende prioridades «institucionales» y «sociales», como eliminar el fuero o la revocación de mandato. Todo muy bonito en papel, pero uno se pregunta: ¿y las prioridades del ciudadano de a pie, que paga impuestos y vive con miedo? Los guías turísticos merecen su día, claro, pero los mexicanos merecemos sentirnos seguros al salir a la calle y atender-nos bien cuando nos enfermamos. No se trata de regalar calendarios con fechas bonitas, sino de políticas que duelan menos en el bolsillo y en el alma.
Al final, don Ricardo, con todo respeto, parece que la agenda está medio coja: mucho festejo simbólico, poquito carne en el asador para los problemas que nos quitan el sueño. Ojalá en febrero, cuando arranquen las sesiones, completen el menú con algo más sustancioso. Porque si no, el pueblo va a seguir diciendo: «¡Qué bonito día del guía… lástima que no pueda ir de vacaciones por la pinche inseguridad!»


































